Memorias

3.7K 186 8
                                        

ALESSANNDRO

El sonido de su voz se me hizo familiar, su mirada desafiante aun mas, staba perplejo admirando a la mujer que me mira con furia, dispuesta a matarme si le hago algo a su esposo. Ladeo mi cabeza, la giro un poco para voltear hacia atrás y ver a quien una vez, le confie mi seguridad y la de Mila.

—No sabia que tenias esposa.

—Las cosas han cambiado desde hace tres años para mi. —sus hombres me retienen cuando intento ponerme de pie —Por favor, dejala ir, si quieres matarme hazlo, no voy a oponerme pero a ella dejala ir.

Siento el filo del arma cortar mi piel causandome un pequeño hilo de sangre desbordarse por mi cuello lentamente. Ella se ve dispuesta a matarme, no lo va dudar, esa tenacidad… me encanta.

—¿Acaso no le temes a la muerte? —pregunto, esperando que dude por que aun no se da cuenta que esta acorralada.

—Si le temeiera, no estaria aquí. —presiona la daga con mas fuerza —Porque habria de temerle a un simple hombre o es que ¿acaso eres mejor que todo el mundo?

—Oh si, claro que lo soy —respondo. Enarca su ceja derecha —Soy el mejor.

—Pues no lo creo. Llegué a ti con facilidad y ahora, tu vida esta en mis manos…

Con un giro brusco de mi muñeca, atrapo su mano antes de que pueda reaccionar, torciendo su agarre lo suficiente para que la daga se desprenda. Cae, pero no le doy oportunidad de recuperarla. Mi otra mano se mueve rápido, sujetándola por la muñeca y girándola con fuerza. Su cuerpo se arquea contra el mío, luchando por liberarse, pero ya es tarde.

En un solo movimiento, la jalo hacia mí, desestabilizando su centro de gravedad. Su espalda queda pegada a mi pecho por un segundo, el tiempo justo para que sienta mi respiración en su cuello antes de que la gire bruscamente y la derribe contra el suelo.

Cae con un golpe seco, pero en sus ojos no hay miedo… solo furia. Y eso solo me enciende más.

—¿Decias cariño?.

Ladeo una sonrisa gozando este momento. Hacia mucho que no me divertia.

—No me llames cariño estupido.

El dolor estalla en mi frente antes de que pueda reaccionar. Su cabeza impacta contra la mía con una fuerza brutal, nublándome la vista por un segundo. “Maldición”.

Aprovecha mi distracción como una experta. Antes de que pueda estabilizarme, sus piernas se enroscan alrededor de mi cuello y brazo en un movimiento rápido, preciso, letal. Su cuerpo es una trampa, una jaula de acero que me inmoviliza sin esfuerzo. Intento zafarme, pero su agarre se cierra con más fuerza, cortándome el aire.

—¿Creíste que sería tan fácil? —su voz es un susurro peligroso, apenas un aliento contra mi piel. —Te equivocaste, cariño.

Entonces siento el frío del metal en mi mejilla. Mi propia arma. Me la ha arrebatado sin que lo note, y ahora la presiona contra mi rostro con una sonrisa oscura.

Estoy atrapado. Pero, joder… nada en su expresión me dice que haya ganado todavía.

—Ahora, dile a tus hombres que liberen a mi esposo, de lo contrario, moriras con nosotros.

Deleitado de este momento levanto mis manos en rendicion, aceptando su amable petición. Mis hombres liberan a Ezequiel, se pone de pie y la llama y es ahí que aprovecho este intante en que su atención vacila, apenas un segundo, pero es suficiente. Aprovecho la distracción y tenso cada músculo, girando mi cuerpo con un movimiento explosivo. Me deslizo bajo su agarre, forzando su equilibrio hasta que su centro de gravedad se quiebra.

PerversiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora