De inmediato, todas las cabezas se giraron hacia el origen de la voz. Una figura se apoyaba en el marco de la puerta, con una sonrisa tranquila pero cargada de confianza. Era el duque, quien avanzó con paso seguro hacia el interior del aula, atrayendo todas las miradas.
-¡Joven duque! -exclamó Lucia con nerviosismo, poniéndose de pie-. Pensé que no vendría.
-Dije que iba a monitorear el evento, pero creo que llegué un poco tarde. ¿Qué discuten?
El duque tomó una de las copias que reposaban sobre el escritorio y comenzó a hojearlas con calma, deteniéndose en las fotografías.
-Según lo poco que escuché, ¿están decidiendo la locación?
-Sí... -respondió Lucia con cierto titubeo.
-La locación ya está firmada, pero Lucia y Minju llevan peleando una hora en eso -interrumpió Karl con tono aburrido.
-¿Ah, sí? -El duque giró la mirada hacia Lucia, que parecía querer desaparecer-. ¿Cuál es el problema?
Lucia se aclaró la garganta antes de responder, explicando los puntos de conflicto con un poco de nerviosismo. El duque la escuchó en silencio, pero su expresión permanecía serena, como si ya hubiera llegado a una conclusión.
-¿Eso? Pues a mí me parece excelente la opción escogida, parece sacada del castillo de Drácula -dijo, señalando una de las fotos con una sonrisa traviesa-. De hecho, se parece al castillo de mi tía.
Una breve risa resonó en su garganta, pero nadie lo acompañó. La mayoría de los presentes nunca había pisado un castillo, y el comentario los dejó más perplejos que divertidos.
-¿Qué piensan ustedes? ¿Ya lo pusieron a votación?
-Sí -intervino William rápidamente-, pero quedó en empate.
-Entonces añadan mi voto a la mansión -anunció el duque -. Me parece perfecta.
Lucia apretó los labios, claramente molesta, pero no se atrevió a contradecirlo. Optó por no protestar y pasó a los siguientes puntos de la agenda. Gracias a la intervención del duque, la reunión concluyó con acuerdos en casi todos los temas.
Cuando todo terminó, Minju se sentía satisfecho con los resultados. Aunque era perfeccionista, estaba contento con el desenlace y, sobre todo, aliviado de que finalmente podría comer. Con su estómago rugiendo, se dirigió al comedor para pedir que calentaran su comida.
La espera fue breve, y apenas recibió su plato, atacó el primer bocado con hambre voraz. Sin embargo, mientras masticaba, una voz familiar lo sobresaltó.
-Buen provecho -dijo el duque -. ¿No es tarde para almorzar?
Minju, sorprendido, intentó tragarse el bocado a toda prisa, ayudándose con un vaso de jugo. "En esta institución todos aparecen de repente. ¿Es un hábito o qué?" pensó mientras trataba de recuperar la compostura.
-Joven duque, ¿qué se le ofrece? -preguntó, colocando el vaso sobre la mesa.
-Intenté hablar contigo antes, pero saliste corriendo.
-Me salté la hora del almuerzo para ir a la reunión. Tenía hambre.
-Ya veo. Lamento mucho haber interrumpido tu comida -dijo el duque, aunque su tono no denotaba verdadera culpa-. Quería felicitarte por la locación. Muy acertada.
-Muchas gracias. Es un halago viniendo de su parte, joven duque.
El duque asintió ligeramente, como si confirmara su propio juicio.
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Dinastía: Herederos
RomansaEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
