Demonio

7.2K 306 12
                                        

Se sienta a la orilla de la cama, con la postura relajada. Parece poseer una elegancia relajada que contradice la brutalidad que desprende cuando tiene que defenderse.

Este tipo tiene la presencia de alguien que sabe que tiene todo bajo control.

La habitación iluminada por la tenue luz de una lámpara, parece volverse más pequeña con él en el centro de todo. Con un gesto casual, llama a la mujer quién parece no necesitar más que esa orden muda para actuar, y ella obedece con una sonrisa sumisa casi devota que hace que mi estómago se revuelva.

Sin vacilar, desabrocha su pantalón y lo baja, revelando su erección. Tragó saliva con fuerza, incapaz de apartar la mirada.
Lo vi y fui incapaz de maldecír tenía la garganta atorada con algo.

No se vale que un hombre como él cargue algo así entre las piernas. Eso.. era grande y enorme. ¿Eso... si existe?

Mi primer instinto no fue correr esta vez. No. Fue tragar saliva y pensar en todas las cosas que juré que nunca me despertarían lujuria por un enfermo como Alessandro. Pero ahí estaba, viendo su pene fijamente pensando en que si me penetra, me va a partir en dos la matriz y eso... mierda, eso me está gustando y lo peor es que esta mirándome como si ya supiera que iba a abrir las piernas, aunque escupiera fuego por la boca.

¿Qué diablos es esto que siento? Es deseo, sucio, denso que me está mojando la entrepierna.

Ese hombre no era bueno. Pero yo tampoco. Y ese pedazo de infierno que tenía colgando... me hablaba con cada movimiento que hacía pidiéndome ceder y que lo deje entrar en mi.

¿Qué está pasando?. Quiero reaccionar y no seguir viéndo. Mis pensamientos se vuelven confusos entre la incredulidad y la incapacidad de procesar lo que tengo frente a mí. Es grotesco, vulgar pero también hipnótico de una manera que odio admitir.

La mujer lo toma en sus manos con una experiencia que me hace sentir incómoda en mi propia piel. Su lengua traza un camino lento, mientras sus ojos se fijan en él como si no existiera nada más en el mundo. Lo ve con fascinación.

—Oh Dios, nunca en mi vida había visto un pene tan grande.

"Vaya que si"

La mujer intenta meterlo todo a su boca pero lo saca al darse cuenta que no puede.

—¿Puedes o no con él?

—Es que... me puedo ahogar, es muy grande, es demasiado mi señor.

—Solo has tu trabajo.

Alessandro gime, inclinando la cabeza hacia atrás, y mi cuerpo reacciona involuntariamente. El calor sube por mi cuello hasta enrojecer mis mejillas. No esto no está bien. Pero no puedo apartar la mirada, por más que lo intente no puedo hacerlo. Hay algo crudo y salvaje en la escena, algo que despierta una parte de mí que no sabía que existía.

Hoy sus manos, grandes y fuertes, se enredan en el cabello de la mujer, guiándola con rudeza mientras embiste su boca. Sus gemidos son guturales, casi animales y cada sonido que emite parece retumbar en mi pecho. Mi respiración se acelera y mi mente queda en blanco, no por placer, sino por la confusión que se apodera de mí. Me siento como una espectadora de un ritual prohibido.

Ni siquiera me da un respiro, le embiste la boca sin piedad y ella parece pedir ayuda porque en verdad se ahoga y son breves los segundos que la deja respirar ya que nuevamente se la mete en su boca tratando de meterla por completo.

El clímax llega cuando Alessandro la suelta, y su semen mancha el rostro de la mujer quien parece extasiada como si le hubieran dado el mejor regalo del mundo. Sonríe complacida y utiliza sus dedos para limpiar los restantes antes de chuparlos con una devoción que me revuelve el estómago. No hay vergüenza en sus movimientos, sólo una extraña sensación de orgullo que me resulta incomprensible.

PerversiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora