Cuando él llegó a su habitación, encendió la televisión para ver el partido de los Bulls, se quitó las botas y desempacó sus cosas.
Tenía tantos dibujos, retratos y fotos de sí mismo que no sabía ya qué hacer con ellos, pero ésa no era la cuestión.
Cogió del minibar una cerveza y una bolsita de cacahuetes.
Annabelle le había sugerido en una ocasión que mostrara a la gente algo del glamour que se suponía había heredado de su madre, y él le había dicho que no metiera las narices en sus asuntos.
No dejaba que nadie se entrometiera en esa complicada relación.
Se tumbó en la cama en vaqueros y camisa blanca, una auténtica camisa blanca de Marc Jacobs diseñada por PR que le habían enviado un par de semanas antes.
Los Bulls pidieron tiempo muerto.
Otra noche, otro hotel.
Poseía dos apartamentos en Chicago, uno no muy lejos del lago y otro en la zona oeste, junto a las oficinas de los Stars por si no tenía ganas de lidiar con el tráfico al atravesar la ciudad.
Pero como había crecido en montones de habitaciones de Internados, no consideraba ningún sitio como su hogar.
«Gracias, mamá».
La granja de Tennessee tenía su propia historia y raíces profundas, justo lo que a él le faltaba.
Bueno, normalmente no era tan impulsivo y había tenido sus dudas sobre comprar un lugar tan alejado del océano.
Ser propietario de una casa con cien acres hacía pensar en algo permanente, algo que él jamás había experimentado y a lo mejor no estaba preparado.
Tenía que pensar en ella como en una casa de vacaciones.
Y si no le gustaba, siempre podía venderla.
Oyó el agua de la ducha de la habitación de al lado.
En la tele salió un anuncio de un telefilm sobre la muerte de la cantante de country Marli Moffatt.
Pasaron imágenes de Marli y Jack Patriot saliendo de una capilla de Reno.
Le dio al botón de silencio del mando.
Estaba deseando tener a Castora desnuda esa noche.
El no haber estado nunca con alguien como ella hacía que las perspectivas fueran aún más interesantes.
Se metió un puñado de cacahuetes en la boca y se recordó a sí mismo que hacía años que había dejado los rollos de una sola noche.
La idea de acabar como su madre —alguien que se pasaba el tiempo dándole a la coca hasta el punto de olvidar que tenía un hijo— era demasiado deprimente, así que se limitaba a tener relaciones cortas, relaciones que duraban entre unas semanas y un par de meses.
Pero en ese momento estaba a punto de violar la norma principal de toda una década de relaciones informales y no sentía remordimientos.
Castora no era precisamente una groupie.
Aunque sólo habían estado juntos un día, y a pesar de esa tendencia que tenía de mangonearlo, tenían una verdadera relación, Unas interesantes conversaciones, habían compartido comidas y tenían gustos similares en música.
Y lo que era más importante aún, Castora no amenazaba de ninguna manera su soltería.
El último cuarto del partido de los Bulls acababa de empezar cuando sonó un golpe en la puerta.
Tenía que dejar bien claro quién llevaba la voz cantante.
—Estoy desnudo —gritó.
Mejor aún, hace años que no pinto a un adulto desnudo.
Me vendrá bien para practicar.
No había picado.
Sonrió y soltó el mando.
—No te lo tomes como algo personal, pero la idea de estar desnudo delante de una mujer es francamente repulsiva.
—Soy una profesional. Imagina que soy tu médico. Puedes taparte tus partes si te sientes incómodo.
Justin sonrió abiertamente. «Sus partes.»
—O mejor todavía, esperemos hasta mañana, entonces ya habrás tenido tiempo de hacerte a la idea.
Fin del juego.
Tomó un trago de cerveza.
—Está bien. Me pondré algo encima. —Se desabrochó los botones de la camisa y observó cómo el nuevo base de los Bulls perdía un pase antes de apagar la tele y cruzar la habitación para abrir la puerta. —
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Juego de Seducción.
RomansaSrta. Bailey... Usted estará en mi cama... Por siempre. -Sr. Bieber... ¿ y si usted cae en la mía y se enamora primero? -Do you love me? -Yes... -Game Over.
