Capitulo 25.

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—¿Estás bromeando, no?

—La verdad lisa y llana es que me siento más cómoda con perdedores como Monty, y no tengo intención de volver a cometer ese error. Si me acostase contigo... y créeme llevo horas y horas pensándolo detenidamente...


—Nos conocemos hace sólo ocho horas.


—No tengo tetas y no soy guapa. Si nos enrolláramos, sabría que sólo me estás utilizando porque soy lo único que tienes a mano y eso me haría sentir muy mal. No quiero tener que volver a pasar por otra depresión, y, francamente, estoy harta de perder el tiempo en instituciones mentales.


La sonrisa de Justin fue calculadora.

—¿Alguna cosa más?

Ella cogió su bloc junto con la cerveza.

—Eso es todo, eres un hombre que vive para que lo adoren y yo no sirvo para adorar a nadie.


—¿Quién te ha dicho que no eres guapa?

—Oh, no importa. Tengo tanto carácter que si añadimos belleza al cóctel sería demasiado. Sinceramente, hasta esta noche, no había pensado en ello. Bueno, salvo por Jason Stanhope, pero eso fue en séptimo.


—Ya veo. —Seguía pareciendo divertido.

Con aire despreocupado, _____ se dirigió a la puerta y La abrió.

—Mira el lado bueno, piensa que te has escapado por los pelos.

—Lo que pienso es que estoy cachondo.

—Por eso las habitaciones de los hoteles disponen de tele por cable. Seguro que encuentras algún canal porno. —Cerró la puerta con rapidez y suspiró con fuerza.


El truco para ir por delante de Justin Bieber era mantenerse fuera de su alcance, pero conseguir hacerlo hasta Kansas City no iba a ser fácil, como tampoco sería fácil saber lo que haría cuando estuviera allí.

Castora debió de trasnochar porque tenía el dibujo listo a la mañana siguiente.


Esperó hasta que hicieron una parada en el autoservicio de una gasolinera de Kansas para dárselo.

Justin se quedo mirándolo fijamente.

No era de extrañar que estuviera en la ruina.

Castora contuvo un bostezo.


—Si hubiera tenido más tiempo te lo hubiera hecho en pastel.


Considerando el estropicio que había hecho con el lápiz, casi mejor no.


Había dibujado su cara, pero sus rasgos estaban distorsionados: los ojos demasiado separados, el nacimiento del pelo retrasado unos cinco centímetros y le había endosado algunos kilos de más, lo que le hacía un hombre mofletudo.


Peor aún, ella había reducido el tamaño de su nariz hasta que parecía aplastada contra la cara.

Rara vez se quedaba sin palabras, pero el dibujo lo había dejado sin habla.


Ella le dio un mordisco a un donut de chocolate.

-Alucinas, ¿verdad? Cómo habría cambiado tu vida si ésa fuera tu cara de verdad.

Fue cuando se dio cuenta de que quizás Castora lo había hecho mal a propósito.

Aunque parecía más pensativa que satisfecha.

Juego de Seducción.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora