Capitulo 65.

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La pequeña casa de invitados se asentaba detrás de una cerca de estacas desvencijadas.

Las agujas de los pinos cubrían el tejado de cinc, y cuatro pilares de madera sostenían el deteriorado porche.

La pintura que una vez había sido blanca se había vuelto gris, y las contraventanas se habían quedado de un verde descolorido.

—¿Vives aquí? —preguntó Riley.

—Sólo durante un par de meses —contestó April—. Tengo un apartamento en Los Ángeles.

Cuando Blue vio el Saab plateado con matrícula de California que había aparcado a la sombra al lado de la casa, supuso que lo de ser estilista de moda estaba muy bien pagado.

—¿No tienes miedo por la noche? —continuó Riley—. ¿Y si aparece un secuestrador o un asesino en serie?

April las guió hasta el porche de madera chirriante.

—Ya hay suficientes cosas en la vida de las que preocuparse. Y los asesinos en serie no suelen molestarse en venir hasta aquí.

Las condujo por el porche.

Se había soltado una tabla de la puerta.

April no la había cerrado y entraron en la sala, que tenía el suelo de madera y dos ventanas con cortinas de encaje.

Parches de luz se filtraban por las ventanas iluminando el empapelado azul y rosa de la pared y los cuadros que allí colgaban.

La habitación tenía pocos muebles: un sofá con cojines, una cómoda con tres cajones, y una mesa con una vieja lámpara de latón, una botella de agua vacía, un libro y un montón de revistas de moda.

—Hubo inquilinos aquí hasta hace seis meses —dijo April—. Me instalé en cuanto la limpiaron. —Se dirigió a la cocina que se veía al fondo—. Husmeen  lo que quieran mientras voy a buscar mi bloc.

No había demasiado que ver, pero Blue y Riley curiosearon en los dos dormitorios.

El más grande tenía una encantadora cama con un cabecero de hierro esmaltado en blanco.

Había un par de lámparas rosas en un tocador antiguo a juego con las mesillas.

April había adornado la cama con un montón de cojines y un cubrecama color lavanda combinado con los ramilletes de flores del empapelado pálido.

Con una alfombra y algunos adornos más, la habitación podría haber aparecido en cualquier revista de mercadillos.

El cuarto de baño con toallas verde mar no era tan encantador; ni tampoco la cocina, que tenía la encimera gastada y un suelo de linóleo imitando losetas rojas.

Aun así, el frutero de mimbre con peras y el jarrón de barro lleno de flores sobre la mesa daban un toque hogareño.

April entró en la cocina tras ellas.

—No encuentro mi bloc por ningún lado. He debido dejarlo en la casa. Riley, hay una manta en el armario del dormitorio, ¿puedes ir por ella? Así podremos sentarnos junto al estanque. Llevaré también té helado.

Riley fue a por la manta mientras April vertía té helado en tres vasos azules.

Los llevaron fuera.

Detrás de la casita, el estanque brillaba bajo el sol, y se reflejaban en él los sauces que rodeaban la orilla.

Las libélulas zumbaban sobre el agua, y una familia de patos nadaba cerca de un árbol caído que formaba un embarcadero natural.

Juego de Seducción.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora