Capitulo 46: Días antes pt2

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Los días siguientes fueron un torbellino de actividad para Minju. Se mantuvo ocupado hasta el último momento, asegurándose de que todo estuviera listo para el evento. El duque no volvió a contactarlo. Intentó llamar al número que le había enviado las imágenes de las facturas, pero descubrió que estaba desconectado. Minju estaba bastante seguro de que quien había conseguido dichas imágenes había sido el mismo duque, no podía negar que gracias a esto ya tenía un caso completo, solo faltaría que pasara el evento para presentarle las pruebas al director.

Por otro lado, William parecía sumido en una niebla de melancolía. Su comportamiento había cambiado drásticamente. Apenas comía, se dormía temprano y ni siquiera seguía su rigurosa rutina matutina. Algo en él estaba apagado. Cuando se organizó un pequeño torneo amistoso de ajedrez y William no asistió, Minju intentó preguntarle qué sucedía, pero William evadió la conversación con respuestas vagas o simplemente cambiando de tema.

Minju no tardó en notar otro detalle: tampoco había visto a Aidan en los últimos días. Sus pensamientos se interrumpieron con el sonido de una notificación en su Celular, era de la secretaria avisando que tenía un paquete.

Lucía había conseguido permiso del director para que los estudiantes de la promoción fueran a escoger sus trajes para el evento. Fue entonces cuando Minju recibió una sorpresa inesperada: su abuelo se había enterado del evento y, como era de esperarse, envió un conjunto especialmente seleccionado para él.

Un elegante traje de seda azul naval.

Apenas lo vio, un escalofrío le recorrió la espalda.

Un flashback lo llevó de vuelta a su debut. La textura de la tela, el color, la meticulosa elección de los detalles... todo le recordaba aquel día que marcó un antes y un después en su vida. Un vago sentimiento de déjà vu lo envolvió, pero lo disipó de inmediato con un susurro para sí mismo:

—No, esta vez todo saldrá bien.

Aunque fingiera estar tranquilo y se mostrara siempre indiferente, la ansiedad nunca desaparecía. Los eventos formales lo ponían tenso. Desde aquella noche catastrófica, había evitado salir de la mansión tanto como le fue posible. Sin embargo, esta vez era diferente. Esta vez no estaría solo. Si algo salía mal, no sería su culpa.

Cuando fue a recoger su paquete en la oficina del director, se encontró con Elian. Últimamente se lo topaba con más frecuencia de lo normal. Ya había notado que, en más de una ocasión, lo observaba desde la distancia. Al principio, creía que era mera coincidencia, pero en los últimos días, Elian ni siquiera se molestaba en disimular.

Minju suspiró.

Prefería mil veces la presencia molesta de Matías antes que la de Elian.

Al menos, su ruidoso compañero estaba en aislamiento por su rut. En ese sentido, agradecía que el suyo llegara justo con el evento. Tenía demasiadas cosas en la cabeza como para lidiar con eso también.

El rut de un alfa dominante era muy diferente al de un alfa común. Su agresividad aumentaba de forma significativa, sus ojos cambiaban a un dorado brillante y, gracias a ello, podían percibir las feromonas en el aire con mayor facilidad. Este rasgo les permitía encontrar omegas en celo con rapidez, ya que sus propios cuerpos generaban feromonas tan intensas que, en ocasiones, suprimían el aroma de los omegas comunes.

Por otro lado, los omegas dominantes poseían feromonas aún más fuertes, capaces de atravesar la influencia de un alfa dominante. Eran conocidos como "la pareja perfecta".

Para evitar emparejamientos accidentales, el internado tenía habitaciones exclusivas donde los alfas pasaban su rut en aislamiento. Matías había sido enviado a unas pequeñas “vacaciones” en una de esas habitaciones, no solo por su seguridad, sino también por la de los estudiantes omega.

Después de todo, un alfa en celo en un ambiente con tantos alfas nunca era una buena combinación.

Minju se probó el traje frente al espejo, alisando la tela con las manos. El conjunto de seda azul naval le quedaba perfecto, como si hubiera sido hecho a su medida. No podía decir que le sorprendía; su abuelo rara vez hacía las cosas a medias. En la caja, además del traje y una carta de felicitación escrita con la elegancia característica de su abuelo, había una pequeña caja en el fondo. Al abrirla, se encontró con un frasco de perfume de feromonas.

Minju entrecerró los ojos, recordando que, antes de entrar al internado, había leído sobre un perfume de feromonas personalizado que un viejo amigo de su abuelo estaba promocionando. En su momento, pensó que era una inversión sin sentido, pero ahora entendía la jugada.

—Entonces, no solo me usas para conseguirte un contrato, sino también para hacerle publicidad a tu nueva inversión —murmuró con ironía, dejando escapar una carcajada.

A pesar de su escepticismo, destapó el frasco y olió el perfume. No era tan fuerte como esperaba, pero tenía un aroma agradable, casi imperceptible, aunque con un matiz que se sentía más instintivo que tangible.

Después de pasar más tiempo del que le gustaría admitir examinándose en el espejo, se quitó el traje con cuidado y lo guardó de nuevo. Miró la hora y frunció el ceño: era la hora del almuerzo.

Sin pensarlo demasiado, salió a toda prisa de su habitación. Era día de carne con albóndigas, lo que significaba que la fila en el comedor sería un caos. Al llegar, sus sospechas se confirmaron: la cola se extendía por todo el pasillo. Suspiró y se resignó a esperar.

Mientras avanzaba lentamente, observó el bullicio a su alrededor. A lo lejos, vio a Julián bailando con su grupo, ensayando algunos de los pasos que ya había visto en los entrenamientos. Frente a ellos, de pie y con los brazos cruzados, estaba Elian. Su expresión era seria, casi indiferente.

"¿Cómo alguien puede ver a su pareja tan feliz y no sentirse igual? Y el frío soy yo", pensó con un deje de sarcasmo.

Entonces, como si Elian lo hubiera escuchado, sus miradas se cruzaron. El semblante del otro cambió, relajándose apenas. Sus ojos se fijaron en Minju con una intensidad que le resultó incómoda. Por primera vez, Minju apartó la mirada y avanzó en la fila, sintiendo un calor inesperado en su rostro.

Al llegar al final de la fila, pidió su almuerzo para llevar. Antes de salir del comedor, lanzó una mirada de reojo hacia Elian, pero este ya no estaba viéndolo. Aun así, la incomodidad persistió.

Caminaba de regreso a su habitación cuando unas voces en el pasillo captaron su atención. Se detuvo al reconocer una de ellas: William.

—Basta —decía, su voz tensa—. Por el momento, no quiero hablar contigo. Todavía estoy procesando las cosas.

—William, si me dejas explicarte…

—Lo que tenías que decirme ya lo hiciste. ¿O aún falta más cosas que ocultaste?

—No quería hacerlo, pero es mi trabajo, William. Tú más que nadie deberías entenderlo.

—¿Entenderte? Confié en ti y para ti no soy más que un encargo.

—Yo…

—Ya basta. Hablaremos después del evento, ¿sí? Dame tiempo…

Minju apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que William apareciera en su camino. Sus miradas se encontraron por un segundo, pero William solo hizo una mueca antes de apartar la vista y seguir de largo.

Detrás de él, Aidan lo siguió en silencio, sin percatarse siquiera de la presencia de Minju.

Él se quedó quieto en el pasillo, observando sus figuras desaparecer en la distancia. Un susurro de sospecha se formó en su mente, pero lo apartó con un resoplido. Tenía cosas más urgentes de las que preocuparse.

Su comida, por ejemplo.

Dinastía: HerederosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora