A la mañana siguiente, Minju se levantó tarde. Era domingo, su último día de vacaciones; el lunes comenzaría las clases con normalidad. Se estiró y tomó su celular para ver la hora: ya eran las 10 am. Se levantó de la cama y miró hacia la de William, que estaba perfectamente tendida. Había salido temprano y no lo había despertado, quizás seguía molesto por la discusión de ayer. Minju se revolvió el cabello, terminando de desperezarse, y fue al baño para prepararse para el desayuno. Aunque, probablemente, para cuando acabara de bañarse ya sería hora del almuerzo.
Se dirigió al clóset en busca de ropa limpia y se detuvo frente al pequeño espejo. Sus ojeras se veían más oscuras que de costumbre. Anoche había estado dándole vueltas al asunto de Aidan y Matías. Aunque se durmió rápido, se despertó a mitad de la madrugada pensando lo mismo hasta que finalmente volvió a quedarse dormido. Quizás era la preocupación o simplemente tenía afectado su horario de sueño. Buscó la crema para el contorno de ojos, pero no la encontraba. "Tal vez William la guardó en otro lado", pensó Minju, pero como ambos estaban tensos, prefirió no preguntarle. De todos modos, tenía otra solución: más tarde tomaría unos pepinos en el comedor para desinflamar las bolsas bajo sus ojos.
Al salir del cuarto rumbo al baño, notó que, a diferencia de ayer, el ambiente estaba particularmente ajetreado. Varios estudiantes salían de sus habitaciones con bolsas de ropa sucia, mientras otros barrían o llevaban cestas de lavandería. Recordó que los domingos eran los días de lavado. Por suerte, él ya había lavado lo necesario días antes, aunque su cuarto seguía siendo un desastre. No había salido en toda la semana y había estado comiendo allí, por lo que probablemente tenía una pila de platos y cajas de comida debajo de la cama. William solía limpiar por él, pero como había estado ocupado, no lo había hecho. Minju pensó que tal vez sería una buena idea limpiar como una forma de disculparse por la discusión de ayer. William había tomado muy mal su comentario, pero Minju entendía por qué, después de todo, él no estaba en su lugar.
El baño estaba igual de lleno que los pasillos. "Aquí se toman muy en serio los días de limpieza", pensó mientras se bañaba. Incluso oyó a un estudiante decir que los baños de abajo también estaban llenos. Después de salir de la ducha, fue al tocador para aplicar sus cremas, cuando una voz chillona llamó su atención.
—¡ELIAN, NO ME MIENTAS! ¿QUIÉN TE RASGUÑÓ LA ESPALDA? —gritó Julián, con los ojos entrecerrados de furia.
Elian, notablemente incómodo, intentó calmar a Julián mientras se alejaba de los otros chicos.
—Te dije que me dio comezón y me rasqué. Fin de la historia.
—¡Te rascaste con tijeras, parece! —Julián estaba fuera de sí, golpeando a Elian en el pecho—. ¡¿Con quién te fuiste ayer cuando me dejaste tirado en la tienda?!
Minju se giró para ver la escena, que le pareció graciosa. "De todas las excusas, se le ocurre decir que se rasguñó solo", pensó, riéndose para sí mismo. Estos dramas, que en las novelas le parecían patéticos, en la vida real resultaban mucho más entretenidos.
—Ayer me dejaste en la tienda y tuve que volver solo. ¿Te fuiste a ver con alguien? —gritaba Julián.
—Te dije que fui a buscar tus galletas, pero ocurrió un inconveniente y tuve que volver antes.
—Me ignoraste todo el día, y cuando por casualidad te encuentro en los baños, veo que tenés la espalda hecha un desastre. ¡Dime con quién te estás viendo!
Julian no se tragaba la excusa, y Elian, apretando la mandíbula, decidió agarrarlo del brazo y sacarlo del baño, llevándose consigo una oleada de murmullos y risitas. Minju, observando desde el tocador, no pudo evitar soltar una pequeña carcajada.
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Dinastía: Herederos
RomanceEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
