Un día antes.
Los preparativos del evento estaban yendo de maravilla. O al menos, eso era lo que Lucía le decía al joven duque por teléfono con su voz serena y segura. La realidad, sin embargo, era un desastre. Todos estaban tan ocupados que apenas habían tenido tiempo de comer en todo el día. Se habían quedado sin varias manos de ayuda, y a muchos les tocó hacer doble trabajo.
Matías había pedido permiso para faltar debido a problemas personales, lo que dejó un vacío en la organización. Sin alternativa, el equipo tuvo que repartirse sus tareas, y a Elian le había tocado la peor de todas: organizar las cajas para enviarlas a la mansión. Su trabajo consistía en acomodar todo en los camiones de manera que lo más importante, como las decoraciones exteriores, llegara primero. Pero como si el día no pudiera ir peor, descubrieron que no solo Matías había tenido inconvenientes: la compañía de mudanzas que habían contratado fue embargada de un momento a otro, dejándolos sin transporte. Ahora dependían de los choferes de la institución para llevar todas las decoraciones, lo que significaba menos personal y más demoras.
Elian, quien nunca en su vida se había encargado de este tipo de logística, estaba al borde de la irritación. El sudor le pegaba la camisa a la espalda mientras revisaba el listado de cajas y luchaba por mantener la paciencia con los trabajadores que no parecían entender su urgencia.
—Si no colocas eso bien, se va a caer en la primera curva —gruñó, ajustando la carga en uno de los camiones.
El cansancio le pesaba en los hombros, y el estrés comenzaba a hacerle doler la cabeza. Pero sabía que no había tiempo para quejarse. A la mañana siguiente, todo tenía que estar listo, sin excusas. Y si quería evitar que Lucía lo llamara por incompetente, más le valía seguir trabajando.
Elian levantó una última caja antes de dirigirse al almuerzo, pero Lucia se interpuso en su camino.
—Lo que sea que ibas a hacer, lo necesito ahora —dijo ella, con tono firme.
Elian suspiró, resignado.
—Voy a comer —respondió, esperando que eso bastara para que lo dejara ir.
Pero Lucia negó con la cabeza.
—Hay una reunión de emergencia. El joven duque no estará, así que enviarán a un representante de la corona.
Sin más opción, Elian la siguió hasta el salón de reuniones. Al entrar, notó de inmediato el ambiente pesado; la mayoría de los presentes estaban visiblemente cansados y algunos, como él, sin haber comido. Un bostezo sonó a su costado y, al girar la cabeza, vio a Minju con la mano cubriéndose la boca.
"Al menos no soy el único que se aburre", pensó con ironía.
Su mirada regresó a Lucia, quien hablaba sobre los trajes y la etiqueta. Originalmente, se había planeado que la celebración fuera una fiesta de disfraces, pero debido a la presencia de los invitados de la corona, se había decidido limitarse a espectáculos con máscaras. Elian suspiró con desilusión. Había preparado una máscara de Ghostface y ahora tendría que guardarla.
En medio de la reunión, Minju levantó la mano, atrayendo la atención de todos. Sostuvo una breve conversación con Lucia, su tono tranquilo pero firme. Elian lo observó, admirando su manera de hablar con tanta elocuencia. Su vista descendió por su rostro, deteniéndose en el puente de su nariz, la línea que se formaba entre esta y sus labios… y entonces, sin previo aviso, imágenes pasaron fugazmente por su mente: Minju con el rostro sonrojado, perlado de sudor y suplicando con la mirada.
Elian sacudió la cabeza con fuerza, tratando de alejar el pensamiento. Su reacción fue tan brusca que, sin darse cuenta, se dio un golpe en la mejilla. El sonido seco resonó en el salón, atrayendo miradas curiosas.
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Dinastía: Herederos
RomansaEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
