Una vez Minju llegó a recepción, se acercó a la secretaria y le preguntó por el pase con la matrícula del taxi que los llevaría. La secretaria lo miró con confusión mientras revisaba algunos papeles.
—Aquí solo están sus permisos, pero... —dijo mientras sacaba unos documentos.
En ese momento, Matías apareció corriendo detrás de Minju, algo agitado por el trote.
—Nos vamos en mi auto —dijo, con una sonrisa en su rostro.
Minju se giró sorprendido, y rápidamente miró a la secretaria, quien sacó una llave de un cajón y les extendió dos pases.
—Solo tienen dos horas de permiso. El auto pertenece a la institución, así que tiene localizador. En el GPS ya están marcadas las direcciones —informó la secretaria con su tono habitual.
Matías y Minju asintieron y caminaron hasta el auto. Al llegar, Matías le abrió la puerta del copiloto, y Minju se subió. En cuanto se sentó y el auto arrancó, Minju no pudo ocultar su sorpresa. Por primera vez, no pudo mantener su poker face.
Matías, notando la reacción de Minju, lo miró de reojo y esbozó una sonrisa de satisfacción.
—¿Sorprendido? —preguntó Matías, claramente complacido.
Y efectivamente, Minju estaba sorprendido. Pero no por la rosa, ni por el auto, ni por el hecho de que les permitieran salir sin chofer, sino por algo que nunca había anticipado: Matías sabía manejar.
—¿Sabes manejar? —preguntó Minju, incapaz de disimular su sorpresa.
Matías, esperando cualquier cosa menos esa pregunta, se sintió momentáneamente desconcertado. Sin embargo, rápidamente recuperó su confianza, hinchando el pecho como si estuviera listo para presumir.
—Claro que sí. De hecho, tengo un...
Y de repente, Matías se llevó por delante unos conos de seguridad mientras daba la vuelta para salir del estacionamiento y el auto se apagó.
—¿Un carnet de principiante que te dieron por pena? —lo interrumpió Minju con su característico sarcasmo.
Matías tiro su quijada al piso por 2da vez.
—Qué cruel eres. —Dijo Matias intentando prender el auto nuevamente —. No, señor perfección, tengo un carnet completo. Además, soy bastante bueno al volante.
—Ya veremos —replicó Minju, volviendo a mirar por la ventana con aparente desinterés—. Solo no mates a nadie, incluyéndome.
Matías puso los ojos en blanco, aunque la sonrisa divertida nunca abandonó su rostro.
—Relájate, príncipe. Estás en buenas manos.
Prendió el auto, y el suave ronroneo del motor llenó el silencio entre ellos. A medida que avanzaban, Matías lanzó una mirada fugaz a Minju, quien seguía observando el paisaje con una mezcla de atención y reflexión. Aunque intentaba mantener su compostura, la postura rígida de Minju delataba que no estaba completamente cómodo con alguien más al mando, literal y figurativamente.
—¿Sabes? —comenzó Matías, rompiendo el silencio con un tono más relajado—.Vos podrías intentar disfrutar esto. ¿Cuántas veces tenes la oportunidad de salir de ese lugar sin un séquito de reglas siguiéndote?
Minju alzó una ceja, mirándolo de reojo.
—No sabía que conducir con un GPS y un rastreador contaba como "libertad".
Matías rió amargamente, golpeando el volante con suavidad.
—Che. Podes fingir que te divertis al menos una vez en tu vida.
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Dinastía: Herederos
Любовные романыEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
