ALESSANDRO
Una espina no deja punzarme por dentro. Le he llamado a Cristal pero no me responde. La peliroja me golpea las costillas al pasar a mi lado, me advierte por el cominucador minusculo de mi oido para que sea discreto porque estan comenzando a sospechar de nosotros.
El aire dentro del hotel se siente espeso para mi gusto, cargado de una tensión sutil que solo yo parecezco notar. Me obligo a mantener la compostura, a seguir el papel que estoy interpretando con Mara, quien actúa con soltura y calma, apoyando una mano en mi brazo como si realmente fueramos un matrimonio. Pero en el fondo, la ansiedad bulle dentro de mi como una tormenta contenida, enroscándose en mi pecho y apretando mi garganta.
Mi pulso es errático, un latido tras otro en un ritmo desenfrenado que choca contra mis costillas como un tambor que anuncia la guerra. La frustración es una bestia que ruge en mi interior mientras escaneo el vestíbulo con la mirada, esperando, ansiando verla. Pero no está. No está en ninguna parte
El sudor se acumula en la palma de mis manos. La incertidumbre se convierte en una presión insoportable en mi pecho. ¿Y si estoy en el lugar equivocado? ¿Y si llegué demasiado tarde? El miedo intenta abrirse paso, pero te obligas a enterrarlo. No. Ella está aquí. Tiene que estar aquí.
—¿Estas segura de que aun no completado su mision?
—No. —me mira con dulzura y seducción fijamente, sus manos se entrelazan con las mias. —En la base de datos decia que tenia hasta esta semana para completar su mision de matarlo.
—Ezequiel tiene suerte de tenerte como esposa. —aflojo la corbarta de mi traje fingiendo estar cansado —De lo contrario ahora mismo estaria muerto, meter a mi esposa en una maldita organizcion para que ella misma me cazara.
Ella no me presta atencion, Mara se inclina levemente hacia mi, su mentón apuntando con discreción hacia la recepción.
—Es ella —susurra sobre mis labios.
Mi respiración se entrecorta.
Sigo la dirección de su señal y, en el instante en que mis ojos la encuentran, el tiempo se detiene, se me dificulta respirar, no, es como si no pudiera hacerlo.
Mi mente se queda en blanco por un segundo, como si mi sistema nervioso entero hubiera colapsado bajo la magnitud de la sorpresa. Y luego, como un relámpago, un torrente de emociones me sacude el cuerpo
Mila.
Pero no es la chica de 19 años que recuerdo. No es la joven que una vez se enredaba en mis brazos con facilidad, la que reía sin preocupaciones y me llevaba la contraria todo el tiempo. Es diferente. Su cabello castaño sigue allí, pero es más corto, enmarcando su rostro con una precisión que hace que sus facciones resalten de una forma que nunca antes habías notado. Pero hay algo más... algo fuera de lugar.
Lleva una máscara.
No una física, sino una emocional. Su expresión es serena, profesional, completamente ajena a la chica que conoci. Es un papel bien interpretado, casi perfecto. Casi.
Porque mis ojos no se equivocan.
Siento el anhelo expandirse en mi pecho, una fuerza primitiva e incontrolable que me deja sin aliento. Mi corazón da un vuelco y luego otro, tambaleándose entre la incredulidad y la necesidad urgente de acercarme a ella.
Mi sonrisa se ensancha, lenta, inevitablemente.
No puedo apartar los ojos de ella.
Es ella.
Y aunque el tiempo la ha cambiado, aunque la vida la ha moldeado en algo distinto, sigue siendo Mila, mi esposa. Sigue siendo la única persona capaz de hacer que mi mundo entero se tambalee con solo existir.
ESTÁS LEYENDO
Perversión
Roman d'amourTraicionada por su propia familia por amar a quien no debía, huye con el corazón roto... solo para caer en una trampa mortal. Secuestrada por error y encerrada en un lugar desconocido, su única salida parece ser una puerta de hierro que oculta un se...
