Al final del que se supone que seria el mejor dia de mi vida y que terminó siendo el peor, me encerré en mi habitacion, no salí de ella y menos del agua, permanecí de pie bajo la fria agua esperando que el agua se llevara todo ese horrible y amargo momento pero, al final no pude sacarlo de mi cabeza. No me despedí de nadie, ni siquiera de mi familia. No se en que momento se fueron y no me importa. Ya nada importa ahora.
La puerta se abre, veo a la sirvienta.
—Buenos dias señora D'Angelo. La habitacion esta lista.
Ladeo mi cabeza sutilmente.
—¿Qué... habitación?
—La habitación que comportirá con su esposo, el señor D'Angelo.
Una sonrisa burlona se me escapa. Si, ahora soy la señora D'Angelo, la estupida esposa de ese degenerado que ahora aborrezco y que no quiero ver ni a kilometros. ¿Cómo podré ahora dormir en la misma cama que él cuando no podré soportar las ganas de matarlo?.
La sirvienta me lleva hacia la habitación que ahora compartiré con él. Al entrar lo veo, recien bañado, se coloca su saco azul, noto algo diferente, sus manos, estan vendadas. Se coloca unos guantes de cuero y al levantar su vista nota mi presencia al verme desde el espejo.
Verlo me recuerda a ese ser despreciable asi que desvio mi vista para no verlo a los ojos. No dice nada y menos yo. veo una maleta sobre la cama. La toma y pasa por mi lado derecho.
—¿Vas a salir?. —mis labios se movieron antes de que mi mente formulara las palabras. No me responde. —¿Vas a demorarte?
—¿Importa eso?.
—No.
Escucho sus pasos alejarse y perderse por completo. Me asomo por una de las ventanas del pasillo que dan vista hacia la entrada, lo veo subirse al auto y otros autos seguirlo cuando el suyo arranca y se aleja.
—Señora... ¿no se irían de luna de miel?.
Giro sobre mis talones viendola fijamente.
—La luna de miel es para los que se aman Gabriela, y Alessandro y yo, no nos amamos.
—Señora...
—Gabriela, no digas nada mas, no quiero desquitarme contigo.
Ella guarda silencio y no hace mas preguntas. Escucho unos pasos aproximarse y veo a la prima politica de Alessandro en compañía de otros empleados de la servidumbre.
—No quiero errores, en lo mas minimo, ah, casi lo olvido, quiero que mi habitacion sea otra, quiero la segunda mas grande.
No tiene ni cinco minutos que Alessandor se fue y esta ya parece que es ella la que se acaba de convertir en la señora.
—¿Algun problema? —la soberbia se desborda en su mirada.
Ignoro su existencia y me encierro en mi habitación. No recibo a nadie a excepcion de la sirvienta y asi pase mi tiempo en los proximos dias donde no supe nada mas de él y menos me interesaba saber lo que hiciera su familia politica, Gabriela me dice que debo actuar como la señora de esta casa pero no me interesa, ademas, no creo tener ese poder o carácter para dar ordenes.
Tres semanas encerrada sin importarme nada, escuchaba ruidos abajo, risas hasta la madrugada pero no me importaba, no era mi problema porque despues de todo no soy su esposa solo soy una farsa. Daban las ocho de la noche, cuando escucho mas ruidos de lo normal como si hubiera una fiesta abajo.
Iba a dormir cuando mi puerta fue abierta de golpe. Abro los ojos de la sorpresa cuando veo con sorpresa a mis hermanas.
—¿Beatriz, Cristal?
ESTÁS LEYENDO
Perversión
RomantikTraicionada por su propia familia por amar a quien no debía, huye con el corazón roto... solo para caer en una trampa mortal. Secuestrada por error y encerrada en un lugar desconocido, su única salida parece ser una puerta de hierro que oculta un se...
