Me arde el pecho. Como si algo dentro de mí se retorciera con cuchillas calientes, como si el aire que respiro fuera un castigo mortal, un maldito castigo que me está torturando. El tiempo se deshace frente a mí como arena en las manos, y con cada segundo que pasa, se acerca lo inevitable: el momento de decidir quién de los dos vivirá. Y aunque me duela «Dios, cómo duele» sé que lo correcto es quitarle la vida.
Lo amo... o al menos, amo lo que creí que era. Esa idea, esa ilusión de hogar, de pertenencia, de refugio. Pero la verdad se arrastra entre nosotros como un veneno lento, revelándome que ese hombre que susurraba mi nombre por las noches, que me miraba con ojos de tormenta y deseo... no existe. Era un disfraz. Una máscara perfecta. Detrás de ella, hay un mafioso, un impostor, un desconocido.
El miedo es una soga apretándome el cuello. La agonía, una puñalada constante bajo las costillas que me revuelve el estómago haciéndome querer vomitar y aborrecer cada plato de comida que me es servido. Me aterra pensar que cuando llegue el momento no tenga la fuerza para hacerlo, o peor, que lo intente... y fracase.
Pero debo hacerlo, tengo que, porque él es peligroso. Porque no es mío. Y yo tampoco soy suya. Es perverso, mas de lo que pude imaginar.
Mi cuerpo tiembla. No por el frío, sino por el peso de la decisión que llevo clavado en los huesos. Matar al hombre que alguna vez me dio paz, aun sabiendo que puede ser él quien termine con mi vida en el intento. Pero si no lo hago, otros morirán. Personas inocentes. Quizá yo también.
Y esa es la ironía más cruel de todas: que, para salvarme a mí y a los que me importan, primero tengo que destruir lo poco que queda de lo que alguna vez creí real. El aire pesa. Pesa tanto que cada bocanada que entra en mis pulmones me quema, como si el mundo quisiera obligarme a escupir la verdad que no quiero aceptar. El momento se acerca, ineludible, inevitable. Y aunque el amor me destroza, aunque el corazón me grita que no lo haga, sé que es lo mejor. No solo por mí. Por todos.
Me engañó con su risa, con su tacto, con sus silencios que creí íntimos y no eran más que pausas calculadas. Y aún así, duele. Duele como un veneno que corre lento, cruel. Porque, aunque no es mío, no lo es en realidad... hay una parte de mí que se resiste a soltar lo que nunca me perteneció.
Mis piernas tiemblan, mis manos sudan, y mi pecho se retuerce con la angustia. ¿Cómo se sobrevive a esto? A la traición, a la desilusión, al amor podrido que me sembraron sin permiso.
El reloj avanza y la noche estaba cayendo, el atardecer es una prueba de ello. La elección se avecina. Y yo, rota, confundida, desgarrada... tengo que aceptar que no somos el uno del otro. Nunca lo fuimos. Mis lagrimas no dejan de salir, me arde el pecho, me quema por dentro, la cabeza parece que me va a explotar, no puedo dejar de llorar, no puedo parar aun sabiendo que está más cerca, que está por llegar.
¿Por qué? ¿Por qué me hizo esto? Si tan solo me hubiera dicho la verdad, si tan solo hubiese confiado en mí, no me vería obligada a hacer esto, pero... él jamás me vio como alguien de confianza, jamás me amó, solo fui y seré para él una pieza mas que utilizarpa hasta que su juego finalice y ya no le fuera útil. Si!... me duele demasiado, pero es lo que iba a pasar, se iba a deshacer de mi tarde o temprano.
—Mila.
Su voz me petrifica, me eriza cada vello de mi piel, no se como reaccionar o que decir. No me di cuenta en qué momento había llegado los autos y eso es porque me encontraba sumergida en mi mente debatiéndome en lo que era correcto y en el amor podrido que siento por el hombre que se encuentra a mis espaldas.
Mi cuerpo se estremece cuando sus manos acarician mis brazos en un suave sube y baja. Su nariz se entierra en mi cuello mientras sus manos bajan lento hasta sujetarme de las caderas apegándome aun mas a su cuerpo cortando cualquier distancia entre nosotros.
ESTÁS LEYENDO
Perversión
RomansaTraicionada por su propia familia por amar a quien no debía, huye con el corazón roto... solo para caer en una trampa mortal. Secuestrada por error y encerrada en un lugar desconocido, su única salida parece ser una puerta de hierro que oculta un se...
