La Castigada

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Alex...

Llegamos a casa después de hablar casi por cuatro horas con la policía, explicarles que nadie me secuestro, que me fui por mi propia voluntad, Oliver solo se dedicó a poner absoluto cuidado a todo mi relato, con su gesto de pocos amigos y jefe gruñón, los policías me regañaron, me dijeron que con mi seguridad no se juega, mis guardaespaldas me miraban que me mataban, y por supuesto, David, también estaba con su cara de pocos amigos, en fin, salimos peor que perritos regañados.

- dormiré en la otra habitación - ¿que? No, Oliver no puede estar así de molesto conmigo.

- ¿p pero quien me calentará los pies? - no me mira ni me dice nada.

- buenas noches, Alexandra - sale de la habitación, dejándome absolutamente sola, creo que está vez me pasé, me siento en la cama y escucho el portazo en la otra habitación, jamás había visto tan enojado a Oliver, me cambio y pongo mi pijama, lo dejaré por esta noche, mañana ya se le habrá pasado un poco, Natalie me escribe dice que David está enojado con ella ¡que bien! Ambas estamos castigadas. Me acuesto y trato de conciliar el sueño pero no, nunca llega, doy vueltas en la cama y decido rendirme, no hay forma de dormir sin Oliver a mi lado, tengo algo de sed, así que decido bajar a beber algo, paso por la habitación en la que está Oliver, veo la puerta abierta, no hay nadie, bajo despacio las escaleras y escucho ruidos en la cocina, al acercarme veo que es Oliver está calentando algo, eso es raro, son casi las dos de la madrugada y Oliver tiene ¿hambre? No me muevo de mi sitio cuando sirve en un plato una enorme hamburguesa, vive antojado ahora, pero esto ya es muy raro, Oliver comiendo hamburguesa a las dos de la madrugada, le da un gran mordisco, yo quisiera poder comer una, pero el solo olor me hace dar nauseas.

- se que estas ahí Alexandra - salgo de mi escondite y entro en la cocina, me mira por un segundo y sigue comiendo.

- sentí algo de sed - asiente pero sigue concentrado en la hamburguesa.

- bien - es lo único que dice.

- ¿seguirás así por mucho tiempo? - me atrevo a preguntarle.

- seguiré así, hasta que entiendas, que tu seguridad y la de mi hijo están primero que una puta motocicleta Alexandra, hasta que entiendas, que ya no estas sola, que ya no eres una niña rebelde haciéndo pataletas a sus padres, que ahora serás madre, y que tienes que cuidarte, cuando entiendas eso, volveré a hablar contigo, ahora, con permiso - toma el plato con la hamburguesa y el vaso de soda y sale de la cocina, wow esta muy molesto, ya hasta la sed se me quitó, subo de nuevo las escaleras y escucho la tv en la habitación donde está Oliver, no se si entrar y tratar de hablar con el, o seguir hacia mi habitación, me decido por la segunda, Oliver esta muy molesto y no quiere hablar conmigo.

La noche se me hace eterna, casi a las cinco el sueño llega... Unos ruidos me despiertan de golpe, es Oliver ya esta listo para salir, en su típico traje negro y camisa blanca, se peina y aplica su colonia, me siento y lo observo moverse por toda la habitación, no me mira, ni siquiera se fija en mi, eso duele, pero lo entiendo, el susto que le hice pasar fue muy fuerte.

- no me esperes para cenar - habla dándome la espalda - llegaré tarde - sin más sale de la habitación, las lágrimas no se hacen esperar, ¿así que este es el látigo de la indiferencia? Me levanto y pongo una bata sobre mi cuerpo, bajo a la cocina, Rosa ya está preparando algo, me siento en el taburete y ella me mira.

- buenos días niña Alex - le sonrió.

- hola Rosa - me sirve jugo de naranja, escucho que oliver sale de su estudio, entra en la cocina y le habla a Rosa sin darme un sola mirada.

- Rosa, llegaré tarde, no hagas cena para mi, si algo se ofrece con la señora Anderson me llamas, de lo contrario, no quiero que me molestes ¿de acuerdo? - Rosa solo asiente - bien, con permiso - sale de la cocina y no lo resisto, salgo tras el y antes que llegue a la puerta lo abrazo desde atrás.

Nosotros Somos Los Anderson Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora