Minju cerró la puerta tras de sí y dejó escapar el aire por la nariz. Llevaba el cabello aún húmedo, una toalla colgando de sus hombros y el vapor del baño todavía aferrado a su piel. Caminó hasta su cama y se dejó caer con lentitud, sentándose en el borde. Apoyó ambas manos a los lados, los dedos ligeramente crispados, y alzó el rostro hacia el techo blanco.
Contuvo el grito que empujaba su garganta y solo dejó salir un suspiro largo, quebrado.
La habitación estaba vacía. William se había ido temprano a la reunión del comité de finanzas. Lo había encontrado en el pasillo, justo al salir del cuarto de Elian. No hablaron. No hacía falta. Minju sabía que más tarde vendrían las preguntas.
Suspiró de nuevo, como si el aire fuera la única cosa que podía soltar.
Se inclinó hacia la gaveta de su mesa de noche y la abrió. Los frascos estaban allí, alineados como soldados en descanso. Tomó uno con cuidado y lo giró entre los dedos. Apenas quedaban unos cuantos. Dudó si podía tomarlos, por si alteraba el efecto de las pastillas de emergencia. Nadie le había enseñado eso. A él le enseñaron el alfabeto hebreo antes de enseñarle sobre anticonceptivos.
Se llevó una mano al vientre. La piel estaba tibia. Cerró los ojos y se permitió imaginar por un momento.
Caminó hasta el escritorio y tomó su celular. Lo desbloqueó, buscó el contacto y presionó el botón para llamar.
—¿Quién habla?
—Hola, doctor, buenas tardes —dijo Minju, ajustando la toalla sobre su cabello—. ¿Podría agendar una cita?
—¿Cita? —se escuchó el sonido de papeles siendo revisados al otro lado de la línea—. ¿Se te acabó el tratamiento?
—No… bueno, casi, quedan unos pocos —respondió Minju, observando el frasco aún entre sus dedos.
—Bien, ¿cómo te ha ido con los supresores? ¿Has estado liberando feromonas como te indiqué?
—Sí… sí… bien.
—Qué bueno. Entonces podemos continuar con la misma receta. Haré una cita para que vengas a actualizar el récipe…
—Okey… —pausó un momento—. Doctor, una pregunta…
—¿Sí?
—¿Cómo se toma una pastilla de emergencia?
Hubo un breve silencio. Minju dudó, mirando al suelo.
—Bueno, es que… —titubeó, sintiendo el calor subirle por la nuca—. Tengo un amigo OD, y… entró en celo ayer. Estuvo con un alfa dominante…
—Entiendo —respondió el doctor, con tono neutro, como si ya hubiese escuchado esa historia muchas veces—. Dile a "tu amigo" que debe tomarse la pastilla hasta 12 horas después de haber consumado el acto. Al ser dominantes, estas pastillas tienden a no ser muy efectivas.
—¿A qué se refiere?
—El sistema reproductivo de los dominantes es diferente al común. Si estaban en su celo o en rut, tienen una probabilidad de un 99% de concebir. Sin embargo, el alfa tendría que anudar al omega para esto. En caso de no ser así, entonces las probabilidades bajan a un 80%. Pero al ser ambos dominantes, son más fértiles. En un omega común se puede tomar hasta en las 24 horas después del acto; en un OD, solo 12.
Minju se mordió la uña del dedo pulgar y su respiración se volvió un poco más rápida.
—¿Y si no se toma en las 12? —preguntó en voz baja.
—Pues, de no ser así, en un OD con un ciclo común podría tomarse dos pastillas de emergencia, pero su eficacia bajaría de un 70% a un 40%. Y tendría que evitar el contacto con las feromonas de su pareja durante al menos 24 horas.
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Dinastía: Herederos
RomansaEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
