El sueño de toda su vida era obtener una maestría en el extranjero, en cualquier país. El conocer la cultura asiática en especial la coreana, la dejó fascinada y desde ese instante se convirtió en su meta a seguir. Nunca se imaginó que allá se enco...
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Capítulo 47
Pasamos un par de horas más haciendo el amor hasta que ya no pudimos más. Cuando volví abrir los ojos me saludaron los rayos del sol. Empecé a moverme pero Ji no me dejaba. Su cabeza estaba sobre mi pecho, hasta ese momento empezaba a sentir el ligero peso extra sobre mí. No pude evitar pasar mis dedos por su sedoso cabello.
— ¡No es justo!—me quejé. Tenía en mejores condiciones su cabello que el mío. Era suave al tacto. Lo escuché suspirar y volví a pasar mis dedos y esta vez dejé que mis uñas se arrastraran con delicadeza por su cuero cabelludo y volvió a suspirar.
No sabía cuánto tiempo estuve haciendo eso pero cuando me vine a dar cuenta, me estaba quedando dormida. Me dejé arrastrar por la soñolencia.
La siguiente vez que me desperté me encontraba sola en la cama. Estiré mis brazos y piernas, sentí pequeñas molestias pero las ignoré. El lugar de Ji estaba todavía algo tibio y me percaté que no hace mucho se había levantado.
Hice las sábanas a un lado y con algo de pena me puse de pie desnuda. Busqué por toda la habitación algo que ponerme y recordé que prácticamente habíamos dejado un reguero de ropa por toda la casa.
—Si no te pones algo encima, no respondo de mis actos—escuché una voz a mi espalda y me giré en busca del dueño de esa voz.
—Ji...—le dije mientras me sonrojaba. Me acerqué a la cama y tiré de la sábana y ante la atenta mirada de mi querido novio, la envolví alrededor de mi cuerpo.
Lo vi acercarse y no pude evitar que mi mirada lo recorriera de pies a cabeza. No llevaba camisa y por su cintura tenía una toalla que le cubría hasta las piernas. Él captó mi mirada y sonrió con petulancia y yo bufé por lo bajo.
—Pero que novia más pervertida tengo—me dijo burlón. Le saqué la lengua pero no pude regresarla a su lugar por se vio interceptada por sus dientes.
Lo miré a los ojos y estos resplandecían. Me atrajo hacia él y cuando soltó mi lengua, mis labios se vieron atacados por los suyos. Al colocar mis manos alrededor de su cuello, la sábana que cubría mi desnudez se deslizó por mi cuerpo.
Cuando nuestros pechos chocaron, mis pezones se rozaron con sus pectorales y ambos jadeamos por el contacto. Me hizo retroceder y quedé recostada en la cama. Cuando quise subirme más él cogió mis piernas y las colocó alrededor de su cintura. Quitó su toalla de su cintura y colocó una almohada por debajo de mis glúteos lo que hizo que me elevara lo suficiente como para que la penetración llegara de lleno y hasta el fondo. Ambos jadeamos al contacto.
Los embistes empezaron y yo intentaba moverme pero no podía hacer mucho, así que el mayor esfuerzo lo hacía él. En esta posición la penetración era profunda. El placer empezaba recorrerme, nublando así mis sentidos.