Capítulo 52: La Tormenta Silenciosa

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La calma antes de la tormenta era casi palpable. Los días transcurrían con una paz aparente en la escuela, pero en las sombras, los corazones estaban en conflicto. Tanjiro y Shinobu parecían más unidos que nunca, disfrutando de su relación recién formalizada. Sin embargo, los hilos invisibles del destino se estaban entrelazando peligrosamente.

Kanae había estado moviendo sus piezas en el tablero, cada conversación con Tomioka erosionaba más la confianza que él sentía hacia Tanjiro. Ahora, Tomioka ya no miraba a Tanjiro de la misma forma. Había comenzado a observarlo con recelo, a cuestionar cada una de sus acciones, y el plan de Kanae estaba surtiendo efecto. Pero no era suficiente.

Kanae sabía que tenía que dar el siguiente paso, y lo haría de una manera más directa. Esa mañana, al encontrar a Tomioka solo en el patio trasero de la escuela, se acercó con la misma mirada decidida de siempre.

—Creo que es hora de hacer algo más, Tomioka. No podemos quedarnos quietos mientras Tanjiro sigue con Shinobu. —Kanae habló con una voz tan tranquila que contrastaba con la intensidad de su mensaje.

Tomioka no respondió de inmediato, pero su silencio lo decía todo. El conflicto interno estaba ganando terreno. Finalmente, miró a Kanae con un destello de incertidumbre.

—¿Qué propones? —dijo, casi en un susurro.

Kanae sonrió levemente, una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. —Vamos a separarlos. Y para hacerlo, necesitamos actuar pronto. No me malinterpretes, no quiero lastimar a mi hermana, pero... a veces, un golpe de realidad es necesario.

Tomioka la miró fijamente. No estaba seguro de qué era lo correcto, pero los sentimientos que aún albergaba por Shinobu nublaban su juicio. A pesar de sus dudas, la idea de que Tanjiro pudiera estar jugando con los sentimientos de Shinobu le hacía hervir la sangre. Quizá, de alguna manera, Kanae tenía razón.

Mientras tanto, Tanjiro y Shinobu habían decidido pasar la tarde juntos, disfrutando de un paseo fuera de la escuela. Shinobu se había mostrado más relajada desde que ambos habían confesado sus sentimientos, y Tanjiro no podía evitar sentirse feliz de verla así. Caminaban juntos por el parque, con una cercanía que les hacía olvidar los problemas.

—Me encanta estar contigo, Tanjiro —dijo Shinobu, apoyando suavemente su cabeza en su hombro mientras caminaban.

Tanjiro sonrió, mirando el cielo despejado. —Yo también, Shinobu. Haré todo lo que esté en mis manos para proteger nuestra relación.

Pero en el fondo, Tanjiro sabía que algo más se estaba gestando. No podía sacudirse la sensación de que Kanae no se rendiría tan fácilmente, y eso lo mantenía en guardia. ¿Hasta dónde estaría dispuesta a llegar?

Esa misma noche, Kanae decidió dar el golpe que iniciaría la separación. Se acercó a Tanjiro en los pasillos de la escuela, encontrándolo solo por casualidad. O al menos, eso fue lo que le hizo creer.

Tanjiro, ¿tienes un minuto? —preguntó con su sonrisa habitual, aunque esta vez su voz sonaba un poco más seria.

Tanjiro se giró y asintió, sorprendido por la presencia de Kanae. —Claro, Kanae. ¿Qué pasa?

—Quería hablar contigo sobre Shinobu. —Su tono era grave, y eso inmediatamente captó la atención de Tanjiro.

—¿Sobre Shinobu? —repitió, un tanto confundido.

Kanae se acercó un poco más, invadiendo su espacio personal de manera sutil pero intencionada. —Creo que estás lastimando a Shinobu sin darte cuenta.

Tanjiro frunció el ceño. —¿Qué quieres decir?

—No lo haces a propósito, pero veo cómo la manipulas, cómo la haces depender de ti. Es peligroso, Tanjiro. Ella no lo ve ahora, pero tarde o temprano va a terminar sufriendo por tu culpa. —Kanae hizo una pausa, asegurándose de que sus palabras tuvieran el impacto deseado.

Tanjiro dio un paso atrás, claramente afectado por la acusación. —Jamás haría algo para lastimar a Shinobu. La amo, Kanae, y haré todo lo posible para que sea feliz.

Kanae lo miró con una mezcla de lástima y frustración. —Lo sé, Tanjiro, pero a veces el amor no es suficiente. Estás cegado por tus sentimientos, y eso está nublando tu juicio. Deberías reconsiderar lo que haces antes de que sea demasiado tarde.

Sin decir más, Kanae se alejó, dejándolo con un sentimiento de incertidumbre que no podía sacudir.

Más tarde esa noche, Tomioka seguía luchando con sus propios sentimientos. Mientras caminaba por las calles solitarias, pensaba en lo que Kanae le había dicho. No podía dejar de preguntarse si realmente estaba haciendo lo correcto. Su lealtad hacia Shinobu estaba en conflicto con su amistad con Tanjiro, y eso lo atormentaba.

Finalmente, decidió que debía hablar con Shinobu. Necesitaba escuchar su versión, necesitaba saber si realmente estaba siendo manipulada, como Kanae había sugerido. La idea lo consumía, y sabía que no podría encontrar paz hasta confrontarla.

Al día siguiente, Tomioka encontró a Shinobu sola en la biblioteca. Aún no había mucha gente, y el ambiente tranquilo parecía el lugar adecuado para lo que estaba a punto de suceder.

Shinobu, ¿puedo hablar contigo? —preguntó Tomioka, acercándose.

Shinobu lo miró con sorpresa, pero asintió. —Por supuesto, Tomioka. ¿De qué quieres hablar?

Tomioka se sentó frente a ella, su mirada seria. —Es sobre Tanjiro. Necesito saber la verdad. ¿Te está manipulando?

La pregunta hizo que Shinobu frunciera el ceño, claramente confundida. —¿Manipulándome? No, claro que no. ¿Por qué pensarías eso?

Tomioka la miró a los ojos, buscando alguna señal de duda en su respuesta. Pero lo único que vio fue honestidad. Sin embargo, las palabras de Kanae seguían en su mente, y no podía deshacerse de ellas tan fácilmente.

—Solo... me preocupas, Shinobu. No quiero que te hagan daño —dijo finalmente, con un tono más suave.

Shinobu sonrió levemente, tocando su mano con suavidad. —Agradezco que te preocupes por mí, Tomioka, pero estoy bien. Tanjiro nunca me lastimaría.

Tomioka asintió lentamente, pero la duda aún persistía en su mente. Sabía que debía tomar una decisión pronto, pero por ahora, todo lo que sentía era un conflicto interno que no parecía tener solución.

El plan de Kanae estaba avanzando, y poco a poco, las grietas comenzaban a aparecer. Pero, ¿cuánto tiempo más pasarían hasta que todo se derrumbara por completo?

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Corazones entrelazados: Amores y conflictos en la Escuela KimetsuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora