Capitulo 51: Besame.

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Elian soltó del cuello de la camisa al último alfa, dejándolo caer pesadamente al suelo. El sujeto quedó desmayado, ya fuera por los golpes o por las feromonas tóxicas que Elian había estado liberando. Con un suspiro pesado, Elian se incorporó, limpiando con el dorso de su mano el sudor que le empapaba la frente. Bajó la mirada a sus nudillos, notando que estaban rotos y manchados de sangre. La tenue luz que se filtraba desde las farolas de afuera, atravesando la ventana, iluminaba vagamente el desastre a su alrededor. Tres alfas inconscientes, tirados como muñecos rotos en el suelo.

Más al fondo, la silueta de Minju captó su atención. Estaba desmayado también.

Elian se acercó con pasos rápidos, agachándose junto a él y dándole un par de golpes en las mejillas, no tan suaves, intentando hacerlo reaccionar.

—Minju… Hey… Oyeee… —insistió.

Pero Minju no respondía.

Elian desvió la vista hacia su derecha, encontrando un baño no muy lejos. Se puso de pie y caminó hasta allí, encendiendo la luz apenas cruzó la puerta. Su mirada recorrió el lugar con prisa, hasta que vio un pequeño florero sobre el lavamanos. No lo pensó demasiado: lanzó las flores al piso, vació el agua que quedaba y lo llenó de nuevo para luego volver junto a Minju. Sin miramientos, le lanzó el contenido directamente a la cara.

El resultado fue inmediato.

Minju se incorporó de golpe, tosiendo con fuerza, agarrándose la garganta como si realmente estuviera ahogándose. Parpadeó varias veces, desorientado, mientras su vista borrosa apenas distinguía la figura frente a él, que permanecía de espaldas a la luz.

Se frotó los ojos, y cuando pudo ver mejor, Elian ya se había agachado hasta quedar a su altura.

—Me debes una —murmuró con esa naturalidad irritante.

El corazón de Minju dio un vuelco ante la cercanía, retrocediendo de inmediato hasta caer de espaldas, apoyándose en los brazos.

—¿Qué pasó? —preguntó, confundido.

—¿Cómo que qué pasó? —Elian alzó una ceja, señalando con el pulgar por encima de su hombro.

Minju giró lentamente el rostro, encontrándose con la escena: tres cuerpos tirados en el suelo.

Y entonces lo recordó.

—Ahhh… eso pasó… —susurró, como si recién asimilara todo.

Elian se puso de pie y le extendió una mano para ayudarlo. En el instante en que Minju se acercó, Elian frunció el ceño, detectando un olor inconfundible. Rápidamente sacó un pañuelo de uno de los bolsillos de su traje, llevándoselo a la nariz.

—¿Acaso estás en celo?

Los ojos de Minju se abrieron como platos. Dio un par de pasos hacia atrás, alejándose.

—¿Y tú? ¿Por qué liberas feromonas?

—¿De qué ha…? —Elian se detuvo en seco, notando sus propias feromonas en el ambiente. Su expresión cambió de inmediato—. ¡MIERDA! No te me acerques.

—Ah, mira, gracias por la recomendación —espetó Minju con sarcasmo.

Ambos estaban liberando feromonas sin control. Elian presionaba con fuerza el pañuelo contra su nariz, mientras Minju se tapaba la suya con la mano.

—Vete de aquí.

—¿Cómo mierda salgo de aquí así? ¿Estás loco? ¿Quieres que me maten? —replicó Minju, visiblemente sorprendido.

—Si no te vas, te puedo hacer daño.

Elian se echó hacia atrás, encerrándose en el baño.

—No te acerques aquí, así no puedo hacerte daño. Cuando vine aquí dejé mal parado el auto, te tiraré las llaves debajo de la puerta, saltas por la ventana y ve al instituto.

Dinastía: HerederosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora