Intrusa

5.6K 250 10
                                        

"Maldito descarado"

Me acomodaron en una silla de terciopelo frente a un enorme espejo, rodeada de luces que parecian de camerino de estrella de cine.
Todo se movió mas rapido: llegaron estilistas, asistentes, y la dueña del lugar.

No se molestaron en preguntarme nada a mi; todo lo consultaban con Alessandro. Aunque al principio me molestó, pronto me di cuenta de que fue lo mejor. No entiendo ni una palabra de italiano, y él lo domina con una facilidad irritante.

"¿De que me quejo? Él es italiano depues de todo"

—Muy bien. —Una voz detrás de mí me hizo sobresaltarme, seguida de un par de manos firmes sobre mis hombros. —Te dejaremos hermosa. Prometo que serás el centro de atención de todos.

—¿Habla mi idioma?

—Claro cielo. Por algo soy la dueña, ¿no?

La mujer me miró con una sonrisa confiada mientras señalaba mi cabello.

—Haremos que esos ojos brillen con el maquillaje perfecto, y que tu cabello luzca aún más hermoso con unas ondas sueltas.

"¿Vestido? ¿Ondas?"

Mis ojos se desviaron al espejo. Alessandro estaba en el fondo de la sala, siendo atendido como si fuera un rey como siempre.
Su porte era imponente, y aunque intentaba ignorarlo, mi mirada volvía a él constantemente, atrapada en cómo cada movimiento suyo parecía calculado.

Negarme no era una opción. Accedí, aunque todo esto estaba tan lejos de mi estilo que me sentía como una muñeca en manos ajenas. Los estilistas trabajaron durante horas, cada segundo sintiéndome más como una extraña en mi propio cuerpo.

Finalmente, me dejaron sola. Alessandro ya no estaba a la vista, así que decidí buscarlo. Caminé entre los pasillos revisando cada lugar con mis ojos, pero me detuve al escuchar voces femeninas que no estaban hablando en italiano.

—¿Cómo no admirar al bombón que es el hermano de la chica? —dijo una con emoción.

Otra rió. —Está como Dios manda.

"¿Hermano?"

—Señora, ¿cree que podría acercarme a su hermana para conseguir algo con él? Si logro acercarme podría cambiar mi vida porque se nota que es de familia rica.

Me quedé desconcertada, mi sangre se congeló. ¿Hermano? ¿De verdad Alessandro había dicho eso? ¿Qué diablos estaba tramando ahora con esto?

Lo vi aparecer al fondo del pasillo, hablando por teléfono. Sus pasos eran firmes, su expresión imperturbable. Podria jurar que tenia un aura imponente pero oscura. Reacciono y me acerco furiosa, exigiendo una explicación.

—¿Hermano? ¿En serio?

Alessandro levantó un dedo, pidiéndome silencio mientras seguía hablando por el celular. Esa arrogancia fue la gota que colmó el vaso. Sin pensarlo, le di una patada en la rodilla, provocando que soltara el teléfono maldiciendo furioso.

Su reacción fue inmediata. Me tomó del cuello y me estampó contra la pared, su mirada cargada de furia me examina mientras me inmovilizaba.

—No vuelvas a sobrepasarte...

No lo dejé terminar. Sin pensarlo, cerré la distancia entre nosotros y lo besé. Mordí su labio inferior con fuerza, sintiendo un ligero sabor a sangre. El sabor metalico me abruma pero lo saboreo. Se apartó de mí, sorprendido, llevándose los dedos al labio.

—¿Disculpe? —La dueña del salón apareció, claramente en shock por la escena. —¿Está todo en orden?

—Sí. —respondí rápidamente, antes de que Alessandro pudiera hablar. —Solo estaba agradeciéndole a mi hermano por su generoso regalo.

PerversiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora