Después de que tocó el timbre, Minju salió de la clase con la mirada fija en su celular, ignorando deliberadamente el bullicio a su alrededor. A unos metros de distancia, William estaba rodeado por un grupo de estudiantes que hablaban enérgicamente. Fingiendo no notarlo, Minju caminó hacia el pasillo, pero, de repente, sintió un choque brusco contra su hombro.
El golpe fue demasiado intencional como para ser un accidente. Minju levantó la vista y encontró al estudiante delante de él, liberando una hostilidad palpable. Alzó una ceja, sin molestarse en disimular su desdén.
—Supongo que no chocamos por error —dijo Minju, en un tono seco.
El estudiante, un alfa bien conocido por su carácter agresivo, lo miró con una sonrisa maliciosa.
—Quisiste hacerte ver como el inteligente y noble frente al duque, ¿cierto? —soltó, burlón—. ¿Tan desesperado estás por levantar a tu familia?
Minju sintió cómo la sangre le hervía por el comentario, pero no le daría el gusto de verlo reaccionar. Optó por guardar silencio y se dispuso a rodearlo, cuando otro estudiante se colocó en su camino, cortándole el paso. El alfa tiró de su mochila, obligándolo a detenerse.
—¿No te enseñaron a prestar atención cuando una persona te está hablando? —gruñó, jalando con más fuerza.
Minju suspiró, cansado de la escena, y guardó su celular en el bolsillo de su chaqueta. Se giró lentamente hacia el alfa, cruzando los brazos con tranquilidad fingida.
—Te voy a responder porque veo que no tienes la capacidad intelectual para darte cuenta por ti mismo —comenzó, con una calma que contrastaba con la situación—. ¿De verdad crees que la donación del duque y que nos permitiera dar nuestra opinión en un debate es con la intención de ayudar?
El alfa soltó una risa burlesca.
—¡Ja! Desperdiciaste una oportunidad de conseguir financiamiento para el equipo de rugby solo porque te pareció sospechoso que un duque hiciera una donación.
Minju lo miró fijamente, su expresión inmutable.
—Piénsalo un momento —dijo, como si hablara con un niño—. Es un duque, un gobernante de una nación. ¿De verdad crees que no saben dónde deberían centrar su ayuda económica? No solo eres distraído, sino también idiota.
La provocación hizo que el alfa se irritara visiblemente. En un rápido movimiento, lo tomó de la corbata, acercándolo violentamente hacia él.
—Cállate, imbécil —gruñó, levantando la mano con la intención de golpearlo.
De repente, otra mano apareció, deteniendo el golpe en seco.
—Déjalo hablar —intervino una chica, sujetando con firmeza la muñeca del alfa.
Minju dirigió su mirada hacia ella, sorprendido por su intervención.
—Tú fuiste quien propuso el evento para recaudar fondos... —murmuró, sin desviar la mirada—. También te diste cuenta, ¿verdad?
El alfa soltó a Minju de un tirón, y luego se apartó del agarre de la chica, visiblemente frustrado. La tensión en el aire seguía siendo palpable.
—Todo esto de la donación y el evento es solo una fachada —continuó Minju, con voz baja pero clara—. El duque no puede vincularse fácilmente con cualquiera. Estaba analizándolos a todos, quería ver qué tan ambiciosos son... y quedaron como unos idiotas.
El silencio que siguió fue ensordecedor. La chica no dijo nada, pero su expresión lo confirmaba todo. El alfa, rojo de rabia, no supo qué responder. Minju, sin más, se acomodó la corbata y comenzó a caminar, dejando atrás el enfrentamiento sin dignarse a mirar atrás.
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Dinastía: Herederos
RomanceEn un mundo donde el poder y la riqueza dictan el destino de las personas, los herederos de las dos compañías de construcción más prestigiosas del país se enfrentan en una batalla sin cuartel por un contrato que podría definir el futuro de sus imper...
