Dominio

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MAGNUS

Aquella noche, volví para decirle la verdad de quien era realmente y de que era hora de mudarnos... pero, jamás esperé que ella lo descubriera y menos que me disparara, creía que me odiaba en ese momento en que lo hizo hasta que pude ver en sus ojos el miedo y el horror de lo que había hecho. Lo que pasó, fue algo que me hizo gracia, el problema era que si me veían herido y con ella sujetando el arma, la matarían y eso es algo que no iba a permitir. Esa noche venían acompañándome alguien especial, mi madre. Por esa razón, le dije que huyera, pero jurándole volver con ella.

Esa noche la presentaría como mi esposa ante mi madre pero si ella veía que me había disparado, la hubiese matado sin pensarlo porque ella es una mujer que siempre tiene el control de todo, su presencia es imponente desde el momento en que llega a un lugar haciendo que se convierta en el centro de atención a donde sea que vaya. Ella habla con seguridad con una voz firme y pausada y a veces... creo que suele ser algo sarcástica por no decir despectiva con quienes considera inferiores.

Protegerla fue mi prioridad en ese momento así que le tuve que hacer creer que la odiaba, causarle miedo y terror antes de que mi madre llegara. Mila es y siempre será mi prioridad junto a mi hijo, es por lo que me importa una reverenda mierda si mis manos se manchan con la asquerosa sangre de cualquiera insecto que los lastime, nadie, absolutamente nadie queda impune ante esa insolencia, ni siquiera este bastardo el cual hace mucho tiempo le tenia guardada una lenta, pero dada las circunstancias, se le adelanto su fecha de caducidad. Solo espero que, con esta lección, su hijo aprenda a respetar y sobre todo... que y su familia conozcan cual es su lugar.

—Señor... ¿Cómo pudo romper las leyes? —cuestiona uno de los invitados mi acción. —Lo que hizo va en contra de las reglas.

—Yo soy quien hace y rompe las reglas. —arrastro las palabras haciéndole notar a todos que estoy a punto de perder mi paciencia. Me pellizco el puente de la nariz. —¿Alguien mas tiene algo que decir de mi mujer y mi hijo? —Enderezco mi postura esperando que alguien más hable pero todos evitan verme a la cara —Entonces. Que la fiesta continue. —endurezco mi mirada —Ya. Ah, casi lo olvido, nadie, absolutamente nadie puede irse antes de las diez de la noche.

El chico es tomado de los brazos por su madre y este solloza. Todos los demás se alejaron y fingieron como si nada hubiese pasado. Ordeno que saquen el cadáver de aquí y se lo echen al poso de los cocodrilos.

Me encamino de nuevo a la casa, Mila esta a mi lado, no dice nada, se mantiene en silencio. Abro el grifo para lavarme las manos hasta que ella las toma antes meterlas al agua. Frunzo el ceño al ver que su vestido se estropeo y sus manos se mancharon de esta asquerosa sangre. Observa mis manos con fijeza sin decir nada hasta que mueve sus labios intentando articular cada palabra

—¿Tan importante soy para ti?

Sus pulgares acarician mis nudillos. Inclina su cabeza para verme a los ojos, ella es una mujer de estatura normal podría decirse, bueno, 1.56 para mi lo es. Mis hombros se pusieron rígidos ante la intensidad de su mirada, sus ojos verdes siguen poseyendo esa pizca de azul cerca de sus pupilas haciéndolo tan bello e hipnótico, una mirada frágil pero peligrosa para mi.

—¿En verdad me amas tanto?. —Asentí con la cabeza varias veces seguidas. Mi cuerpo se estremece cuando sus manos se deslizan por mi pecho. Sus manos se enredan en mi cuello quedando de puntillas —Magnus. —se ve tan pequeña a mi lado, tan frágil que podría jurar que la rompería si la abrazo con demasiada fuerza. —Lo que siento por ti... es algo que no puedo ni siquiera describir.

La sensación de sus labios me dan una calidez que me hace bajar la guardia. Son suaves y dulces, tan adictivos que no puedo contenerme para profundizar el beso. La atraigo a mi al sentir que no esta lo suficientemente cerca de mi, la sostengo de la cintura alzándola para sentarla sobre el encimero, Mila abre las piernas y las enrosca en mis caderas como si fuera un ancla, el beso se carga de emociones, de intensidad, puedo sentir el éxtasis de su cuerpo cuando nuestras lenguas chocan luchando por el control, la vibración de nuestros cuerpos cuando sentimos nuestro calor incrementar haciendo que la ropa ya sea un estorbo.

PerversiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora