El viaje a la mansión del anciano transcurrió en silencio. Lucía, impecablemente arreglada, podía pasar por una dama de la alta sociedad. Cualquiera que la viera pensaría que era hija de una familia influyente. Minju, siempre observador, elogió su vestuario de manera casual, pero la leve sonrisa de Lucía al recibir el cumplido hizo que Minju hiciera una microexpresión de disgusto. No podía evitar cuestionarse si la insistencia de Lucía por acompañarlo obedecía a la necesidad de ganarse su confianza, sacarle información o... algo más. Deseaba fervientemente que fueran las primeras opciones.
Lucía intentó iniciar conversación durante el trayecto, pero Minju no le siguió el juego. Tras varios intentos fallidos, terminó dirigiendo sus comentarios al chofer, quien respondía con monosílabos.
Cuando llegaron a la mansión, el paisaje parecía salido de un cuadro. Los ojos de Lucía se iluminaron al contemplar el entorno, pero su ensimismamiento fue interrumpido por Minju.
—De noche se ve mucho mejor —comentó él, rompiendo el silencio.
Lucía se giró y alzó una ceja, sarcástica.
—¿Ah, ahora sí hablas?
—No tenía nada bueno que decir —replicó Minju, encogiéndose de hombros.
—Ojalá fueras así de callado siempre.
—No puedo. Si me callo mucho tiempo, me salen subtítulos —bromeó, esbozando una sonrisa sarcástica.
Antes de que Lucía pudiera replicar, la voz del anciano dueño de la mansión interrumpió la tensa interacción.
—¡Jóvenes, bienvenidos! —exclamó con entusiasmo mientras se acercaba a recibirlos—. Vaya, qué dama tan hermosa.
Extendió la mano hacia Lucía, pero esta apenas le dirigió una mirada de superioridad. Con un gesto altivo, pasó a su lado sin corresponder el saludo.
—Hagamos el recorrido rápido, no tenemos tiempo —dijo, entrando a la mansión sin esperar respuesta.
Minju, que había presenciado todo, suspiró con disgusto. Al notar la mirada de desdén del anciano, se acercó a él.
—La clase no se tapa con maquillaje ni con un vestido brillante —murmuró Minju, visiblemente molesto.
El anciano sonrió con complicidad y le dio unas palmadas en el hombro.
—Si no lo conociera a usted, joven, creería que la juventud está perdida.
Ambos caminaron hacia el salón principal, donde Lucía observaba los cuadros colgados en las paredes junto a otro guía, sin decir palabra, solo juzgando con la mirada. Mientras tanto, Minju y el anciano entablaron una conversación relajada.
Treinta minutos más tarde, Lucía se les unió con una sonrisa tan falsa que casi parecía pintada.
—Me gustaría conocer las habitaciones de la mansión, si se puede —dijo, con un tono que pretendía ser amable.
El anciano asintió, y todos subieron las escaleras para recorrer las habitaciones. Lucía inspeccionaba minuciosamente, revisando debajo de las camas y dentro de los roperos, algo que Minju encontraba francamente extraño. Sin embargo, como el anciano no cuestionó su comportamiento, él decidió no decir nada.
—Minju, ¿cuántas habitaciones crees que necesitemos como camerinos? —preguntó Lucía, mirándolo de reojo.
—Bueno, son seis personas, así que supongo que dos habitaciones bastarán.
—Usaremos las del tercer piso, que tienen baño incluido —decidió Lucía, anotándolo en su libreta.
—Anotado —respondió Minju, devolviéndole la misma sonrisa hipócrita.
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Dinastía: Herederos
RomanceEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
