Miedos

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EZEQUIEL

—Amigo, ¿enserio tienes que volver?

—Claro que si. Hermano, es el cumpleaños de mi hijo, no me lo perderia por nada del mundo.

—Hermano que bien oculto te lo tenias. —palmea mi espalda mientras la observa salir ya lista para volver a casa. —No solo es la mejor de todas las agentes fantasmas si no tambien es la mejor esposa. que fiera.

—Si que lo es. —ladeo una sonrisa al admirarla. —Nos vemos en un mes.

La espero sentado sobre el capó del auto. Al terminar de despedirse noto la ansiedad en sus ojos por volver a casa. me sonrie con la mirada haciendome sentir en verdad muy afortunado.

Al llegar a casa le entrego nuestras identificaciones antes de viajar por nuestras merecidas vacaciones. Mi hermana nos recibe y un pequeño a pasos torpes camina hacia ella quien sin dudar lo carga llenandolo de besos. Se lo quito por un momento para consentirlo tambien pero ella se queja y me lo vuelvo a quitar sacandome la lengua.

—Bienvenido mugroso. —me golpea con el puño en el brazo sutilmente. —Por la cara que traes me doy cuenta que te fue bien con mi cuñada en el viaje de trabajo.

—Negocio cerrado, bolsillo lleno. —se rie al ver el dinero que tengo para ella. —Gracias por cuidarlo. —beso su frente —¿Tienes comida? Morimos de hambre.

Un banquete nos espera en el comedor. El almuerzo fue sensacional no cabe duda, ella me dice que tengo algo en la mejilla y me lo quita al limpiarlo. Suspiro haciendo que mi hermana se burle de mi.

Al terminar de limpiar ella y yo nos quedamos solos, la abrazo por la espalda besando su mejilla, sonrie fascinada porque ama que haga esto pero sigo y bajo hasta su cuello.

—Oye... —se rie —Aquí no. Tu hermana puede aparecer.

—¿Y que? —la hago girar para tenerla de frente —Eres mi esposa y ahora quiero que tu me consientas.

Se rie haciendo que la ame más.

—Zeki... —sigo besandola para ceda —Estuve hablando con los demas sobre el expediente espectro al cual renunciaste —me alejo de golpe cuando lo menciona —Mi amor, seria una oportunidad para que puedas ascender. —le doy la espalda al sentir el amargo sabor de mi boca al recordar a Alessandro. Sus manos rodean mi cuerpo y acaricia mi pecho —Cariño, solo piensalo. Seria un gran avance para ambos. Podriamos enviar Ezra a una escuela prestigiosa donde podria desarrollarse mucho mejor en el futuro.

—¿No crees que es muy pronto para pensar en eso? —apoyo mis manos sobre la barra del comedor —Apenas cumplirá tres años en tres meses.

—Yo sé... pero quiero que él pueda...

—Mara —giro sobre mis talones observando sus ojos que siempre obtuvieron mi atencion aquella pizca de azul en color verde de su iris. —Estamos aquí para descansar. —fuerzo una sonrisa —Y no quiero hablar de trabajo.

—Bien. —entre cierra sus ojos y sonrie —Solo digo que seria una gran victoria para ti, incluso podrian ascenderte a director de la central de Londres. Seria un gran comienzo para nuestra familia.

—Lo pensaré. —acaricio su mejilla sonrojada. —Por ahora, solo quiero disfrutar mi timepo junto a mi esposa e hijo. —ella me sorprende con un beso. —¿Y eso porque fue?.

—Por ser el mejor esposo y padre. —vuelve a besarme —Siempre has visto por mi y por Ezra asi que yo quiero hacer lo mismo.

Observo la pequeña cicatriz en su frente. Es lo unico que quedó de aquel dia.

—No me duele. —ladea una sonrisa al notar mi preocupación.

—¿Aun no recuerdas nada?.

—No. Y la verdad que ya no me importa recordarlo. Porque... soy muy feliz, contigo. —me besa con ternura. —mi hermana llama a Mara por lo que ella me deja solo en la cocina —No te muevas —se regresa —Ya vuelvo.

Jamas podria volver con Alessandro. El fue claro con su advertencia. Me matará si vuelve a ver mi cara y no pondré a mi familia en peligro, jamas. Jamas dejaré que me arrebaté lo que tanto amo.

Dejamos a nuestro pequeño durmiendo mientras nosotros dabamos un pequeño paseo por el parque, amaba esto, no lo cambiaria por nada del mundo, tengo la esposa perfecta que lucha a mi lado y se preocupa por mi. Por ella, seria capaz de todo.

—¿Quieres un helado? —iba a sacar mi cartera pero ella me detiene —Yo invito.

Me rio en rendicion porque siempre quiere tener el control y se lo concedo. La veo alejarse y acercarse al camion de helados, observo el paisaje mientras ella llega hasta que mi atencion vuelve a ella cuando grita mi nombre con terror, al girar veo a varios hombres que reconocí de inmediato.

—Hola jefe.

—Micael.

Me taparon la cabeza con un saco y siento como me arrojan adentro de algo, al mismo tiempo que escucho a mi esposa gritar. El auto se pone en marcha a toda velocidad escuchando el rechinar de las ruedas como si fuera una persecucion.

El tiempo parece detenerse, mi corazon no deja de latir de forma frenetica al saber que me encontró y que será el fin de mi vida. me mude en muchas ocaciones con mi familia para que le fuera imposible encontrarme pero,... al final, me encontró.

Siento cuando me arrojan al suelo, mi parte izquierda del cuerpo recibe el impacto haciendo que me queje. Me quitan el queño saco de la cabeza para encontrarme con aquellos gelidos y frios ojos azules del italiano pero hay algo diferente esta vez, ya no posee esa falsa y carismatica sonrisa que lo caracterizaba.

Estabamos en medio de la nada, cerca de los pantanos donde solo encuentran cadaveres.

—Ciao di nuovo Ezequiel.

—Alessandro. —mi respiración pesa como si ya sintiera la bala que atravesara mi corazón o el cien de mi frente. —Vorrei dire la stessa cosa, ma ti ingannerei.(quisiera decir lo mismo pero te estaria engañando) —su mirada es sombria. —Quindi... sei tornato per matenere la tua promessa, ¿giusto? (Entonces... regresaste para cumplir tu promesa, ¿verdad?.

—Nunca dejo cabos sueltos. —las cicatrices de sus manos me recuerdan al dia en que se las infligió por haber lastimado a Mila cuando la tomó por la fuerza el dia de la boda. —Y tú, eres uno. —la boca del arma se encuentra en mi corazón. —Il tradimento... si paga con il sangue (la traicion se paga con sangre).

El caos a mi alrededor se congela en un instante. No sé de dónde ha salido, no sé cómo lo ha hecho, pero ahí está. Mi esposa. Mara.

Se mueve con la precisión de una sombra, con la elegancia de un depredador que ha calculado cada uno de sus pasos antes de atacar. El mafioso ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Un momento está erguido, seguro de su poder, y al siguiente, la fría hoja de una daga se desliza contra su cuello.

—Si mi esposo muere, tú también morirás —susurra ella, con una calma tan afilada como el filo de su arma. —Asi que yo lo pensaria dos veces ahora.

Puedo ver la tensión en los ojos del bastardo, y el miedo dentro de mi por el leve tic en su mandíbula cuando traga saliva. Nadie lo había tocado así antes. Nadie había logrado acorralarlo. Pero ella no es "nadie". Es un fantasma entrenado para cazar monstruos como él.

Yo debería decirle algo. Debería decirle que se aleje, que es peligroso. Pero solo puedo mirarla y sentir el miedo latente gritandome que pasaria tarde o temprano por no dejaria las cosas asi de facil y mas ahora que la perdió.

PerversiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora