La vibración de un celular debajo de la almohada hizo que Jimin empezara a despertarse. Se estiró antes de contestar, pero no tuvo tiempo porque la llamada terminó.
Levantó la almohada para mirar su teléfono. El reloj marcaba las 7:30 de la mañana. Pudo ver una llamada perdida de Yoongi en su pantalla y el corazón se le apretó un poquito.
El celular empezó a vibrar de nuevo; dejó de sonar unas cuantas veces hasta que contestó.
-¿Hola? -contestó nervioso. Tenía miedo de que el alfa le dijera que no iba a poder acompañarlo para despedirse.
-Holi, estoy afuera -contestó el alfa en tono normal, con esa voz ronca que Jimin amaba.
-Voy. -El omega terminó la llamada y corrió al baño.
Se lavó la cara y después los dientes. Sus ojos se veían demasiado hinchados, pero no podía hacer nada. Salió rápidamente a recibir al alfa, pero este seguía dentro del auto.
Se acercó y tocó la ventana con la mano. Yoongi le hizo una señal para que entrara y así lo hizo. Jimin se sentó en el lado del copiloto, mirando al alfa.
-Buen día -saludó el alfa, sonriendo como pudo. Jimin sonrió y no pudo aguantar abrazarlo.
Rodeó su cuello con los brazos y escondió la cara en su cuello. Era incómodo abrazarlo de ese modo en el auto, pero nada se lo impediría, como nunca lo hizo. Nunca nada le impedía abrazar a su mariachi.
Yoongi lo rodeó con sus brazos por la cintura. El alfa cerraba los ojos mientras apretaba los labios. Había necesitado ese abrazo; ambos lo habían necesitado.
-Ven, acomódate aquí -habló el alfa. Quería que se sentara en sus piernas como siempre y Jimin lo hizo.
-Como en los viejos tiempos. -El omega sonrió, pero hundió su rostro de nuevo en el cuello del alfa. Quería seguir oliéndolo hasta que ya no pudiera.
-Como siempre -Yoongi suspiró.
Era tan difícil querer pensar que no era la última vez que iban a estar así. Para ambos era demasiado dolorosa la situación, y tratar de ocultar los verdaderos sentimientos de tristeza era lo más difícil.
Estuvieron en silencio por varios minutos. El alfa sintió la humedad de las lágrimas del omega en su cuello. Él también quería llorar, pero debía ser fuerte; debía dejar que el omega tomara sus propias decisiones.
No quería influir en que se quisiera quedar. Quería lo mejor para el rubio, aunque por dentro se lo estuviera llevando el diablo.
Yoongi apretó sus brazos alrededor del cuerpo del omega, escuchando sus sollozos y los temblores de su cuerpo por el llanto.
-Todo está bien -escuchó la voz ronca de su alfa, y eso hizo que llorara con más fuerza. Ya no lo podía evitar. Quería llorar, quería sacarlo todo, y qué mejor que con el dueño de su corazón.
Los minutos pasaban lentamente y en ese auto blanco solo podían escucharse los sollozos del omega rubio.
Yoongi hizo que Jimin sacara la cara de su cuello para poder mirarlo a los ojos. El omega no quería y regresaba a esconder su rostro en el cuello de su alfa.
-Mírame, bonito -pidió casi con súplica. Jimin no quería, pero obedeció. Lo miró a los ojos; los ojos negros del alfa brillaban.
Yoongi sentía tanta pena de ver brillar los ojos azules tan hermosos de Jimin, pero más odiaba ser la causa de su sufrimiento. No quería ser egoísta, pero tampoco quería dejarlo ir.
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El Mariachi - YoonMin
Fiksi PenggemarEl Omega rubio camino hasta llegar a la mesa donde estaba sentado ese mariachi que a diario lo veía cenando con sana, su compañera, otra mesera, una Omega. Pero esta vez el alfa estaba solo, Jimin tenía demasiada curiosidad por ese mariachi, siempre...
