El sueño de toda su vida era obtener una maestría en el extranjero, en cualquier país. El conocer la cultura asiática en especial la coreana, la dejó fascinada y desde ese instante se convirtió en su meta a seguir. Nunca se imaginó que allá se enco...
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Capítulo 20
Seguimos jugando un rato más y entre rato comíamos algo y seguíamos jugando. Cuando ya no podíamos poner un pie sin caer, dijimos ya no más. Literalmente nos rodábamos en el piso de la risa al ver que uno se levantaba y si no podía ponerse de pie se llevaba consigo a otra persona. Otros como el panda optaban por gatear o lo que sea que era lo que intentaba hacer.
—Ely...—Ji estaba más cariñoso de lo normal. Entre rato y rato me daba besos en mi cuello y otras ocasiones me robaba besos.
—Ji...compórtate—él sonría como un niño travieso.
Él giró mi rostro y me robó un beso, el cual empezó lento y suave para luego convertirse en algo sensual y erótico. Primero daba pequeños mordiscos en mis labios, luego los calmaba pasando la punta de su lengua delineando mis labios y luego con la misma pidió permiso para entrar a mi boca y por supuesto que le concedí el permiso. Su lengua entró ansiosa dentro de mi boca, sus movimientos eran lentos explorando y adueñándose del lugar, mi lengua no se quedó quieta y empezó a jugar con la de él. Coloqué mis brazos alrededor de su cuello y él me daba pequeñas caricias en mi cuello y brazos.
El beso poco a poco fue bajando la intensidad. Nos separamos algo agitados y sentía mis mejillas arder. Sus ojos brillaban con intensidad, me sonrió y luego se mordió los labios. ¡Santo Dios! ¿Acaso este hombre me quería matar? Esta vez fui yo quien atacó sus labios. Las manos de él se movieron por mis brazos para luego posarse en mi cadera y luego rozar levemente la piel que se iba exponiendo a medida que alzaba mi blusa.
—Será mejor que nos detengamos...—le dije algo agitada luego de que nos separamos. Él parecía algo renuente porque empezó a repartir besos por mi cuello.
Por mi mente vino el vago pensamiento que no estábamos solos y a pesar de que mis amigos estaban lo suficientemente intoxicados por el alcohol no iba a darles un show gratuito.
—Ji...—lo escuché suspirar.
—Lo sé...—lo miré algo apenada.
—Yo...Mmm...—él me sonrió.
—No tienes por qué sentirte presionada. Estamos bajo el efecto del alcohol...—me dio aquella sonrisa coqueta—Además recuerda que cuando eso suceda debemos estar solos...no queremos que nadie escuche tus gritos, ¿o sí?—sentí mis mejillas y orejas arder.
—Pervertido...—escuché su suave risa.
—No puedo caminar sin caerme...—le dije. Él no estaba en mejores condiciones que yo.
—No podemos dormir aquí—lo miré y luego a los chicos, tuve que morderme los labios para no dejar estallar la carcajada que amenazaba con salir de mi boca.
En el sofá se encontraba Tae roncando dando un abrazo de muerte a una botella de cerveza y entre tanto y tanto murmuraba, sonreía y volvía a roncar. Dae estaba bien empiernado con el panda, no sabía dónde empezaba un cuerpo y terminaba el otro. Top estaba desparramado en una silla, su favorita dentro de la casa de Ji, y susurraba "silla mía" y luego "lo siento Ji" y repetía una y otra vez esa frase. Sun yacía tendida en el piso sobre unos almohadones y a su lado estaba una muy dormida Em que entre tanto y tanto se levantaba e intentaba ponerle una camisa a Sun, esta se daba vueltas en el piso y se llevaba consigo a Em.