-Mi administradora me ha asegurado que la señora O'Hara es estupenda, pero estoy hasta las narices de comunicarme por ínternet. Me gustaría que, aunque sólo fuera por una vez, esa mujer cogiera el maldito teléfono. -Siguió revisando sus mensajes.
Blue quería saber más cosas de él.
-Si vives en Chicago, ¿cómo has terminado comprando una casa en Tennessee?
-Pasé por allí con algunos amigos el verano pasado. Había estado buscando algo en la costa oeste, pero vi la granja y la compré.-Colocó la BlackBerry encima de la mesa-.Está en medio del valle más hermoso que he visto nunca. Es un lugar muy privado. Tiene un estanque y un granero con establos, lo que me viene muy bien pues siempre he querido tener caballos. La casa necesita algunas reformas, así que la administradora buscó a un contratista y contrató a la señora O'Hara para supervisarlo todo.
-Si tuviera una casa, me ocuparía de ella personalmente.
-No puedo quejarme. Le envío fotos por correo con muestras de pintura. Tiene un gran gusto y me guío mucho por sus ideas.
-Aun así, no es lo mismo que estar allí.
-Exacto, por eso he decidido hacerle una visita sorpresa. -Abrió otro correo electrónico, frunció el ceño y sacó el móvil. Unos momentos después, tenía a su presa al teléfono-. Heathcliff, he recibido tu e-mail, y no quiero hacer ese anuncio de colonia. Después del asunto de Zona de Anotación, esperaba mantenerme alejado de toda esa mierda. -Se levantó y se alejó dos pasos de la mesa-. Puede que alguna bebida deportiva o... -Se interrumpió. Segundos después, su boca se curvaba en una lenta sonrisa-. ¿Tanto? Joder. Tener esta cara bonita es como abrir una caja registradora.
Fuera lo que fuese lo que le contestó la otra persona hizo reír a Justin; un sonido ronco y muy masculino.
Él apoyó una de las botas en un tocón.
-De acuerdo. Mi peluquero odia que me retrase, y tengo que ponerme reflejos. Dales besos a tus pequeños diablillos. Y dile a tu esposa que la invito a lo que sea cuando regrese. Sólo Annabelle y yo. -Con una risita satisfecha, cerró el teléfono y se lo metió en el bolsillo-. Era mi agente.
-Me encantaría tener un agente -dijo Blue -. Así podría hablar de mí por ahí. Pero supongo que no soy el tipo de persona que interesaría a un agente.
-Seguro que tienes otras cualidades.
-Cientos -dijo ella sombríamente.
Justin tomó la interestatal tan pronto como se incorporaron a la carretera.
Blue se percató de que se estaba mordiendo la uña del pulgar y con rapidez dejó las manos en el regazo.
Él conducía muy rápido, pero mantenía la mano firme sobre el volante, tal como a ella le gustaba conducir.
-¿Dónde quieres que te deje? -preguntó él.
Ahí estaba la pregunta que había estado temiendo todo el rato.
Fingió considerar la idea.
-Por desgracia no hay ciudades demasiado grandes entre Denver y Kansas City. Supongo que Kansas City servirá.
Justin le dirigió una de esas miradas de «¿a quién crees que estás engañando?».
-Estaba pensando en la próxima gasolinera.
Ella tragó saliva.
-Pero eres el tipo de persona que disfruta con la compañía, y te aburrirás si viajas solo. Yo puedo entretenerte.
Los ojos de Justin bajaron a sus pechos.
-¿A qué clase de entretenimiento te refieres exactamente?
-Juegos para viajes -dijo ella con rapidez-. Conozco un montón, -Él bufó, y ella siguió hablando muy deprisa-. Además soy una gran conversadora, y puedo librarte de los admiradores. Evitaré que todas esas mujeres pierdan el tiempo lanzándose sobre ti.
Sus ojos grises azulados destellaron, pero ella no supo si fue por irritación o por diversión.
-Me lo pensaré -dijo él.
Para sorpresa de Justin, Castora continuaba en el coche cuando esa noche abandonó la interestatal en algún lugar al oeste de Kansas para seguir las indicaciones de un cartel que llevaba al hostal Los Buenos Tiempo.
Ella se incorporó cuando él entraba en el aparcamiento.
Mientras había estado dormida, Justin había tenido tiempo de sobra para observar el tamaño y movimiento de los pechos ocultos por la camiseta.
La mayoría de la mujeres con las que pasaba el tiempo se los habían aumentado hasta cuatro veces el tamaño original. Pero Castora no era una de ellas.
Conocía a tíos que les gustaban así -caramba, él había sido uno de ellos-, pero hacía mucho tiempo que Annabelle Granger Champion le había aguado la diversión.
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Juego de Seducción.
RomansaSrta. Bailey... Usted estará en mi cama... Por siempre. -Sr. Bieber... ¿ y si usted cae en la mía y se enamora primero? -Do you love me? -Yes... -Game Over.
