Reflejos del alma

3.1K 152 16
                                        

Mis ojos lo observan fijamente sin creer que en verdad haya sido capaz de decirme que su vida me pertenece. Anoche, ancohe vi al verdadero Alessandro, ese que ablando mi corazón y me hizo recordarlo todo en segundos, no me suelta como si tuviera miedo de que fuera un sueño.

"o una pesadilla"

Se dio cuenta de mi confusion y de mis lagrimas que se escurrian por mis mejillas mientras lo veia fijamente, me abrazó con fuerza, no dejó de besarme y cuando llegamos a casa hicimos el amor no una, si no varias veces hasta que nos quedamos dormidos, recuerdo todo, absolutamente todo incluso cuando Ezequiel me dijo que era un enfermero que queria saber mi estado actual para despues llevarme a esa academia donde me entrenaron hasta la muerte. Incluso aquella noche en la que encontré a Alessandro desaliñado en esa celda. Nuestra boda, mi encierro, el sexo que tuvimos, y tambien cuando empecé a amarlo.

Ver a este hombre rubio dormir a mi lado y recordar al hombre que encontré en esa celda me hacen darme cuenta que en verdad ha cambiado mucho.

—¿No deberia ser yo quien te admire dormir?.

Abre sus ojos, me sonrie con la mirada mientras acomoda unos mechones de mi cabello detrás de mi oreja.

—Es el siglo 21, los tiempos cambian.— ladeo una sonrisa. —Voy a bañarme.

—¿Quieres que te acompañe?

—No. Ya tuve mucha accion anoche.

Entro al baño hasta que siento una palmada en mi trasero, giro encontrandome con Alessandro.

—Eso fue infantil.

—¿Enserio? —vuelve a estallar su mano en mi trasero —Entonces lo seguiré haciendo.

Me roba un beso haciendome reir cuando siento sus manos sobre mis senos.

—Un poco más —pide entre besos —¿Qué dices? Un ratito.

Me rio porque parece un niño.

—Ok, un ratito.

Mis pies se detienen cuando escucho la voz de mi hijo, la ansiedad aparece y siento miedo. Me perdí dos años completos de su vida, dos años esenciales para ambos. Se da cuenta de mi miedo y Alessandro me dice que será a mi ritmo.

—De verdad me vas a comprar ese auto tía. —su voz esta llena de felicidad.

—Yo no... pero si le dices a tu papá, claro que puede considerarlo.

—Mi papá...

—El rubio cariño, él es tu padre, nunca lo olvides.

—Oh... ¿y mi mami? ¿no esta con él porque?

—Eso no lo sé, pero tu mamá esta mas cerca de lo que crees.

—¿Sabes quien es?

Interrumpo la conversación al entrar primero, Alessandro toma asiento y le sirven el desayuno, me siento lejos de él haciendo que me mira como si cuestionara lo que estaba haciendo.

Lo ignoro al comer en silencio pero de vez en cuando veo al pequeño hacerle muchas preguntas a Alessandro entre ellas algo que me revolvió el estomago y que me incomodó mas de lo que imaginé.

El pequeño se fue corriendo y la rubia morena lo siguió detrás gritandole que no corra. Se da cuenta que he dejado de comer, fuerza una sonrisa que salio mas torcida y llena de disgusto haciendo que quiera abandonar el comedor.

—¿Me odias?. —fue su pregunta.

—No. —respondí. —Solo... necesito tiempo.

—Cristal se fue con mi hijo, no sé donde está pero estoy seguro de que Phoenix tiene algo que ver en esto.

—¿Acaso te interesa tenerla aquí? —elevo una ceja.

—No, pero Pietro es mi hijo, su lugar es conmigo.

—Ella es su madre. —cuestiono molesta. —¿O es que quieres que viva lo mismo que nuestro hijo esta viviendo ahora mismo con su madre?

Pude ver que se disgustó con lo que dije, no queria seguir discutiendo asi que mejor me fui a caminar para despejar mi mente y relajarme con todos los recuerdos que flotan en mi cabeza como si fuera un manantial. Camino por cada habitacion admirando, tocando y sintiendo la sensación hasta que veo la misma habitación, aquella que Alejandro cuida demasiado.

Me aseguro de que no haya nadie cerca, intento una vez mas abrir la puerta y lo logré a la primera, entro de inmediato y le pongo el seguro para no levantar sospechas, la reviso con los ojos cuidadosamente y noto algo que despetó mi interes, hay un solo libro sobre la meza.

"La divina comedia"

Esta descuidado, pero...

—¿Y esto?

En el estante veo que no hay polvo como en el resto de los libros, solo en ese pequeño espacio, pongo el libro en su lugar pero al empujar veo que el estante se movio hacia adentro como si una puerta se hubiese abierto.

Entro a la habitación pero vi unas escaleras hacia abajo, con la linterna que encontra en la esquina de la entrada principal alumbro mi camino que me llevó hasta una sola puerta, una puerta vieja y oxidada que se abre por fuera, un cerrojo de barra.

Abro la puerta y enfoco la habitacion con la luz de la linterna, hay alguien delgado en un rincon, alguien sucio, cabello largo rubio al igual que su barba, es una maraña, un desastre que vivie en medio de ratas que entran y se van por los aguros pequeños de las esquinas.

—¿Quién... anda ahí?. —se cubre la cara, no, se cubre los ojos con su antebrazo izquierdo. —¿Eres... tú?.

Reconocí el acento italiano.

—¿Qué es este lugar? —me cubro la nariz y boca al sentir el hedor nauseabundo, con un gesto de asco observo las heces en una esquina. —Que asco, dios.

—Oh... —sus ojos se abren me sorprendo al ver sus ojos azules, son hermosos como el cielo. —Un angel...

—¿Quién eres tú? —pregunto curiosa.

El hombre se levanta del suelo con dificultad, se tambalea al caminar hacia a mi.

—Por favor.... Sacame de aquí. Él.. me tiene aquí desde mis quince años, no he visto a mi familia desde entonces. —mi rostro se desencaja —Por favor, busca a mi padre, dile que un impostor ha estado haciendose pasar por mi.

—¿Por ti? —un horrible sentimiento se adueño de mi pecho, algo por dentro me desgarró el estomago. —¿Eres hermano de Alessandro D'Angelo?.

—Yo... soy Alessandro. —mis piernas flaquean al escuchar esa voz suave, quebradiza, apenas un susurro salido de unos labios pálidos, casi enfermos, que lo dijo con tanta serenidad que dolió aún más. —Yo... soy el verdadero Alessandro, ese hombre... es un impostor.

Mis oídos zumbaban. Quise reír. Quise golpear algo. Pero me quedé quieta, con las manos heladas, la garganta cerrada y el corazón palpitando a un ritmo que dolía tanto que queria sacarme el corazón del pecho. Lo miré, ese hombre que parecía a punto de romperse, todo huesos, mirada vidriosa, como un espectro escapado del pasado. No podía... no quería creerlo.

Porque si él era Alessandro... entonces, ¿quién demonios era el hombre que me abrazó por las noches? ¿El que me miraba con esos ojos llenos de deseo, de ternura? ¿El que sabía cómo calmar mis tormentas? ¿El que susurraba mi nombre pidiendome siempre estar a su lado con tanta convicción que lo creí sin dudar?

—Estás mintiendo... —musité, pero mi voz salió rota, traicionándome.

El hombre se quebró frente a mi en llanto como un niño desgarrandome la garganta.

—Yo soy Alessandro... yo lo soy.

La traición se deslizó por mi pecho como un puñal caliente. Me sentí estúpida, usada, engañada. Todo lo que creía real se tambaleaba, se desmoronaba sobre mi caoticamente.

La rabia vino después, espesa y ardiente, golpeando mi estómago, mis puños temblorosos, mis ojos llenos de lágrimas contenidas. 

PerversiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora