Capitulo 18.

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Ella masculló por lo bajo y se puso a revolver en el maletero del coche.

Justin sacó su maleta y la bolsa azul marino de Blue.

Ella cogió una de las cajas que contenía su material de trabajo y, sin dejar de mascullar, lo siguió a la entrada.

Él hizo los arreglos pertinentes con el vigilante de seguridad del hostal para que le echara un vistazo a su coche y se dirigió a recepción.

Castora caminó a su lado.

A juzgar por la música en vivo del bar y la gente que llenaba los locales del vestíbulo, el hostal Los Buenos Tiempos era el lugar de encuentro de la noche de los sábados de ese pequeño pueblo.

Justin observó las cabezas que se giraban a su paso.

Algunas veces pasaba un par de días sin que nadie lo reconociera, pero esa noche no ocurriría eso.

Algunos se le quedaron mirando sin disimulo.

Malditos anuncios de Zona de Anotación.

Dejó las maletas al lado de recepción.

El recepcionista, un veinteañero oriental con pinta de estudioso, lo saludó atentamente sin reconocerlo.

Castora le dio un codazo en las costillas y señaló el bar con la cabeza.

—Admiradores —dijo ella como si él no se hubiera fijado en los dos tios que acababan de apartarse de la multitud y se dirigían hacia ellos.

Ambos eran de mediana edad y tenían sobrepeso.

Uno vestía una camisa hawaiana tensa sobre la prominente barriga.

El otro lucía un gran bigote y llevaba botas vaqueras.

—Ha llegado el momento de que me ponga a trabajar —dijo Castora en voz alta—. Yo me encargaré de ellos.

—No, tú no lo harás. Yo...

—Hola —dijo el de la camisa hawaiana. Espero no molestar, pero mi amigo y yo nos hemos apostado a que eres Justin Bieber.—

Le tendió la mano.

Antes de que Justin pudiera responder, Castora bloqueó el brazo del hombre con su menudo cuerpo, y lo siguiente que supo fue que ella respondía con un acento extranjero que sonaba a una mezcla entre serbocroata e israelí.

—Ach, ese tal Justin Bie-ber ser un hombre muy famoso en América, ¿sí? Mi pobre marido... —colocó la mano sobre el brazo deJustin—, su inglés es mucho, mucho malo, y no comprender. Pero mi inglés es mucho, mucho bueno, ¿sí? Y todas las partes que vamos, muchos hombre como vosotros..., se acercan y dicen que creen que es ese hombre, ese Justin Bie-ber. Pero no, digo, mi marido no es famoso en América, sí es mucho, mucho famoso en nuestro país. Es un famoso... ¿cómo se dice?... por-no-gra-fo.

Justin simplemente sintió que se atragantaba.

Ella frunció el ceño.

—¿Sí? ¿Lo dije bien? Hace películas sucias.

Justin había cambiado tantas veces de identidad que empezaba a perder la cuenta.

Bueno, Castora merecía su apoyo por todo ese trabajo arduo —tan mal enfocado—, así que borró la sonrisa de la cara e intentó simular que no sabía inglés.

Había dejado tan flipados a los hinchas que los pobres no sabían como salir del atolladero.

—Nosotros... esto... bueno... lo sentimos. Pensamos..., y...

—No pasa nada —respondió ella con firmeza—. Ocurre todo el tiempo.

Tropezándose con sus propios pies, los hombres huyeron.

Castora lo miró con aire satisfecho.

—Soy demasiado joven para tener tanto talento. ¿A que te alegras de que haya decidido seguir contigo?

No cabía duda de que era muy creativa, pero dado que tenía que entregarle la VISA al recepcionista todos esos esfuerzos de mantener en secreto su identidad no servían para nada.

—Déme la mejor suite —dijo él—. Y una habitación pequeña junto a los ascensores para mi chiflada acompañante. Si no hay, bastará con un rincón al lado de la máquina del hielo.

El hostal Los Buenos Tiempos había hecho un gran trabajo instruyendo a su personal, y el joven recepcionista apenas parpadeó.

Juego de Seducción.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora