Capitulo 39.

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Una rama rozó una de las ventanas.

Se oyó un susurro en la chimenea.

Ella se imaginó a un montón de murciélagos preparándose para entrar por la boca de la chimenea.

«¿Dónde estaba Justin? ¿Y por qué no había puertas en ese lugar?»

Deseó haberse ido a la casita de invitados con April, pero no la había invitado.

Quizá Blue había sido un poco brusca con ella, pero le había proporcionado a la madre de Justin algo de tiempo, que era más de lo que April habría logrado para sí misma.

Era una belleza débil, después de todo.

Blue intentó sentir autocompasión, pero no podía mentirse a sí misma.

Se había metido donde no la llamaban.

Por otro lado, ocuparse de los problemas de los demás la había hecho olvidarse de sus propias preocupaciones.

Una tabla del suelo rechinó.

Gimió la chimenea.

Agarró el mango de la lámpara portátil y clavó la vista en el marco sin puerta.

Pasaron los minutos.

Poco a poco, fue relajándose y se sumergió en un sueño inquieto.

La despertó el ominoso rechinar de una tabla del suelo.

Abrió los ojos y vio que una sombra amenazadora se cernía sobre ella.

Agarró la lámpara portátil, la sacó con rapidez de debajo de las mantas y atizó a la sombra con ella.

—¡Joder! —Un rugido familiar resonó en la quietud de la noche.

Blue encontró el interruptor con los dedos.

De puro milagro no te había roto la bombilla protegida por la rejilla de plástico, y la luz mundo la habitación.

Un millonario quarterback muy enfadado se cernía sobre ella.

Estaba sin camisa, furioso y se restregaba el brazo por encima del codo.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo?

Ella se incorporó con rapidez sobre las almohadas, agarrando la lámpara con fuerza.

—¿Yo? Eres tú el que entraste a hurtadillas...

—Es mi casa. Te lo juro por Dios, como me hayas lastimado el brazo de lanzar...

—¡Bloqueé la puerta! ¿Cómo has podido entrar con la escalera delante?

—¿Que cómo he podido entrar? Has iluminado este lugar como un jodido árbol de Navidad.

Ella no era tan estúpida como para mencionar las sombras amenazadoras y las ventanas que la miraban fijamente.

—Solo dos lucecitas en el cuarto de baño.

—Y en la cocina. —Le arrebató la lámpara portátil de las manos—. Dame eso y deja de comportarte como una gallina.

—Para ti es fácil decirlo. No te han atacado mientras dormías como un tronco.

—Yo no te he atacado. —Apagó la lámpara portátil, dejando la habitación sumida en la oscuridad.

Ese imbécil insensible incluso había apagado la luz del cuarto de baño.

Oyó el frufrú de la tela al deslizarse cuando él se quitó los vaqueros.

Blue se puso de rodillas.

—¿No estarás pensando en dormir aquí?

—Ésta es mi habitación, y ésta es la única cama con sábanas.

—Una cama que estoy usando yo.

—Ahora tienes compañía. —Se subió a la cama y se metió entre las sábanas.

Ella aspiró profundamente y se recordó a sí misma que él era demasiado engreído para atacarla.

Si buscaba otro lugar para dormir la haría parecer débil.

No podía demostrar debilidad.

Juego de Seducción.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora