Mientras el conductor se alejaba, Justin metió los pulgares en los bolsillos traseros y examinó el carromato como si se tratara de un coche nuevo y reluciente.
Ella no le esperó para subir la escalerilla y abrir la puerta.
El interior de color rojo oscuro era tan mágico como el exterior.
Los mismos unicornios que bailaban entre las vides y flores del exterior decoraban cada superficie de las vigas que sostenían el techo curvo, los costales de madera, y las paredes.
En la parte posterior del carromato, se había apartado a un lado una cortina de raso adornada con ribetes y flecos, dejando a la vista una cama que a Blue le recordó la litera de un barco.
En el lado izquierdo había una litera alta con un armario de doble puerta debajo.
Los muebles pequeños, envueltos en papel de estraza, habían sido depositados en el suelo.
El carromato tenía dos ventanas diminutas, una en el centro de la pared lateral donde estaba la mesa, y otra sobre la cama de atrás.
Ambas tenían cortinas blancas de encaje con dibujos de casas de muñecas, y estaban recogidas con un cordón trenzado de color púrpura.
Sobre un rodapié, un conejo moteado comía una sabrosa zanahoria.
Era tan acogedor, tan absolutamente perfecto, que a Blue le habrían dado ganas de llorar, si no se hubiera olvidado de cómo se hacía.
Justin entró detrás de ella y miró alrededor.
—Increíble.
—Debe de haberte costado una fortuna.
—Hizo un buen trato.
No hacía falta preguntar quién.
Solo el centro del carromato tenía la altura suficiente para que Justin pudiera mantenerse completamente erguido.
Comenzó a desenvolver una mesa de madera.
—Hay un tío en Nashville que está especializado en restaurar este tipo de caravana gitana. Así es como las llaman. Al parecer algún ricachón se echó atrás después de encargarla.
Caravana gitana.
Le gustaba el nombre.
Sugería algo exótico.
—¿Cómo te convenció April para comprarla?
—Me dijo que sería un buen lugar para acomodar a los invitados que bebieran demasiado. Además, algunos de mis amigos tienen niños, y pensé que sería entretenido para ellos.
—Ya veo, y decidiste añadirla a tu colección. La única caravana gitana de los alrededores y todo eso.
Él no lo negó.
Ella pasó la mano por las paredes.
—Hay muchas serigrafías, pero casi todo está hecho a mano. Es un buen trabajo.
Justin comenzó a curiosear, abrió las puertas de la alacena y los cajones, y examinó un aplique de hierro forjado con forma de caballito de mar.
—Tiene tomas eléctricas, así que podremos tener luz. Tengo que decírselo al electricista.
Blue quería quedarse un rato más, pero él mantuvo la puerta abierta para ella, lo que la obligó a seguirlo al jardín delantero.
El electricista estaba en cuclillas ante una caja de conexiones, en la radio que tenía al lado sonaba una vieja canción de Five for Fighting.
April estaba a unos metros, con un bloc de notas, estudiando las losas que se colocarían en la parte posterior de la casa.
La canción de Five for Fighting terminó y comenzó a sonar «Adiós, hasta luego», una de las baladas de Jack Patriot.
Los pasos de Justin vacilaron, el cambio de ritmo fue tan sutil que Blue no se habría fijado si April no hubiera levantado la cabeza de golpe al mismo tiempo.
Cerró el bloc.
ESTÁS LEYENDO
Juego de Seducción.
RomanceSrta. Bailey... Usted estará en mi cama... Por siempre. -Sr. Bieber... ¿ y si usted cae en la mía y se enamora primero? -Do you love me? -Yes... -Game Over.
