Capitulo 35.

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—Ni hablar. —Apartando el plástico a un lado, miró con atención la sala al tiempo que se oían unos pasos en el piso de arriba.

Se dirigió hacia las escaleras.

Blue sabía que aquello no era asunto suyo, pero en vez de hacerse a un lado y dejar que él resolviera sus problemas a su manera, lo siguió.

—Sólo digo que creo que necesitas calmarte un poco antes de hablar con ella.

—Lárgate.

Justin ya había alcanzado el piso superior con Blue pisándole los talones.

El olor a pintura era todavía más fuerte arriba.

Ella se asomó por un lado de su ancha espalda para poder ver el pasillo de forma irregular.

No había ni una puerta, pero, a diferencia del primer piso, esta zona ya había sido pintada, habían colocados las nuevas lomas de corriente para los apliques de pared y habían pulido los viejos tablones del suelo.

Por encima del hombro de Justin, Blue vislumbró un baño que había sido restaurado con azulejos blancos, un friso de madera, y un lavabo antiguo con grifería de cobre.

La madre de Justin apareció por el recodo del pasillo llevando en la mano un bolso plateado lleno de papeles.

—No lo lamento —lo miró a los ojos con actitud desafiante—. He trabajado más que cualquier ama de llaves corriente.

-Te quiero fuera de aquí —dijo él con una voz fría y acerada que provocó en Blue una mueca de desagrado.

—En cuanto lo deje todo arreglado.

—Ahora. —Avanzó un paso más por el pasillo—. Esto es una chorrada incluso para ti.

—He hecho un buen trabajo.

—Recoge tus cosas.

—No puedo irme ahora. Mañana vendrán los carpinteros a rematar la cocina. Y los electricistas y los pintores. No harán nada si no estoy aquí.

—Ese es problema mío —le espetó.

—Justin , no seas estúpido. Me hospedo en la casita de invitados. Ni siquiera sabrás que estoy aquí.

—No podrías pasar desapercibida ni aunque lo intentaras. Ahora recoge tus cosas y vete de aquí. —

Pasó junto a Blue y se dirigió a las escaleras.

La mujer lo siguió con la mirada.

Mantenía la cabeza alta y los hombros rectos, pero de repente la situación pareció superarla.

El bolso se le cayó de las manos.

Se inclinó para recogerlo y al momento estaba sentada en el suelo con la espalda apoyada en la pared.

No hizo nada dramático como llorar, pero parecía tan triste que a Blue se le partió el corazón.

La mujer se rodeó las rodillas con los brazos, los anillos de plata brillaron en los delgados dedos.

—Quería crear un hogar para él. Aunque sólo fuera una vez.

La madre de Blue nunca habría pensado en nada así.

Virginia Bailey dominaba a la perfección los tratados de desarme nuclear y los acuerdos económicos internacionales, pero no sabía nada sobre crear hogares.

—¿No te parece que ya es mayorcito para hacerlo él sólo? —le dijo Blue con suavidad.

—Sí. Ya es todo un hombrecito. —Las puntas desfiladas de su pelo caían sobre el encaje de ganchillo del suéter—. Pero no soy una persona horrible. Ya no.

—No me pareces horrible.

—Supongo que piensas que no debería haber hecho esto, pero, como puedes ver, no tenía nada que perder.

—Bueno, ocultar tu identidad no es precisamente la mejor manera de lograr una reconciliación. Si es eso lo que andas buscando.

La mujer acercó más las rodillas al pecho.

—Es demasiado tarde para eso. Sólo quería que tuviera un buen hogar en este lugar, luego me marcharía antes de que él descubriera quién era realmente la señora O'Hara. —Con una risita avergonzada, levantó la cabeza—. Soy April Mallette. Aún no me había presentado. Esto debe ser muy embarazoso para ti.

—No tanto como debiera. Siento una malsana curiosidad por la vida de otras personas. —Observó que las pálidas mejillas de April recuperaban algo de color, así que siguió hablando—. Lo cierto es que aunque no compre las revistas del corazón, si entro en una lavandería y veo una, me abalanzo sobre ella.

April soltó una risa temblorosa.

—A todos nos gusta cotillear sobre la vida de otras personas, ¿verdad?

Blue sonrió.

—¿Quieres que te traiga algo de beber? ¿Una taza de té? ¿Un refresco ?

—Preferiría que te quedaras aquí conmigo y me hicieras compañía un rato, Echo de menos hablar con mujeres. Los hombres que trabajan aquí son buena gente, pero no dejan de ser hombres.

Blue tuvo la impresión de que April no pedía nada con facilidad.

La entendía.

El olor de la madera recién cortada subía por las escaleras cuando se sentó en el suelo enfrente de April y buscó un tema neutral.

—Me encanta lo que has hecho aquí.

—Intenté rescatar la escencia de la casa sin que por ello dejara de ser cómoda. Justin es muy inquieto. Quería que aquí pudiera relajarse. —Soltó una risita ahogada—. Supongo que lo único que he conseguido es todo lo contrario.

—Justin es muy exigente.

—Lo heredó de mí.

Blue pasó las manos por las viejas tablas del suelo, ahora pulidas.

Bajo la luz del sol, brillaban como la miel.

—Has hecho un buen trabajo.

Juego de Seducción.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora