Durante el trayecto, Minju no pronunció palabra. Se limitó a mirar por la ventana con el ceño fruncido, como si el paisaje nocturno pudiera distraerlo de la incomodidad que flotaba en el aire. Elian tampoco dijo nada. No por falta de cosas que decir, sino porque la tensión en el ambiente era tan densa que temía romperla con algo torpe. Parecía que había pasado una eternidad, pero el reloj del tablero marcaba apenas cinco minutos.
Al llegar a la entrada, Elian se bajó del auto y pidió al portero que abriera el portón. Mientras tanto, Minju se inclinó hacia su lado, intentando ocultarse. El portero, demasiado curioso, estiraba el cuello para ver quién era el acompañante de Elian.
El portón se abrió finalmente y Elian volvió al auto. Encendió el motor y decidió mantener los vidrios arriba, por precaución. A pesar de que ni su familia ni la de Minju eran especialmente conocidas en ese país, siempre existía el riesgo de que algún paparazzi quisquilloso estuviera husmeando. El evento de recaudación era una joya para los medios, y Minju no quería darle a nadie la oportunidad de decirle a su abuelo que lo habían visto con Elian, justo con el mismo Elian que tenía terminantemente prohibido.
—¿Podrías bajar un poco el vidrio, por favor? —preguntó Minju de pronto.
Minju lo miró de reojo. Elian tenía una mano en el volante y la otra tapándole la nariz.
—¿Por qué te tapas la nariz? —preguntó Minju, extrañado.
—Estás liberando feromonas.
—Oh, lo siento. Supongo que ya se está pasando el olor del aromatizante —respondió Minju, bajando un poco el vidrio del copiloto.
Elian también bajó un poco el vidrio de su lado; sin embargo, no fue suficiente. El camino era de más o menos treinta minutos. No era tanto tiempo, pero Elian consideraba su inestabilidad ante la resistencia de las feromonas de un Omega, más aún teniendo a un Omega dominante en celo a su costado. Soltó el volante un momento y sacó nuevamente su pañuelo. Intentó bajar un poco más el vidrio de su lado, pero tampoco fue suficiente. Las feromonas de Minju se estaban haciendo más evidentes y su cuerpo comenzaba a reaccionar.
—Voy a prender el aire —anunció, estirando el brazo hacia el panel.
—¡No! —dijo Minju, golpeándole el brazo—. ¿Que no ves cómo estoy? ¡Tengo frío!
—Si prendo el aire, se activa el extractor de feromonas y podremos viajar tranquilos.
—No me quiero enfermar. Tápate más la nariz.
—¡Te digo que no funciona! —espetó Elian con molestia—. Baja el vidrio.
—¡No! ¿Quieres que nos reconozcan? ¡Además, mira cómo estoy vestido! —rebatió Minju, señalando su atuendo de gala, con evidente desesperación.
Elian, frustrado, intentó forzar la ventana del copiloto en un movimiento brusco, pero Minju se lo impidió. En la pequeña pelea que se desató entre manotazos, el auto se desvió peligrosamente del carril. El bocinazo de un camión los hizo volver en sí de golpe. Elian retomó el volante, maldiciendo entre dientes, mientras Minju, asustado, abrió la guantera buscando algún aromatizante para carro entre las cosas y encontró uno pequeño.
—¡Bingo! —exclamó al encontrar un pequeño frasco.
Sin pensarlo mucho, comenzó a rociarse con él, sin saber que lo que estaba a punto de hacer solo empeoraría la situación.
Casi al instante, Elian percibió un olor más, aparte de flores... eran feromonas. Volteó a ver a Minju, quien liberaba más feromonas y tenía las mejillas sonrojadas.
—¿¡Qué te echaste!? —gritó, cubriéndose la nariz con el brazo mientras bajaba su ventana de golpe.
Minju comenzó a sentir su cuerpo caliente y, como si hubiera hecho erupción algo dentro de él, comenzó a liberar muchas feromonas. Liberaba tantas que él mismo podía sentirlas. Miró el pequeño frasco y leyó las especificaciones.
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Dinastía: Herederos
Storie d'AmoreEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
