Capitulo 35: Preparativos.

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Tres días después, el internado se sumergió en un torbellino de actividad tras la votación. Los estudiantes fueron organizados en grupos según las responsabilidades asignadas: decoración, actividades, tesorería y publicidad, entre otros. Minju fue seleccionado como parte de la directiva de organización, trabajando junto al grupo de danza y cultura para las presentaciones. Para su disgusto, compartía el cargo con Julián, quien, aunque puso mala cara al recibir la noticia, no tuvo más opción que aceptar, ya que la orden venía directamente del duque.

Minju tampoco estaba del todo satisfecho. El sacrificio de horas de descanso para coordinar detalles del evento no le entusiasmaba en absoluto. Lo único que le daba algo de alivio era que Elian había sido designado en un grupo completamente distinto, encargado de la tesorería, la venta de entradas y la publicidad. Esto significaba que sus interacciones con él serían mínimas, algo que agradecía profundamente.

Faltaban apenas 12 días para el gran evento, y la atmósfera del internado estaba cargada de ajetreo y estrés. Minju apenas tenía tiempo para sí mismo, salvo durante los almuerzos. Últimamente, ni siquiera William le hacía compañía; parecía estar cada vez más integrado en un grupo de amigos populares, siempre rodeado de risas y conversaciones animadas. Aquella distancia le incomodaba más de lo que le gustaría admitir. Su mejor amigo parecía haber olvidado el propósito que compartían, dejándose llevar por la efervescencia social del lugar.

Una tarde, mientras saboreaba su comida en el comedor, disfrutando de uno de los pocos momentos de paz que le quedaban, sintió una mirada insistente sobre él. Levantó la vista de reojo, desconfiado, y el susto lo tomó por sorpresa. Soltó un leve brinco, derramando un poco de su comida sobre el uniforme.

Frente a él, con una expresión que mezclaba curiosidad y diversión, estaba Matías.

Minju, irritado, apartó la mirada hacia su camisa manchada y continuó frotándose con la servilleta. Matías, por su parte, parecía disfrutar del momento. La seriedad de Minju, rota por un pequeño descuido, le resultaba fascinante.

—¿Qué te causa tanta alegría? —preguntó Minju, con el ceño fruncido.

—Me sorprende que sepas hacer más caras además de esa que parece permanente. —Matías sonrió con una chispa de diversión en los ojos.

Minju le lanzó una mirada de asco, claramente molesto. Regresó su atención a la mancha de su camisa, tratando de calcular cuánto tiempo le tomaría cambiarse antes de su próxima clase, una que, para su desdicha, era con uno de los profesores menos tolerantes del internado.

—Por tu culpa, ahora debo irme a cambiar. Gracias por arruinar mi grato almuerzo.

—¿Grato? —replicó Matías, alzando una ceja—. ¿Cómo puedes disfrutar comiendo solo?

—La soledad es un tesoro aquí. —Minju dejó de limpiar su camisa por un momento y, con total seriedad, intentó llevarse una cucharada de comida a la boca.

—Supongo que el término “tesoro” es relativo, ¿no?

—No, lo digo en serio. —Respondió Minju, finalmente llevándose el bocado y terminando la frase—. Poca gente aprecia estas reliquias.

Matías recorrió con la mirada el comedor, observando las mesas repletas de estudiantes que charlaban entre sí. Luego volvió a centrar su atención en Minju, quien en ese momento tomaba un sorbo de agua.

—¿Sabías que eres el único que se sienta solo en una mesa? —dijo Matías, inclinándose hacia adelante, apoyando los codos sobre la superficie y mirándolo fijamente—. Ni siquiera los becados te quieren.

Minju se atragantó, tosiendo ligeramente, y dirigió una mirada disimulada hacia la mesa cercana donde se encontraban algunos becados. Apenas sus ojos se cruzaron, todos ellos voltearon en sincronía, dándole la espalda como si de un acto ensayado se tratara. La escena le pareció ridículamente simbólica: solo faltaba que levantaran un muro entre él y ellos.

Dinastía: HerederosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora