El Omega rubio camino hasta llegar a la mesa donde estaba sentado ese mariachi que a diario lo veía cenando con sana, su compañera, otra mesera, una Omega.
Pero esta vez el alfa estaba solo, Jimin tenía demasiada curiosidad por ese mariachi, siempre...
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El día de año nuevo, Jimin decidió trabajar, últimamente no dormía bien, se la pasaba pensando en soluciones, soluciones para lo que no tenía solución.
El Omega empezó a sentirse vacío, incompleto, y sin ganas de nada, y de igual modo sentía que Yoongi se enfadaría de la situación por la que estaban pasando, y terminarían mal.
Lo que menos quería el Omega era eso, no quería terminar mal con Yoongi, para su “Desgracia”, el Omega se dio cuenta de que estaba profundamente enamorado del Alfa.
Un amor tan profundo que le dolía en el alma, un amor tan grande que haria cualquier cosa para verlo feliz.
Ese día hubo una pequeña posada en el restaurante, ya que casi no asistían clientes, cerraron temprano y todos los empleados tuvieron su cena de año nuevo.
Yoongi le había enviado mensajes, pero Jimin no había contestado a ninguno, no tenía ánimos para mantener una conversación con él.
Al parecer había ido a trabajar unas cuantas horas en el mariachi de Mario, o eso leyó en el último mes de que Yoongi le envío, y unas cuantas fotos.
Jimin comió un poco, tampoco tenía ánimos de beber nada, podía escuchar a sus compañeros reírse entre ellos, y comentar lo buena que estaba la comida que caballero les llevaba siempre.
El Omega Rubio no sabía por qué no se permitía disfrutar del momento, todos estaban de verdad felices, y él quería compartir esa felicidad.
Aida lo miró a lo lejos, se acercó para llevarlo a un lugar apartado, Jimin la siguió, fueron a la bodega, siempre estaba solo.
Aida miró a Jimin de pies a cabeza, no cabía duda que el Omega Rubio era hermoso, pero últimamente siempre estaba ojeroso, se veía más delgado, no tenía ese brillo que siempre traía a todos sonriendo.
-¿Qué te pasa niño?- preguntó directamente, se imaginaba que era lo que estaba pasando, pero aun así quería escuchar lo de él.
-ni siquiera Yo sé que es lo que tengo- se desahogó, tenía muchas ganas de decírselo a alguien, quien mejor que Aida.
-ya no eres el mismo que llegó, no me gusta verte así- Aida lo miró como una madre a su hijo, le tenía demasiado aprecio al Omega Rubio, se había ganado su cariño.
-Yo solo sé que me siento vacío- los ojos de Jimin se aguaron, Aida lo entendió, había problemas en el paraíso.
- sácalo - la alfa se acercó a abrazarlo, y el Omega se sostuvo de ella, dejo salir las lágrimas una tras otra.
Jimin había necesitado demasiado desahogarse, se sentía solo, deprimido, y estaba luchando en contra de sus emociones.
Aida lo apretó entre sus brazos, ella sabía que tarde o temprano eso pasaría, pero no se lo iba a recalcar, podía ver que la situación le dolía demasiado.