—¿De qué tengo que avisarte?
—Pareces un anuncio porno para gays.
—Y tú pareces hecha un desastre.
—Exacto, por eso quiero darme un baño. —Se dirigió hacia su bolsa que él había dejado en una esquina.
Abrió la cremallera y cogió ropa limpia.
—¿Puedes vigilar el pasillo mientras me ducho?
—¿Y por qué mejor no me ducho contigo? —Parecía más una orden que una sugerencia.
—Increíble —dijo ella—. Creía que una superestrella como tú estaría dispuesta a ayudar a una pastorcilla como yo.
—Pues ya ves, así soy yo.
—Está bien, olvídalo. —Agarró sus ropas, una toalla y algunos artículos de tocador y se metió en el cuarto de baño.
En cuanto estuvo absolutamente segura de que él no iba a colarse en la ducha, se enjabonó el pelo y se afeitó las piernas.
Justin aún no sabía que su madre no se estaba muriendo de verdad, pero parecía más beligerante que triste.
No importaba lo que April le hubiera hecho.
Era demasiado frío.
Se puso unos pantalones cortos de ciclista, limpios pero descoloridos, una enorme camiseta de camuflaje y unas chanclas.
Después de secarse el pelo rápidamente con su secador, se lo recogió en una coleta con un elástico rojo.
Los rizos más cortos se negaron a cooperar y cayeron sobre su cuello.
Por consideración a April, se habría puesto brillo en los labios y rímel si no hubiera perdido los cosméticos tres días antes.
Al bajar la escalera, vio a un electricista subido a una escalera de mano en el comedor arreglando una lámpara de araña antigua.
Habían retirado el plástico de la entrada de la sala y Justin estaba dentro, hablando con el carpintero que se ocupaba de las molduras.
Justin debía haberse duchado en otro baño porque tenía el pelo húmedo se le comenzaba a rizar.
Llevaba unos vaqueros y una camiseta blanca.
La sala se extendía hasta el fondo de la casa y tenía una chimenea más grande que la del dormitorio principal.
Una nueva puerta corredera daba hacia lo que parecía una capa de cemento recién vertido en la parte trasera de la casa.
Se dirigió a la cocina.
La noche anterior estaba demasiado asustada para apreciar todo lo que April había hecho allí, pero ahora se detuvo en la puerta para asimilarlo.
Los electrodomésticos antiguos combinados con nostálgicos muebles de cocina blancos y los tiradores de cerámica en color rojo cereza la transportaron a los años cuarenta.
Imaginó a una mujer con un vestido suelto de algodón y el pelo recogido púlcramente en la nuca, pelando patatas sobre el fregadero mientras Las hermanas Andrews cantaban a coro «Don't Sit Under the Apple Tree» por la radio.
La gran nevera blanca de bordes redondeados era posiblemente una imitación, la cocina de esmalte blanco, con un horno doble y un estante metálico por encima de los quemadores para colocar los botes de sal, pimienta o tal vez una jarra llena de flores silvestres.
Aún no habían colocado la encimera y las alacenas de madera contrachapada no eran originales, pero sí bellas imitaciones.
El suelo ajedrezado de color blanco y negro también era nuevo.
En una de las paredes habían pegado una muestra con los colores que se pondrían finalmente en la cocina: paredes amarillo pálido, alacenas blancas y tiradores en color rojo cereza.
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Juego de Seducción.
RomanceSrta. Bailey... Usted estará en mi cama... Por siempre. -Sr. Bieber... ¿ y si usted cae en la mía y se enamora primero? -Do you love me? -Yes... -Game Over.
