Capitulo 33.

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La granja era parte del valle.

Justin y Blue llegaron al atardecer, cuando los últimos rayos de sol teñían las nubes de un tono entre naranja y amarillo y las colinas circundantes se llenaban de sombras como si fueran los volantes de la falda de una bailarina de cancán.

Un camino curvo y lleno de baches conducía a la casa.

Cuando Blue la tuvo ante sus ojos, todas las preocupaciones desaparecieron de su mente.

La casa grande y deteriorada por el tiempo hablaba de las raíces de América; de sembrar y cosechar, del pavo del Día de Acción de Gracias y de la limonada del Cuatro de Julio, de campesinas desgranando guisantes en cacerolas blancas, y de hombres sacudiéndose las botas llenas de barro en la puerta trasera antes de entrar.

La parte más antigua y extensa de la casa estaba construida en piedra con un amplio porche delantero y ventanas de guillotina.

Había un añadido posterior de madera a la derecha.

El tejado bajo tenía aleros, chimeneas y tejas.

No había sido una granja pobre, sino una muy próspera.

Blue dirigió la mirada a los enormes árboles y al patio con la hierba crecida, al granero, a los campos y los pastos.

No podía imaginar a una estrella de la gran ciudad como Justin viviendo allí.

Lo observó dirigirse al granero con largas zancadas, con la gracia de un hombre a gusto con su cuerpo, luego volvió a centrar la atención en la casa.

Le hubiera gustado llegar allí en unas circunstancias diferentes para poder disfrutar de ese lugar, pero el aislamiento de la granja hacía la situación más difícil.

Quizá podría encontrar trabajo en una de las cuadrillas de la casa.

O buscar algo en el pueblo cercano, aunque aquel lugar no era más que un punto en el mapa.

Bueno, sólo necesitaba unos cientos de dólares.

En cuanto los tuviera, se dirigiría a Nashville, buscaría una habitación barata, imprimiría unos cuantos folletos y empezaría una vez más.

Pero lo primero y más importante era conseguir que Justin la dejara quedarse allí mientras volvía a reconstruir su vida.

No se hacía ilusiones sobre por qué la había llevado a la granja.

Suponía que al no lograr quitarle la ropa la primera noche, ella se había convertido en un reto para él..., un reto que olvidaría en cuanto una de las bellezas locales llamara su atención.

En definitiva, tenía que encontrar la manera de ser útil para él.

Justo en ese momento, se abrió la puerta principal y salió una de las más asombrosas criaturas que Blue hubiera visto nunca.

Una amazona alta y delgada, con una cara llamativa, cuadrada y alargada, y una larga melena rubia con un corte en capas.

A Blue le recordó las fotos de las grandes modelos del pasado, mujeres que estaban de moda en los años sesenta y setenta como Verushka, Jean Shrimpton o Fleur Savagar.

Esta mujer tenía una presencia similar.

Los ojos azules humo llamaban la atención en esa cara con la mandíbula cuadrada, casi masculina.

Cuando la mujer llegó al escalón superior, Blue vio las débiles líneas que rodeaban esa boca ancha y sensual, y se dio cuenta de que no era tan joven como había pensado al principio, aparentaba algo más de cuarenta años.

Los ceñidos vaqueros dejaban a la vista los huesos de las caderas, afilados como cuchillas.

Los estratégicos rasgones de los muslos y las rodillas no eran fruto del desgaste, sino del ojo calculador de un diseñador.

Unos hilos plateados ribeteaban los tirantes de ante de un suéter de ganchillo en color melón.

Las sandalias de cuero tenían adornos de flores.

Su apariencia era a la vez descuidada y elegante.

¿Sería modelo?, ¿actriz? Era probable que fuera una de las novias de Justin.

Con esa espectacular belleza, la diferencia de edad era poco significativa.

Aunque a Blue no le intereresaba la moda, en ese momento fue muy consciente de sus abolsados vaqueros y su enorme camiseta, y de su cabello despeinado que necesitaba con urgencia un buen corte.

Juego de Seducción.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora