Julián se acercó a Elian, quien conversaba con un invitado, de espaldas a él. No se dio cuenta de quién era hasta que los presentaron. Elian sonrió con cortesía y lo presentó como bailarín, halagando su talento con palabras medidas. Sin embargo, nunca mencionó que fueran pareja.
El estómago de Julián se revolvió con disgusto. Lo estaba negando. Fingió que no le importaba, aunque su sonrisa perdió algo de brillo. Elian sabía que Julián era atractivo, con su cabello rubio y ese rostro angelical que le daba un aire etéreo. Sin duda, era uno de los omegas más guapos que había visto, aparte de Minju, claro.
Tan pronto como se presentó, la coquetería natural de Julián surgió como un reflejo. Su madre, una actriz consumada, le había enseñado a moverse con elegancia y encanto en cualquier situación. A Elian no le hacía gracia. Podía tolerarlo, siempre que se mantuviera lo suficientemente lejos de Minju.
El representante con quien conversaban mostró un marcado interés por Julián. Le ofreció champagne en varias ocasiones, al tiempo que le dedicaba cumplidos envueltos en una sonrisa calculada. La conversación, animada y ligera, se vio interrumpida cuando Julián se disculpó. Era su turno de presentarse en el escenario.
Las luces descendieron a una penumbra íntima. La música comenzó. Elian se reclinó con expresión neutra, observando la coreografía sin emoción. Había visto a Julián practicar tantas veces que podría subir él mismo al escenario y replicar los pasos con precisión, aun sin ensayo previo.
A su lado, el representante se inclinó y le susurró al oído con aire divertido:
—Ese omega parece un ángel cuando baila y canta, ¿cierto?
—Ciertamente, tiene muchísimo talento —respondió Elian sin apartar la vista del espectáculo.
—¿Y qué tal?
Elian frunció el ceño, confuso.
—¿Qué tal qué?
—Vamos, no me digas que no has probado las mieles de esa abeja reina —insistió el otro con una sonrisa lasciva.
Elian endureció la mirada.
—No creo que tengamos tanta confianza para hablar de estos temas.
El representante soltó una carcajada.
—Oh, jajaja, pensé que ya estábamos en confianza.
—No sé cómo llegó a esa conclusión. A menos que esté acostumbrado a meterse en la vida íntima de los demás.
La sonrisa del hombre se amplió con malicia.
—¿Recuerdas la primavera de hace dos años? Excelente fiesta la de tu padre —dijo con tono irónico—. Uy, recuerdo haber agarrado muchísima confianza con él. Cuando tomaba, se volvía indomable. Quién diría que un alfa dominante podía ser tan caliente, ¿eh? Jajajajaja.
La mandíbula de Elian se tensó. Un músculo saltó en su sien. Sus puños, apoyados en los reposabrazos del asiento, se cerraron lentamente. Su respiración se volvió medida, casi forzada, mientras el peso de las palabras del representante caía como plomo sobre él.
Elian estaba visiblemente molesto. Su mandíbula marcada evidenciaba la tensión que lo atravesaba, sin embargo, no podía darse el lujo de hacer un escándalo ante semejante comentario del representante. Estaban en un evento público, rodeados de miradas, y la sonrisa burlona del representante, mientras tomaba un sorbo de champán, le gritaba sin palabras que lo único que buscaba era provocarlo.
"Miserable." Dijo para si mismo.
En lugar de responder, Elian se levantó de su silla, con pasos medidos, fríos, y se dirigió a la entrada. Cruzó todo el jardín con paso firme hasta quedar en medio de dos autos estacionados. Sin pensarlo dos veces, se dejó caer al piso, apoyando su espalda en la puerta de uno de los vehículos.
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Dinastía: Herederos
RomanceEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
