Mi cuerpo tiembla y reacciona sin que me diera cuenta porque de pronto ya estaba aferrandome al brazo de Alessandro con miedo de que sea cierto lo que esa perra acaba de decir.
—Mientes. —gruñe como si estuviera conteniendose. Su sonrisa crece ampliamente al ver que logró enfurecerlo. —Eres la segundo enemigo que conoce mi identidad. Pronto, sabrás porque me llaman Lucifer.
—¿Qué?... —sus labios tiemblan al hablar —Eres... ese.. Lucifer.
—Será mejor que te escondas maldita cucaracha —la sonrisa torcida de Alessandro es siniestra y mas que diabolica. —Porque el dia que te encuentre, lameras mis pies mientras suplicas piedad. —Ahora, corre pequeña rata, corre y busca el agujero mas oscuro porque no importa en donde te escondas, te voy a encontrar. Nadie, toca lo que me pertenece. Tik, tok,... tik tok.
La mujer me mira a mi y luego a él, retrocede, levanta sus brazos y dispara haciendo un eco entre nosotros, caigo sentada y desconcertada observo mi brazo derecho herido. Ella salió corriendo junto con sus hombres aprovechando la distraccion dejando caer la memoria que tenia en sus manos en su intento de huida. La veo tirada en el suelo pero no soy yo quien se mueve a recogerlo.
Cuando vuelve junto a mi traia un pedazo de tela consigo. Mis ojos lo ven fijamente mientras observo que asegura la herida de bala en mi brazo. Lo escucho decir que la bala salio por suerte, su voz es una melodia hermosa para mi hasta que reacciono quejandome cuando aprieta mucho mi herida. Observo la usb en el suelo. Quise quitarselo pero solo terminé quitandole una de los guantes llevandome una sorpresa que me dejó helada.
Sus manos... su manos estan completamente quemadas, rojas. Mis ojos se clavaron en su mano derecha haciendome olvidar el hecho de lo que posiblemente me hicieron, y por primera vez, sentí un escalofrío recorrer mi columna. No era el Alessandro que conocí. Sus dedos, antes firmes, impecables y letales, ahora estaban cubiertos de cicatrices rojizas y piel quebrada, marcas que no estaban allí la última vez que las vi sin esos guantes.
La piel quemada se estaba regenerando, pero el daño aún era visible, una prueba de algo que no quería imaginar. ¿Qué demonios le había pasado? ¿Quién había sido lo suficientemente insensato como para intentar destruirlo... y cómo había sobrevivido?
Quise tocarlo, sentir el calor residual de aquellas heridas, pero algo en la forma en que sus nudillos se tensaban me advirtió que no lo hiciera. No temía por mí, temía por él, por lo que significaban esas cicatrices.
Alessandro nunca había sido un hombre fácil de quebrar. Entonces, si alguien había intentado consumirlo con fuego y él aún estaba aquí, con esa sonrisa torcida y esa mirada gélida... significaba que había regresado de un infierno peor de lo que podía imaginar.
—Alessandro...
Sus manos se conviertieron en una prision para mi cuando me atrae hacia su pecho. Helada por lo que esta pasando me quedo inmovil sin saber que hacer.
—Hay que irnos a casa. —su voz es gentil, suave. No es la misma de siempre. —No dejen que los hombres escapen.
—¿Y la mujer?
—De ella me encargo yo. —inclino mi cabeza hacia arriba. Una leve sonrisa es notoria en sus labios. —Lasciatela andare. ma sparargli agli arti può essere piuttosto divertente e degno di un serpente pericoloso come lei. (Dejala ir. Pero, dispararle en las extremidades puede ser algo divertido y digno de una serpiente peligrosa como ella).
Mi corazón galopa sin control. No se que hacer... siento algo dentro de mi que me hace sentirme feliz, segura que lo que haya pasado ya no importa porque solo importa este justo momento donde solo somos él y yo.
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Perversión
RomanceTraicionada por su propia familia por amar a quien no debía, huye con el corazón roto... solo para caer en una trampa mortal. Secuestrada por error y encerrada en un lugar desconocido, su única salida parece ser una puerta de hierro que oculta un se...
