Minju, que aún estaba sosteniendo la mano de Elian, la soltó rápidamente, limpiándosela con un gesto de disgusto. El contacto le resultaba incómodo, más aún tratándose de Elian.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Elian, con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—Lo mismo te pregunto —respondió Minju, con tono seco.
—Pues, estudio aquí —dijo Elian, como si fuera lo más obvio del mundo.
—Pues ahora yo también —replicó Minju, señalando el carnet con su nombre y el logo de la institución que colgaba de su cuello.
Elian lo observó unos segundos antes de añadir:
—Pensé que no te volvería a ver nunca más.
Minju sonrió con ironía, dejando escapar un comentario cargado de sarcasmo.
—Aww, no me digas... ¿Me extrañaste?
—Eww, no —dijo Elian, haciendo un gesto de asco, lo que provocó un destello de desagrado en la expresión de Minju, quien siempre había tenido poca tolerancia a ese tipo de actitudes.
Con un suspiro de frustración, Minju se dio la vuelta y dijo con frialdad:
—Si me disculpas, debo irme. Gracias a ti perdí al profesor guia.
Minju volvió a sumergirse en la guía de estudios, hojeando frenéticamente en busca del mapa que le indicara cómo llegar a los dormitorios. Elian lo observó por un momento, y, justo antes de continuar su camino, murmuró en voz baja, pero lo suficientemente alto para que Minju lo escuchara:
—En la puerta de la izquierda, sube las escaleras hasta el tercer piso. Verás una puerta con un número marcado. Ahí están las habitaciones de nuevo ingreso.
Sin darle tiempo a responder, Elian se alejó, sin voltear ni una sola vez.
Minju se quedó quieto por un instante, observando cómo Elian se alejaba. "¿Cómo creció tanto ese bastardo?", pensó, desconcertado. Finalmente, se encogió de hombros y siguió la dirección que le había indicado.
Una vez llegó a la habitación, el profesor seguía explicando las reglas de convivencia.
Uno
—Las sábanas se cambian una vez por semana. Todos los domingos deben llevarlas al cuarto de lavado, junto con la ropa que deseen lavar. ¿Alguna pregunta?
Minju, recién llegado, interrumpió:
—Disculpe, profesor. Me distraje un momento y no escuché la explicación.
—Estoy seguro de que su compañero se lo explicará —respondió el profesor mientras abría la puerta del clóset—. Aquí están sus uniformes. Si necesitan más, hablen con secretaría, llenen el formulario y, en aproximadamente quince días, les traerán nuevos —agregó, remangándose la camisa y mirando su reloj—. Ya casi son las doce. Les sugiero que se cambien y suban al comedor.
El profesor caminó hacia la puerta y, antes de salir, los miró fijamente.
—Bienvenidos al Instituto L1.
El incómodo silencio fue roto por William, quien suspiró. Minju lo siguió con otro suspiro y una mirada cómplice, esbozando una pequeña sonrisa.
—Son un poco estrictos —dijo William, riendo.
—Se parece al abuelo —respondió Minju.
Ambos comenzaron a reírse y procedieron a vestirse con el uniforme. Era sencillo pero elegante: una camisa blanca de manga larga con botones del mismo color, un chaleco tejido verde oscuro y unos pantalones azul oscuro a juego con el blazer, que llevaba el logo de un dragón en la esquina, símbolo del instituto. Aunque podían usar corbata, Minju las detestaba, así que prefirió evitarla. William, quien terminó de vestirse primero, ayudó a Minju a desempacar y organizar su maleta en el clóset mientras él se terminaba de cambiar.
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Dinastía: Herederos
RomansaEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
