Cruel

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Un silencio ensordecedor sea dueño de todo mi alrededor incluso haciéndome olvidar que donde sea que hay en policías debo mantenerme alejado pero no he podido moverme de mi lugar estoy atrapado y no sé qué hacer

Puedo ver cómo los demás que sobrevivieron corren de un lado a otro mientras los gritos desgarradores se adueñan de los sobrevivientes al encontrar a sus acompañantes o familiares entre los restos de lo que queda de los escombros, los bomberos se hicieron presentes en minutos para poder controlar la situación de las llamas y pagar el incendio tanto por tierra como por aire ya que la llamas comenzaban a alcanzar Los árboles que estaban cerca de los alrededores

—¡Señor!

Uno de mis hombres se acerca e intenta sacarme del lugar pero mis pies se han anclado a la tierra. Esperando a que ella aparezca preguntándome si estoy bien para después preguntárle si ella está bien. Pero, lo único que puedo escuchar son gritos desgarradores de dolor y angustia que me erizan la piel.

—¿Está bien señor? —un bombero se me acercó haciendo que me mueva por impulso hacia las llamas comenzando a gritar su nombre una y otra vez —¡Señor no se acerque más!

Llevado por la ira le doy un puñetazo en la cara al bombero para que me quite las manos de encima. Mis hombres me sacan de los escombros y una mujer se me acerca asustada al ver mis guantes destruidos por el calor de los restos al levantarlos esperando encontrarla.

—¡Traigan el botiquín ahora!

Entre varios lograron alejarme del desastre. En shock, solo veo como las llamas se apaciguan lentamente mientras la mujer paramédico de la ambulancia se encarga de quitar los restos de guantes de mis manos que se pegaron a mi piel ya quemada.

—Señor, por dios estas quemaduras.... —cuando sus ojos se encuentran con los míos veo lujuria en sus ojos —Es una suerte que haya sobrevivido y que no tenga lesiones graves.

—Señor, buscamos por todas partes pero solo pudimos encontrar esto. —al reconocer su anillo de bodas mi mundo se oscureció por completo.

—¿En dónde?

—E-En... el dedo anular de un brazo quemado bajo los escombros.

Me llevaron en donde lo encontraron y al ver el cuerpo... algo se apagó dentro de mí como un interruptor. El cuerpo, ennegrecido y retorcido, ya no tenía forma humana. La piel era solo un mapa de grietas y ceniza. Sabía que debía sentir algo como dolor, rabia, desesperación, pero lo único que tenía era una conciencia nítida de los detalles: la curva chamuscada de un brazo, el cráneo donde el cabello se había consumido. Un dato más en un mundo que de repente parecía ajeno.

—Señor, le pido que regrese, aún no termino de limpiar sus heridas de las manos.

—Si no estuvieras retrasando el tiempo buscando la forma de tener algun contacto conmigo, lo habrías hecho hace cinco minutos. —susurró con agriedad.

No había lágrimas, ni gritos, ni siquiera un nudo en la garganta. Solo un vacío seco en el pecho y un ruido sordo en los oídos. El calor residual del cuerpo carbonizado seguía en el aire, como si la piel aún intentara aferrarse a la vida. Supe que era ella porque no había nadie más. Pero aceptarlo... eso era otro asunto

Mi cerebro intentó reducirlo a lógica de que es lo que pasa cuando mueres entre las llamas causadas por una explosión. Un cuerpo expuesto a altas temperaturas se contrae. La piel se vuelve quebradiza. Los músculos se tensan. La muerte es solo una reacción química irreversible de la cual nadie puede escapar. Todo eso lo sabía. Y aun así, al colocarme de cuclillas frente a su cuerpo, mi mano tembló cuando la extendí hacia lo que había sido de Mila, mi esposa.

—¿Alessandro? —mis ojos viajan hacia unos pies que se encuentran a un costado, levanto la vista y veo a Cristal. —¿Qué pasó? ¿Y Mila? —me colocó de pie nuevamente —¿Dónde está mi hermana?

Ni siquiera mi voz es capaz de decirlo, no fluye como siempre lo hace, se desvaneció por completo dictándole a su hermana que esta pasando lo que está pensando por su mente, niega furiosa que no es cierto hasta que los oficiales en compañía de los bomberos y paramédicos ayudan a sacar el cadaver de donde se encontraba pero no pueden, se les dificulta.

—Mila...

El desgarrador grito de Cristal me causa escalofríos, mientras el aire estaba pesado, cargado de polvo y cenizas. La escena ante mis ojos era una nebulosa de caos, como si todo se hubiera desvanecido en un instante. No podía moverme, ni siquiera estaba seguro de estar respirando como si la tierra misma hubiera abierto una herida, quebrada por el terror.

Solo vi su rostro, contorsionado por la desesperación, los ojos tan grandes que parecía que podían explotar de sus cuencas. Vi sus manos levantándose hacia el cielo, buscando algo que nunca llegaría. El sonido era como una condena filosa y mortal

El resto del mundo se desvaneció mientras el grito se repetía, como un eco que retumbaba en mi pecho. La tierra seguía temblando, las manos de los rescatistas tiraban los escombros a un lado, pero todo lo que podía pensar era en el vacío que esa voz dejaba en mí.

La imagen de ella, allí, agachada, con el rostro empapado en lágrimas y el cuerpo temblando, no desaparecía. No era real. No podía serlo.

—Señor, encontramos esta nota en su auto.

"¿Nota?"

La tomo solo para despertar un odio dentro de mi al leer cada letra.

"Pensaste que yo era el ratón, tu presa fácil, ¿verdad? Te equivoqué, y ahora lo sabes. La explosión, el caos... todo fue mi plan. Cada pedazo de destrucción, cada grito que resonó, fue mi obra, mi regalo para ti. Creíste que tenías el control, pero siempre fui yo quien movía los hilos. No te preocupes, no me he olvidado de ti. La próxima vez, no habrá escape. Serás tú el que se convierta en el objeto de mi juego. Pero no te preocupes, te daré una muerte digna de ti, más digna que la de tu pobre esposita"

PerversiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora