El sueño de toda su vida era obtener una maestría en el extranjero, en cualquier país. El conocer la cultura asiática en especial la coreana, la dejó fascinada y desde ese instante se convirtió en su meta a seguir. Nunca se imaginó que allá se enco...
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Capítulo 59
Había pasado casi una semana desde que había nacido la bebé. Los doctores recomendaban que aún se mantuviera en incubadora. Ely todavía no había despertado. Sus amigos la visitaban a diario. Los chicos de BB le cantaban y le contaban historias de sus comienzos.
La prensa estaba hambrienta por tener noticias de la situación tras el breve descanso de los chicos. Por el momento tenían todo bajo control, inclusive todo lo que rodeaba a Nana. Los chicos aún se preguntaban lo que había hecho el director para hacer que ella se acallara.
—Ely...—susurró Ji mientras acariciaba su rostro con delicadeza. Ya la habían trasladado a una habitación privada. Ya estaba fuera de peligro.
—Por favor despierta, necesito decirte tantas cosas...—le dijo mientras las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas.
—Ji...—escuchó que lo llamaba.
—Ely...Ely...aquí estoy—la vio empezar a removerse en la cama.
—Ji...Ji...—ella pronunciaba su nombre con tanto dolor.
—Ely...por favor...—el chico seguía acariciando su rostro mientras le daba ligeros apretones en su mano y ella le devolvió el gesto.
—Por favor abre tus ojos...—le rogó.
—Siempre dándome órdenes...—le escuchó decir y el corazón del chico empezó a latir con rapidez.
—Ely...—dijo cuando la vio abrir sus ojos.
—Hola...—le dijo ella. La chica sentía la garganta rasposa.
—Agua...—pidió ella y Ji le tendió un vaso con agua.
—Despacio...despacio—le dijo él y ella bebió con avidez.
—Gracias—le dijo una vez que terminó de beber.
El chico dejó a un lado el vaso y se volvió a acercar a la chica. Ella miraba todo a su alrededor y sentía mucha confusión. Su cabeza estaba revuelta por tantas ideas
— ¿Qué ocurrió?—preguntó ella.
—Ely, ¿qué recuerdas?—ella cerró sus ojos y muchos pensamientos confusos inundaron su cerebro. Sintió un leve dolor abdominal y de repente todo tuvo sentido. Sus manos viajaron hacia su vientre plano y jadeó.
—Mi bebé... ¿dónde está mi bebé?—preguntaba fuera de sí.
—Cálmate...la bebé se encuentra bien—le dije mientras tomaba su rostro entre sus manos—Ella está a salvo, está bien—le volvió a decir.
—Ella...ella...—dijo mientras empezaba a calmarse.
—Sí, nuestra pequeña está a salvo—la escuchó suspirar.