¿Suya?

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Mi hermana... que ha hecho. Ella y yo nos vemos fijamente pero yo me encuentro en shock, no puedo procesar lo que mis oidos acaban de escuchar, ¿yo soy su esposa real? ¿no es falso?

—Mila, —me agita para hacerme reaccionar. —Escuchame, Mila. Esta, será la ultima vez que nos volveremos a ver. Al menos por un tiempo.

—¿Qué?

Sonrie como si estuviera orgullosa de mi.

—Sé que podrás hacerlo. —me abraza efusivamente —Cuidate.

Beatriz sale de la habitacion dejandome con él, quiero seguirla pero Alessandro me retiene, su mirada es fria y amenazante. Cierra la puerta con seguro y me lanza sobre el sofa grande. Observo como se quita la mascara que tenia puesta, se acomoda el cabello y limpia su rostro de todo sudor.

Maldice bajo y menciona a mi hermana, puedo ver ahora cual es la razón de su desprecio por mi. Nuevamente noto que aun tiene sus manos vendadas despues de que se quita los guantes de cuero negro.

—¿Qué demonios significa este semejante desorden Mila?. —¿enserio ahora me esta echando la culpa a mi? —Me voy un par de dias y tu...

—¿Yo que? —lo reto a terminar con rabia —¿Eh? Dilo yo que porque según tenia entendido, todo era una maldita farsa. —me rio sarcastica recordando la sonrisa victoriosa de mi hermana —Ahora resulta que todo esta basura es real.

—Creeme que tampoco estoy feliz de que me casara con alguien como tú.

—¿Cómo yo? —repito con un nudo en mi garganta que me hace sentirme aun peor. —Ja, no puedo creerlo —masajeo el cien de mi frente ante la rabia que estoy conteniendo. —Ahora resulta que yo soy la del problema.

—Si.

Trago grueso. Quiero ahorcarlo, estrangularlo por lo muy imbecil que es.

—La que deberia de estar idignada soy yo —escupo con rabia soltando todo mi coraje —Por tu maldita culpa, ahora terminé como Beatriz, casada con un mafioso que se disfraza en medio de la sociedad para que nadie jamas pueda atraparlo, un estupido violador al que ninguna mujer jamas podrá amar, ni siquiera su madre.

Su mano izquierda envuelve por completo mi cuello, me hace retroceder hasta que mi espalda choca contra la pared sacandome un quejido dolor. Sus ojos me miran de la misma forma en que yo lo hago, con odio.

—No pruebes mi paciencia, gorrion. —su mirada se volvió mas oscura por sus pupilas dilatadas. —O de lo contrario tendré que cortarte el cuello. —ladea su cabeza mientras una sonrisa siniestra adorna su rostro. —Ya te he cortado las alas asi que no me tientes a cortarte el cuello.

—Si vas a hacerlo, hazlo. —lo desafio con rabia mientras mis lagrimas salen —Prefiero la muerte que ser la estupida esposa trofeo de un monstruo como tú. Matame porque si no, yo lo haré, te mataré.

—¿Tanto me odias ahora?. —se burla —A quien engañas. Tus labios mienten pero tus ojos no. —se adueña de mi labio inferior y lo muerde hasta hacerme sangrar. —Dices que me odias, pero ambos sabemos que amas a este mosntruo.

La piel se me eriza ante el escalofrio que siento al ver que todo el tiempo lo supo.

—Eso es lo que crees. —limpio la sangre de mis labios con mi lengua. —Porque asi lo quise yo.

El agarre es mas fuerte cortandome la respiracion hasta que me libera. Comienzo a toser, lo fulmino con la mirada. Estaba por hablar cuando escuchamos voces, risas y al tio de Alessandro diciendo que la noche apenas esta empezando.

Abre la puerta, se pone la mascara muy bien y sale, los guardias que cuidaban la puerta lo siguen detrás. Voy con él y ambos vemos a su tio con un grupo de jugadores de apuestas. Si antes estaba furioso ahora esta con el diablo adentro.

