-¿Qué haces? ¡Basta! ¡Apártate de mí!
Ese tío gritaba como una chica, y Sally se acercó para ayudarlo.
-¡Déjalo en paz!
Justin se apoyó contra el Vanquish para disfrutar del espectáculo.
-¡Mis gafas! -chilló Monty-. ¡Cuidado con mis gafas!
Se hizo un ovillo para protegerse cuando Castora le arreó un mamporro en la cabeza.
-¡Fui yo quien pagó esas gafas!
-¡Para! ¡Déjalo! -Sally cogió la cola de Castora y tiró de ella con todas sus fuerzas.
Monty se debatía entre proteger su bien más preciado o sus preciosas gafas.
-¡Te has vuelto loca!
-¡Todo se paga! -Castora intentó darle otro sopapo, pero no acertó.
Demasiada pata.
Sally tenía buenos bíceps y lo demostró cuando tiró de nuevo de la cola con todas sus fuerzas, pero Castora había tomado ventaja, y no pensaba retirarse hasta ver correr la sangre.
Justin no había visto una pelea tan divertida desde los últimos treinta segundos del partido contra los Giants la pasada temporada.
-¡Me has roto las gafas! -lloriqueó Monty, apretándose la cara con las manos.
-Pues prepárate. ¡Ahora toca tu cabeza! -Castora volvió a la carga.
Justin hizo una mueca de dolor, pero al final, Monty recordó que tenía un cromosoma en alguna parte y con ayuda de Sally se las arregló para empujar a Castora a un lado y ponerse en pie.
-¡Voy a denunciarte! -gritó como un llorica--. Voy a conseguir que te arresten.
Justin no pudo soportarlo más y se acercó.
Con los años, había visto suficientes grabaciones de sí mismo como para saber la impresión que causaba su caminar pausado, así que se irguió cuan alto era, exhibiendo su larga y ominosa figura, con el sol arrancándole destellos a su pelo dorado.
Hasta los veintiocho años había llevado pendientes de diamantes en la oreja porque le gustaba chulearse, pero aquella etapa ya había pasado y ahora se conformaba con llevar sólo un reloj.
Incluso con las gafas rotas, Monty lo vio y se quedó pálido.
-Tú has sido testigo -lloriqueó el poetucho-. Has visto lo que me ha hecho.
-Lo único que he visto -dijo Justin con acento arrastrado-, fue otra razón más para que no te invitemos a nuestra boda.
- Se situó al lado de Castora y, pasándole un brazo por los hombros, miró cariñosamente esos sorprendidos ojos violetas-. Voy a tener que pedirte perdón, cariño.
Debería haberte creído cuando me dijiste que este William Shakespeare de pacotilla no merecía que le dieras explicaciones.
Pero no, tuve que convencerte para venir a hablar a este pobre hijo de perra. La próxima vez, recuérdame que confié en ti. Sin embargo, estarás de acuerdo conmigo en que deberías haberte cambiado de ropa antes de venir, tal y como te sugerí.
No creo que nuestra extravagante vida sexual sea de la incumbencia de nadie.
Castora no parecía el tipo de mujer a la que se podía sorprender con facilidad, pero al parecer él lo había logrado, y para ser un hombre que se ganaba la vida con las palabras, la verborrea de Monty parecía haber caído en dique seco.
Sally apenas pudo emitir un graznido.
-¿Vas a casarte con Blue?
-Nadie está más sorprendido que yo -dijo Justin encogiéndose de hombros con modestia-. ¿Quién podía imaginar que me aceptaría?
¿Y qué podían replicar ellos a eso?
Cuando Monty finalmente recuperó el habla, comenzó a lloriquearle a Blue sobre el CD de Bob Dylan, que Justin suponía que sería una más que probable copia pirata.
Monty pareció venirse abajo tras oír eso, pero Justin no pudo resistirse a hurgar en la herida.
Cuando el poetucho y Sally se subieron al coche, se giró hacia Castora y le dijo en un tono lo suficientemente alto como para que oyeran sus palabras:
-Vamos, cielito. Vayamos a la ciudad para comprar ese diamante de dos quilates que demostrará a todo el mundo que eres la dueña de mi corazón.
Hubiera jurado que oyó gemir a Monty.
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Juego de Seducción.
RomanceSrta. Bailey... Usted estará en mi cama... Por siempre. -Sr. Bieber... ¿ y si usted cae en la mía y se enamora primero? -Do you love me? -Yes... -Game Over.
