Capitulo 45: Dias antes...

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A la mañana siguiente, Minju despertó con el sonido de su alarma. Soltó un suspiro pesado antes de apagarla. Era domingo, día de lavado.

Se frotó los ojos con pereza y giró la cabeza hacia William, quien dormía profundamente, abrazando su almohada como si fuera un tesoro. Ni siquiera había notado su regreso la noche anterior.

Con un bostezo, Minju se levantó de la cama y tomó la cesta de ropa sucia. Comenzó a separar la ropa que debía lavar cuando un insistente golpe en la puerta interrumpió su rutina.

Arrastrando los pies, caminó hacia la puerta mientras se rascaba el ojo, despejando las legañas. Giró el picaporte sin mucha energía y, al abrir, se encontró con Matías.

Su amigo lo observaba fijamente, con una expresión extraña.

—¿Qué? —preguntó Minju con voz ronca—. ¿Qué quieres tan temprano?

Matías abrió la boca, pero no dijo nada. Su rostro adquirió un leve tono rojizo, y Minju frunció el ceño sin entender.

Fue entonces cuando bajó la mirada.

Solo entonces lo entendió.

Después de regresar de su "misión" nocturna, se había quitado la ropa y, como su pijama estaba sucia, terminó durmiendo con un camisón corto y solo en ropa interior.

Parpadeó.

Matías seguía inmóvil, mirándolo con los ojos muy abiertos y el rostro cada vez más rojo.

Sin pensarlo dos veces, Minju cerró la puerta de golpe.

Se apresuró a ponerse un pantalón y una camisa antes de volver a abrir.

—Lo siento —dijo con la cara inexpresiva—. ¿Qué necesitas?

Matías, aún con las mejillas encendidas, titubeó.

—Ehm… Dice Lucía que hay reunión en una hora. Me envió a avisarles a todos.

Desvió la mirada al hablar, como si aún estuviera viendo a Minju en aquel camisón.

Minju lo miró con desconfianza.

—¿A estas horas? Estoy a punto de ir a lavar.

—Lo siento… dijo que era obligatorio.

Rodó los ojos y asintió con la cabeza. Matías le devolvió el gesto y giró sobre sus talones para irse sin despedirse. Caminó apresurado por el pasillo.

Minju se asomó entre la puerta, levantando una ceja.

"¿Y a este qué le picó?"

Encogió los hombros con indiferencia y cerró la puerta.

Matías caminaba apresurado por el pasillo, con ambas manos cubriendo su entrepierna. Sus pasos eran torpes, casi desesperados. Apenas llegó al baño, empujó la puerta y se metió en el primer cubículo disponible, cerrándolo tras de sí con un golpe seco.

Con manos temblorosas, se desabrochó el pantalón y se dejó caer sobre la tapa del inodoro, sacando su erección, mientras trataba de controlar su respiración. Pero no podía. La imagen de Minju seguía grabada en su cabeza.

Aquel camisón corto, apenas cubriéndole los muslos. La tela tan delgada por el uso que dejaba entrever su piel. La forma en que el cabello despeinado le caía sobre los hombros, dándole un aire descuidado pero perversamente atractivo.

Y el aroma.

Un rastro sutil de feromonas flotando en el aire, lo suficiente como para hacer que a Matías se le secara la boca.

Dinastía: HerederosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora