*Buenos Aires, Argentina.
Era nuestra última noche en Buenos Aires. En teoría, porque la gira continuaba al día siguiente rumbo a Córdoba. Todo estaba listo para seguir adelante: los maletines, las coreografías, los horarios... todo excepto nosotros.
Habían pasado días desde que estuvimos en Brasil. Justin seguía comportándose como si no hubiera nada mal, pero yo sabía que estaba mintiendo. Lo conocía demasiado bien para no darme cuenta. La distancia entre nosotros no solo era emocional, también empezaba a sentirse física.
Me encontraba sentada en el borde de la cama de nuestra suite, el aire acondicionado zumbaba suavemente mientras miraba la pantalla de mi teléfono. Había estado ignorando llamadas y mensajes de Kendall y Kylie, y aunque lo único que quería era hablar con ellas, no me salían las palabras.
La puerta de la habitación se abrió de golpe. Justin entró hablando por teléfono, con Scooter, como siempre. Ni siquiera me miró mientras caminaba hacia el sofá, dejando su chaqueta y la gorra que llevaba puesta.
– Sí, lo sé, Scooter, pero ya lo hablamos –dijo con impaciencia–. Me estás pidiendo que cargue con más de lo que puedo manejar.
Me quedé observándolo, esperando que al menos me dedicara una mirada, pero no ocurrió.
– No, no. Es imposible que baile en la próxima canción, lo discutimos –continuó, apretando la mandíbula–. Mira, si quieres manejar todo como si fuera un maldito robot, hazlo con alguien más.
Justin colgó con un movimiento brusco y finalmente levantó la mirada hacia mí.
– ¿Qué? –preguntó, como si yo hubiera sido quien lo molestó.
– Nada –respondí, intentando sonar indiferente.
No quería discutir. No esta vez.
La conversación que nunca llega
Pasaron unos minutos en completo silencio. Él se sentó en el sofá, revisando su teléfono, mientras yo seguía en la cama, mirando la pantalla apagada del mío. La tensión era insoportable.
– ¿Quieres decir algo? –preguntó finalmente, sin levantar la vista.
– No sé... ¿Debería? –respondí, sintiendo cómo el enojo empezaba a burbujear en mi interior.
Justin dejó el teléfono a un lado y me miró con los ojos entrecerrados.
– No hagas esto ahora, Kelsey. Estoy agotado.
– ¿Hacer qué? –me levanté de la cama, cruzando los brazos–. Porque si no te has dado cuenta, Justin, yo también estoy agotada.
Él suspiró, recostándose en el sofá como si no quisiera escuchar lo que estaba por venir.
– Esto otra vez, ¿verdad? –murmuró.
– ¿Esto? –repetí, alzando la voz–. ¿A qué te refieres con "esto"? ¿A pedir un poco de atención de tu parte? ¿A que actúes como si te importara que estoy aquí?
Justin se levantó de golpe.
– Kelsey, estoy haciendo todo lo que puedo. Estoy tratando de manejar esta gira, mi equipo, la prensa... ¿y tú? ¿Qué haces? ¿Quejarte porque no te doy suficiente atención?
Su tono era frío, pero lo que más dolía eran sus palabras.
– ¿Eso piensas? –susurré, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban con salir–. ¿Que estoy aquí para quejarme?
Él no respondió. En cambio, se pasó una mano por el cabello, claramente frustrado.
– Mira, no puedo hacer esto ahora. No tengo la energía.
– Claro –dije, con una risa amarga–. No tienes energía para mí, pero siempre la tienes para Scooter, para tus fans, para cualquiera que no sea yo.
La conversación quedó suspendida, como si ninguno de los dos supiera qué decir. Finalmente, fui yo quien rompió el silencio.
– Justin... –empecé, con la voz temblorosa–. Creo que no debería seguir en esta gira.
Él me miró, sorprendido.
– ¿Qué? ¿Qué estás diciendo?
– No puedo seguir así –admití–. Me siento sola. Invisible. Y si esto es lo que será nuestra relación, prefiero estar lejos.
Justin apretó los labios, como si estuviera conteniendo algo.
– Tal vez tienes razón –dijo finalmente, con una calma que me rompió en pedazos–. Tal vez esto no está funcionando.
Sentí cómo todo mi mundo se derrumbaba con esas palabras.
– ¿Eso es todo? –pregunté, con lágrimas corriendo por mis mejillas–. ¿Es así de fácil para ti?
– No es fácil, Kelsey –respondió, mirándome fijamente–. Pero siento que nada de lo que hago es suficiente para ti. Y no puedo seguir sintiéndome así.
Esa noche dormimos en la misma habitación, pero no cruzamos palabra. Al amanecer, Justin salió temprano para una reunión con Scooter. Yo me quedé empacando mis cosas, sabiendo que no habría vuelta atrás.
Cuando llegó el momento de partir hacia el aeropuerto, no hubo despedidas ni palabras dulces. Solo silencio.
Mientras el avión despegaba rumbo a Los Ángeles, miré por la ventana, sintiendo cómo mi corazón se rompía en mil pedazos. Había amado a Justin más de lo que había amado a nadie, pero sabía que a veces el amor no era suficiente.
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Damn Jenner (Justin Bieber)
Fanfiction-¿Como le dices a alguien que nunca estuvo que se quede? -El siempre estuvo Kelsey, pero tú nunca lo viste.
