Dos días después de la reunión, las cosas se tensaron aún más. El joven duque tuvo que viajar a su país para asistir a un evento familiar, dejando a Lucía a cargo de los preparativos del evento. Ella, fiel a su estilo, fue hermética con los organizadores. Solo el grupo principal manejaba los detalles a puertas cerradas, mientras el resto cumplía funciones de mandaderos.
Minju, por su parte, aprovechó la ausencia del duque para investigar un poco más sobre Lucía, mientras William se dedicaba a preguntar entre los estudiantes acerca de ella. Sin embargo, la información obtenida no era más que la conocida públicamente: su madre era chef, llevaba dos años en la institución y era hija única. A simple vista, parecía poca cosa, pero para Minju era sospechoso. Por lo visto, Lucía era una estratega nata: tenía el mejor promedio de su salón y había liderado proyectos importantes, incluido uno del año anterior, algo que a Minju le resultaba particularmente extraño.
"¿Cómo alguien que no cursa ese año puede encargarse de un proyecto tan grande?", pensó mientras tamborileaba los dedos sobre el pupitre. Un sonido lo sacó de sus pensamientos: la campana de salida.
—Chicos, les agradezco que completen las guías para el lunes —dijo el profesor mientras borraba la pizarra—. Pueden retirarse.
Los estudiantes comenzaron a salir del aula en desbandada, salvo Lucía y su grupo, que permanecieron en sus puestos. Minju tomó su bolso y se dirigió hacia la puerta, pero una voz lo detuvo.
—Oye, tú. Ven acá —ordenó Lucía con desdén.
Minju giró sobre sus talones y, con una sonrisa ladeada, respondió:
—¿Qué necesitas?
Lucía le dirigió una sonrisa exagerada, tan amplia que sus mejillas casi le cerraban los ojos. Para Minju, era como la inquietante sonrisa del gato de Alicia en el País de las Maravillas.
—Ya que el joven duque no estará hasta el lunes y este fin de semana no tenemos pendientes, quiero visitar la ubicación que escogiste.
—La dirección está en la carpeta. Ve tú sola o dile a Matías que te acompañe. Él conoce el lugar —respondió Minju, seco.
—Sí, pero fuiste tú quien propuso ese sitio...
—Fue escogido por votación —lo interrumpió Minju con sarcasmo.
—Claro, pero como tú lo seleccionaste primero y además estás en el equipo de decoración, necesito que vengas conmigo. Quiero revisar el espacio para las mesas y las sillas.
—Pensé que eso ya lo acordamos hace dos días.
—Hubo un cambio de planes.
—No me digas —replicó Minju, cruzándose de brazos con ironía.
—Necesito evaluar el espacio y, de paso, me ayudas a llevar algunas cosas para la decoración.
Minju no respondió de inmediato. Simplemente se dio la vuelta, dispuesto a salir del aula. El rostro de Lucía enrojeció de rabia, las venas de su frente parecían a punto de estallar. Para ella, que Minju, un beta, osara ignorarla de esa forma era una ofensa imperdonable. Se levantó de su asiento y caminó con pasos decididos hacia él, pero Minju, al escucharla, habló sin mirarla.
—Hablaré con Matías para que se encargue de los permisos. Mañana podremos ir juntos.
Lucía se detuvo, sorprendida.
—Vaya, qué manera de hacerte rogar, ¿eh?
Minju se giró hacia ella y, con una sonrisa sarcástica, replicó:
—Es una cita. Ponte bonita.
Antes de que ella pudiera responder, Minju retomó su camino hacia las escaleras, dejando a Lucía atrás con la boca abierta. Un leve sonrojo se asomó en su rostro, y los murmullos en el aula no tardaron en hacerse notar. Los estudiantes que aún permanecían en la puerta habían presenciado la escena con expresión divertida, como si acabaran de ver un espectáculo de comedia romántica.
Pero no todos estaban entretenidos. Entre ellos, alguien observaba la escena con el ceño fruncido, sus manos apretadas en puños. La rabia hervía bajo la superficie, casi palpable.
***
Tal como había sido planeado, Minju estaba terminando de arreglarse para acompañar a Lucía a visitar la mansión del anciano. Frente al espejo, intentaba domar su cabello, que últimamente le daba problemas por estar demasiado largo. Mientras tanto, William estaba recostado en su cama, hojeando una revista con aparente desinterés. Aquella escena llamó la atención de Minju.
—¿Qué lees? —preguntó, sin apartar la mirada de su reflejo.
—Chismes —respondió William sin levantar la vista de las páginas.
—¿Qué chismes? —insistió Minju, acercándose con curiosidad.
William dejó escapar un suspiro cargado de ironía antes de responder:
—Resulta que hay una revista semanal escrita por los estudiantes de periodismo. Reúnen todos los chismes de la semana y los plasman en catorce páginas.
—¿Y hay algo interesante? —preguntó Minju mientras le arrancaba la revista de las manos.
William, sorprendido, quedó con los brazos alzados en la posición en la que sostenía la revista. Luego se sentó, divertido por la actitud de su amigo.
—Depende... ¿Te parece interesante que dos alumnos de cuarto se comprometieron?
Minju alzó una ceja, incrédulo.
—¿No son muy jóvenes?
—Pues, según dicen, el padre de la chica es agricultor y tiene unas tierras de cultivo. El padre del chico, por su parte, se dedica a producir maíz... —explicó William, pero fue interrumpido por Minju.
—Matrimonio arreglado. Uno se encarga de la siembra y cultivo de la materia prima, y el otro del procesamiento y distribución —concluyó Minju con sarcasmo—. Capitalismo en su máxima expresión.
Sin añadir más, Minju le devolvió la revista y se dio un último vistazo en el espejo.
—¿En serio vas a tener una cita con Lucía? —preguntó William, alzando una ceja.
—No. Solo quería una excusa para salir de aquí.
—No hablo en broma.
—Tampoco es una cita —aclaró Minju mientras ajustaba el cuello de su camisa—. Insistió en ir a la mansión para evaluar la capacidad de invitados y para que la ayude a llevar algunas cosas.
—Mmm... Conociéndote, estoy seguro de que tienes otra cosa en mente.
Minju se giró hacia William, pensativo.
—¿Sabes qué me pareció extraño? Que me escogiera precisamente a mí para acompañarla.
—Supongo que intenta ganarse tu confianza.
—No lo creo. Más bien, sospecho que está vigilando mi "investigación".
William frunció el ceño.
—¿Y qué sabes del joven duque?
—¿Por qué debería saber algo? —Minju lo miró de reojo, intrigado.
—Nada más lo digo. Parece interesado en ti.
Minju rodó los ojos.
—Para ti, todos están interesados en mí.
—Es lo que susurran en los pasillos —respondió William, alzando los hombros con indiferencia.
En ese momento, el celular de Minju vibró sobre el escritorio. Era un mensaje de Lucía, avisando que ya estaba lista. Minju guardó el teléfono, se acomodó el cabello por última vez y se dirigió a la puerta. Justo antes de salir, le lanzó una mirada a William, quien había vuelto a concentrarse en la revista.
—En los pasillos también dicen que tú y tu llavero son pareja —comentó Minju, cerrando la puerta tras de sí con una sonrisa triunfal, quedándose con la última palabra.
William, sorprendido, bajó la revista y negó con la cabeza, incapaz de reprimir una sonrisa.
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Dinastía: Herederos
RomanceEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