—¡Papí! —Luz, la prima de Alessandro ya con una bata corre hacia a su padre. Lo abraza y llora como una niña chiquita —Por favor, ayudame...

—Pero Luz de mi vida, mi niña. —observa a los demas que siguen limpiando —¿Qué esta pasando? —sus ojos ubican a Alessandor junto a mi. —Alex.

Baja las escaleras. Al tener frente a él puedo ver que comienza a ponerse nervioso.

—Oye viejo, date prisa que vamos a comenzar sin ti. —uno de los que venian con el tio de Alessandro lo ve de piez a cabeza —¿Y este? Ah, eres de la servidumbre. Mira, —saca unas llaves —Mi auto esta sucio, lavalo y que quedé...

Alessandro le dispara en la garganta haciendo que todos suelten un grito del susto.

—¿Asi es como cuidarias de la fortuna entonces?.

—Sobrino... —se queda callado cuando la boca del arma esta en la suya. Balbucea pero no se entiende lo que dice.

—Vas a sacar a todos de aquí. No quiero a nadie mas aquí a excepcion de los que estan limpiando. —el asiente de inmediato. otro aparece y le pide que le cuente otra vez como es que logró convertirse en mafioso y eso fue un error. —Traigan a todos aquí.

Bajo de inmediato por la brutalidad que piensa hacer.

—Ales... Alex —recuerdo como lo llamó su tio. —No lo hagas, no es necesario...

—Guarda silencio Mila. —su mirada es aterradora. —No te metas, no lo volvere a repetir.

El guardia con el cual considero mi amigo me aleja de él y me mira fijamente pidiendome que no interfiera. Uno puede ser pero hacer toda una masacre va mas alla de los limites que conozco, ni Damian es tan salvaje y cruel

Sus hombres trajeron a un grupo de cinco hombres que venian con su tio. Tambien a los que estaban limpiando desnudos por orden mia. Me libero del agarre de mi escolta cuando escucho el llanto de las mujeres y hombres que estan aquí por culpa de la bruja de su prima

—Alessandro, por favor, no lo hagas. Ellos no tienen la culpa—suplico —No...

Mi voz se corta cuando el primer disparo rompe el silencio, un grito desgarrador lo sigue, y luego otro disparo y otro. El eco de las balas golpea mi pecho como un martillo. Mis oidos zumban, las detonaciones me ensordecen y los gritos se convierten en coro de horror que me perforan el alma. El olor a polvora y sangre comienza a invadir el aire. Quiero meterme en medio pero mi escolta me lo impide sin inportarle mis gritos. Mis ojos ven como todos caen uno por uno hasta que todo queda en silencio

Un silencio tan pesado que me aplasta mientras mi corazón late freneticamente en el vacio. Solo queda el eco de mi suplica, perdida en el abismo infinito que hay en sus ojos que observan con deleite la masacre que acaba de hacer.

El odio en mi comienza a crecer, no se si es un odio hacia a él por lo que es realmente u odio a mi misma por amar a un montruo como Alessandro, un monstruo que es capaz de matarme si vulevo a provocarlo.

Lo empujo furiosa pero detiene al sujetarme de los brazos. Escucho como su familia grita que los suelten hasta que desaparecen por completo. Me obliga a verlo a los ojos al tomarme de la barbilla.

Sonrie de una forma perversa.

—Esto, es lo que soy. Ahora, vas a cumplir con tu papel Mila.

—Sueltame. —me sujeta con firmeza —¿Según tú cual es mi papel?

Como un maldito costal me carga sobre sus hombres, grito rabiosa que me baje pero no lo hace hasta que llegamos a nuestra habitación. Me lanza sobre la cama, me da la espalda y se encamina hacia la puerta poniendole el seguro.

—¿Q–Que haces?.. —comienzo a asustarme. —No... vas a hacerlo.

—El papel de toda esposa es darle herederos a su esposo, asi como tu hermana lo sabia y hizo con Phoenix. —comienza a quitarse la camisa y a desabrochar su cinturon —Ahora es tu turno.

PerversiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora