Lucifer

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Su mirada, es vacia como un pozo oscuro y profundo donde no hay absolutamente mas que oscuridad. Retrocedo con cada paso firme que da hacia a mi hasta que no puedo retroceder mas porque me aprisiona contra la prision de la chica. Levanta su mano izquierda y envuelve mi cuello con facilidad ejerciendo demasiado presion que me corta la respiración.

—Esposa mia.... —su voz tiene un filo mortal que me causa temor —No deberias estar buscando lo que no se ha perdido. —frunce el ceño cuando la chica encadenada intenta gritar pero el pedazo de cuero que le cubre la boca se lo impide. —Silencio zorra. —me petrifico cuando veo sacar un puñal, cierro los ojos esperando el ataque pero este nunca llegó —Estoy hablando con mi linda... esposa.

Abro los ojos y al voltear mis ojos se inundan de lagrimas al ver que le cortó la garganta. Mis piernas flaquean, tiemblan como dos geltainas mientras veo como la vida de esa chica pasa por mis ojos hasta que deja de moverse.

Mis labios tiemblan, mi voz desapareció porque quiero gritar pero no puedo hacerlo. Me toma de la barbilla con rudeza que lastima obligandome a verlo a los ojos. Pasa el filo del puñal ensangrentado por mi mejilla derecha esperando una respuesta de mi parte.

—Tal parece que mi lindo gorrión quiere ser enjaulado.

—Alessandro...

—Shh.... —me silencia con su dedo indice sobre mis labios —¿Que te parece si consumamos el matrimonio aquí... justo ahora?.

—¿C–Cual matrimonio? —intento sonar segura y relajada pero mi miedo es mas grande y tartamudeo —Este matrimonio es una farsa ¿lo olvidas?.

La sonrisa ladeada que forman sus labios es demasiado siniestra y torcida.

—Te tengo noticias, cariño. —sus palabras se vuelven mas pesadas y sombrias. —El matrimonio, es real.

Un frio aire se adueñó de la habitación, tan frio que podria jurar que salia humo al respirar. No puedo hacer mas que soltar una risa divertida pensando que es una estupida mentira suya para volver a estar conmigo cuando habia prometido no volver a tocarme.

Se aleja de mi manteniendo esa mirada juguetona pero siniestra, su rostro enmarcado por una mandibula afilada y unos pomulos prominenetes lo hacen aun mas peligroso. Esa sonrisa burlona casi inexistente en su rostro me hiela la sangre, esta pasando algo que yo no sé.

—¿Qué esta pasando?.

Sus ojos glaciales que parecen dos espejos que reflejan la muerte misma, no, en realidad ellos reflejan mi muerte, mi final, estan vacios de compasión, llenos de un frio muy calculador. ¿Qué pasa? Es como si fuera aquel bastardo que conocí, el maestro del caos disfrazado de orden.

—Quitate el vestido.

Frunzo el ceño confundida. Sus ojos levemente se cierran un poco y luego todo pasa muy rapido. Lanzó el puñal a centimetros de mi rostro. bajo la cabeza lento y veo como mi cabello, el que cuidé por muchos años para tener tan largo como el de mis hermanas, pequeños mechones caen sobre la sangre seca del suelo. Mis ojos buscan los suyos, un error que me dejo sin alma al sentir que estoy frente a un demonio.

"¿Nunca se ha preguntado porque al señor D'Angelo le dicen Lucifer?"

La pregunta que me hizo la sirvienta que el e dio ahora me taladra la cabeza haciendome entender que esta es la razón por la que se ha ganado ese apodo en el bajo mundo. No necesita repetir su orden, con solo una mirada pone a cualquiera a obedecer mientras el miedo te hace rezar por tu salvación.

Mis manos buscan el cierre del vestido. Su penetrante mirada sigue cada movimiento mio. El vestido cae al suelo dejandome semidesnuda, la lenceria blanca no es suficiente para protegerme del frio que habia en la habitacion.

—Date la vuelta.

—Alessandro... por favor... esto deberia ser especial.

Su silencio es mortal asi que no tuve mas opcion que obedecer. Su mano nuevamente se adueña de mi cuello jalandome hacia atrás, me asfixia dolorosamente. Siento su respiración, esta cargada de odio como si fuera un dragón.

—Te prometo que nunca vas a olvidar este dia Mila.

Mis ojos se llenan de lagrimas porque pude sentir el odio latente y filoso en cada letra.

—Por favor.... Aquí no.

Mi cuerpo tiembla cuando me empuja tumbandome sobre el cuerpo de la chica boca abajo. Siento la penetracion que me hace morder mis labios de dolor por la rudeza y cureldad, me quejo, lloro y me escucha pero no le importa. Mis lagrimas salen sin parar mientras veo como los ojos de la chica muerta estan viendome, juzgandome por esto.

El agua recorre mi cuerpo. No se como describir esto, no se como me siento porque ni siquiera estoy segura de estar sintiendo algo. Es como si mi cuerpo estuviera aquí, pero mi mente... no. Mi piel arde, no de dolor fisico, si no de algo mas profundo, algo que no sé como arrancar.

Hay un peso en mi pecho, como si el aire se negara a entrar. Respiro, pero no siento alivio, estoy vacia, rota en lugares que ni siquiera sabia que existian. Quiero gritar pero el sielncio me devora. Quiero llorar pero las lagrimas no salen.

El mundo a mi alrededor parece mas oscuro y frio cuando antes pensaba que habia una pequeña luz de felicidad, pero... esa pequeña luz fue opacada hace unas horas atras por la oscuridad que lo rodea a él, cada sombra parece mas grande y amenzante

La rabia me carcome por dentro, un fuego que arde bajo la superficie. Rabia contra él, contra mi misma por no haber podido detenerlo. La rabia se mezcla con la impotencia que siento justo ahora y eso es peor porque sé que no puedo cambiar lo que pasó, me siento como si me hubieran robado algo, algo que nunca podré recuperar.

—Señora. —dos golpes —Señora, ¿necesita algo?

Si,... si necesito algo, borrar de mi cabeza lo que acabo de sufrir. Los recuerdos me atormentan, me golpean la cara cruelmente sin anestecia. Alessandro... el hombre que creia amar y que podria conquistar... me violo, lo hizo con un cadaver debajo de mi cuerpo.

PerversiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora