—¿Estas segura que no me vas a extrañar? —se adueña de mi cintura, manteniendo esa sonrisa cautivante al mirarme fijamente con una ternura que me dio escalofríos. —Si quieres puedes venir conmigo.
—Seria un estorbo para ti. —me excuso —Tú vete tranquilo, aquí estaremos cuando vuelvas. —acaricio su pecho haciéndolo bajar la guardia —Solo no te demores mucho.
—Prometo volver lo mas pronto posible.
Mis ojos no lo pierden de vista hasta que el auto desaparece por completo junto a sus escoltas, me aseguro de que no haya nadie cerca y menos mi hijo a quien por cierto sigo sin decirle que soy su verdadera madre.
Llevo una manta en mi antebrazo, bajo las escaleras que me llevan hasta aquel hombre. Al verlo una vez mas después de tres días desde que lo encontré, no lo he visitado porque el extraño con el que me casé no me dejaba sola, como si supiera que había descubierto la verdad.
Noto algo diferente en él, frunzo el ceño al ver que tiene cortadas profundas en sus muñecas y rostro. Su cuerpo demuestra que solo es un cascaron vacio. Levanta su cabeza, inclinándola un poco al ver mis pies y sus ojos que no tenían vida reflejaron un brillo, un brillo extraño como si su ángel hubiese aparecido para salvarlo.
—V–Volviste. —susurra con dificultad.
—Te sacaré de aquí.
—Pero él... si se entera... te matará.
Su cuerpo desprende un hedor horrible como a putrefacción, pese a eso lo ayudo a ponerse de pie. No deja de hablar que me matara, que estoy muerta por ayudarlo pero me limito a hablar porque ni siquiera puedo creer que esto esta pasando.
Recupere, mis recuerdos, de quien soy solo para descubrir que él hombre que amo, no es Alessandro, que este ni siquiera sabe quien soy y que no sé a quien amo realmente porque no conozco su identidad.
Lo dejo sobre la silla, de mi habitación vieja. Iba a cerrar la puerta cuando veo que mi hijo se asoma pero me interpongo para que no vea lo que esta pasando.
—¿Qué hace? —es muy curioso, algo normal a su edad.
—Voy a ducharme. —acomodo su cabello rubio con ternura sintiendo al mismo tiempo el punzante dolor que me desgarra el alma —Ezra. ¿Por qué no vas abajo y le pides a Vane que te de del helado que trajo ayer?
—¿Es de Vainilla? —asiento —¡Siii!
Al verlo salir corriendo aseguro la puerta y noto la mirada de.... «Dios... que es esto. Es Alessandro, ¿y él?»
—¿E–Es tu hijo?
—Nuestro hijo. —frunce el ceño confundido. —Se supone que estoy casada con Alessandro D'Angelo. —un enorme nudo se me forma en la garganta, ni siquiera puedo continuar. —Pasaron muchas cosas, así que será mejor que lo que digas sea creíble y contundente porque de lo contrario...
—Ya veo. —baja su mirada, observa sus manos sucias y sus uñas llenas de suciedad —Así que estoy casado. Que dicha que sea un ángel tan hermoso como tú.
Ahora me siento peor porque tiene razón, si es verdad lo que dice, legalmente soy su esposa y no de...
—¿Por qué? ¿Por qué?... dios —masajeo mi frente con la yema de mis dedos ante la frustración.
—¿Lo amas mucho verdad?
Quería llorar, juro que si quería hacerlo pero tuve que reunir toda mi fuerza y orgullo para no hacerlo aunque por dentro esté hecha pedazos.
—Habla ya.
—¿Vas a matarme para salvar al hombre que amas.?
Una pregunta mortal para mi, ¿enserio voy a salvarlo por encima del hombre que amo?. ¿enserio lo haré?.
—Te prometo esto: Si realmente eres Alessandro... yo,... te ayudaré a devolverte lo que te pertenece.
—¿Crees poder hacerlo?. No lo digo porque seas mujer si no...
—Yo me encargo de eso —respondo tajante —Ahora habla.
A medida que habla, hay piezas que encajan perfectamente en el rompecabezas que es la vida inestable del hombre que conozco como Alessandro. Los orígenes de su familia, cosas intimas de sus padres, la muerte de sus hermanos por enfermedades del corazón que por suerte el no padece.
El silencio es dueño de toda la habitación, es incomoda, pesada porque ciertamente hay cosas que si son ciertas pero también cosas que desconozco como por ejemplo, el chico que conoció en la adolescencia que era parecido a él. Ese chico era lo apuesto a él, rebelde, tenía ese aire a peligro que él deseaba, sabia defenderse de otros, tenia libertades que él no podía tener por ser el único heredero de los D'Angelo. Se hicieron "amigos" y cuando bajó la guardia se durmió durante una fiesta, al despertar ya se encontraba encadenado y eso fue hace 20 años cuando tenían 15 años.
—Una vez... quise escapar, lo había logrado, pero terminé acorralado en su lugar favorita, esa habitación.
—¿Esa? —repito confundida.
—En donde tortura a sus juguetes. —murmura, su voz tiembla —Había una chica... la tenia encadenada. Ahora que lo recuerdo... era parecida a ti. —mis recuerdos me hacen recordar aquel día, mi boda. —Quise aprovechar mi escape porque escuché de otros que se celebraba una boda. —claro, todos estaban distraídos así que seria el momento perfecto para huir sin que se diera cuenta. —En ese momento quise ayudarla, pero al pensar en el tiempo que estuve encerrado... lo que me haría cuando descubriera que escapé... pensar en todo eso me retraso y fue cuando llegó. Entró furioso maldiciendo a una tal Beatriz y Mila. —nuevamente los pinchazos que perforan mi corazón se enguellen mas profundo de mi alma. —Estaba tan furioso que...
—Por favor... —callo cuando mi voz tiembla —Continua.
—Le habló a la chica que tenia secuestrada. Le dijo:
"Ya eres inservible para mí. Mis planes se fueron a la mierda por tu culpa serpiente estúpida, lo único que tenias que hacer era aprender a ser ella, Mila, pero eres tan estúpida que ni eso pudiste hacer bien, inútil perra, no tienes sus ojos."
Mi cuerpo se petrificó. Todo dentro de mi se rompió como un maldito cristal, todo se detuvo como si el mundo hubiese dejado de girar, un frio horrible recorrió cada rincón de mi cuerpo. Una lagrima se me escapa al encajar todo.
—¿Q–Que?... —suelto una risa quebrada mientras mis pies me llevan a la ventana que da al jardín. —Él...
—Él iba a arrancarle los ojos porque era lo único que no pudo... —guarda silencio al verme a la cara. —Él.... Iba a suplantarte también.
—No. —murmuro incrédula de que sea cierto, no lo acepto —Él no sería capaz...
—Yo crei que era mi amigo, que quería ayudarme, pero... al final solo me estaba usando, fingió preocuparse por mi, fingió ser mi hermano que siempre estaría a mi lado como si fuéramos uno, jamás iba a pensar que lo quería tomar mi lugar. —no quiero seguir escuchándolo. —A ti si no pudo matarte antes fue por una razón, no creo que sea como una fabrica de bebes, seguramente esconde algo y es por lo que sigues viva.
«Mi vida, ahora es tuya Mila.»
Empuño mis manos rabiosa, llena de impotencia y dolor sin creerlo, presiono mis ojos conteniendo mis lágrimas, mi rabia y el dolor que me desgarra por dentro como si fuera una fiera furiosa y hambrienta. Si... el hombre que dijo amarme, que me pidió nunca dejarlo, nunca abandonarlo, quiso matarme, reemplazarme, así como lo hizo el verdadero Alessandro.
—Seguramente piensas que te ama, pero solo piénsalo un momento y decídelo, su comportamiento, sus acciones, porque alguien como él, es incapaz de sentir amor por alguien más.
ESTÁS LEYENDO
Perversión
RomanceTraicionada por su propia familia por amar a quien no debía, huye con el corazón roto... solo para caer en una trampa mortal. Secuestrada por error y encerrada en un lugar desconocido, su única salida parece ser una puerta de hierro que oculta un se...
