9.- ¿BRUJAS?

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Cuando cruzaron la puerta de entrada, Morgana se quedó con la boca abierta. Aquel castillo era realmente impresionante. Nunca en su vida había visto tanto lujo junto pero, como no quería parecer una aldeana inculta, recuperó la compostura y trató de aparentar. Peter se dio cuenta de lo que ella hacía y se le escapó una pequeña risita. Morgana se volvió a él y le miró con cara de "no me descubras", a lo que él le respondió con un guiño y una pequeña sonrisa. Drogo los miró a los dos y se sintió molesto. Veía un atisbo de complicidad entre ellos y eso no le gustaba nada. Iba a decir algo cuando, de pronto, Dorothy apareció en las escaleras.

—Vuestra habitaciones están listas. Si me hacéis el favor de seguirme, os indicaré cuáles son. Así podréis descansar un poco antes de la cena. Supongo que el largo viaje os habrá agotado.

Todo en ella era corrección. Estaba claro que conocía el protocolo y lo pensaba seguir al pie de la letra. Con un gesto de la cabeza les indicó que le siguieran y comenzó a ascender la larga escalinata. Les llevó por un largo pasillo y con un gesto les indicó sus habitaciones a Peter y Nicolae. Más adelante estaban la de Morgana y la de Drogo.

—Espero que descanséis. Si necesitáis algo más, estaré en mi habitación, al final del pasillo.

—Espera —le interrumpió Drogo, a lo que ella se volvió con una gran sonrisa en el rostro —. Me gustaría que suministraras algo de ropa a Morgana.

—¿Pretendes que le de mi ropa a "esa"? —Escuchar esa petición le cambió la cara completamente mandando a la mierda todos sus modales.

—SILENCIO. No voy a tolerar un sólo insulto hacia ella. Además, ¿te tengo que recordar quién te ha pagado esa ropa?

Dorothy se quedó muda. Asintió con la cabeza y se retiró a cumplir las órdenes del rey. Morgana todavía estaba alucinada por lo que se volvió a Drogo y le dijo:

—Te agradezco mucho todo lo que haces por mí, pero no es necesario. No quiero que te enemistes con nadie por mi culpa.

Él sonrió y cogiéndola por la cintura le contestó:

—Tranquila, cosita. Mi odio a esa mujer viene de mucho antes. No es culpa tuya. Ahora será mejor que intentes descansar un poco. Luego vendré a ver qué tal te encuentras.

Dicho eso, le dio un suave beso en la frente y se retiró a su habitación.


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En aquel enorme dormitorio, Morgana no paraba de dar vueltas pensando en su situación. Fuera, la tormenta estaba comenzando a ser realmente fuerte por lo que sería un suicidio intentar escapar. Además, la altura de la ventana era considerable y lo más probable es que se matara o, como mínimo, se rompiera algún hueso si intentaba saltar.

Se sobresaltó con un fuerte ruido y se volvió hacia la puerta. Allí estaba Dorothy mirándola con cara de muy pocos amigos. A su lado, una doncella depositaba un montón de ropa encima de la cama. Dorothy le hizo una señal para que se marchara y se volvió hacia ella en actitud desafiante.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Morgana en tono seco. 

No pensaba dejarse intimidar por esa mujer. Sólo era una zorra con aires de grandeza y, aunque ella era una simple huérfana, no iba a permitir que la pisoteara. Contaba con el apoyo de Drogo y eso le bastaba.

Dorothy empezó a dar vueltas alrededor de ella, observándola. De repente le cogió la cara con las manos y le miró fijamente a los ojos. Parecía que quería leer en su interior. Morgana, alarmada por su actitud, le dio un manotazo y se alejó de ella.

—¿Qué pretendes?

—¿Qué te pasa? —preguntó ella con burla —. ¿Aún no has aprendido a bloquear la mente?

—¿De qué narices hablas? —contestó Morgana empezando a enfadarse.

—¿En serio no lo sabes? —La sonrisa de Dorothy se torció de una manera malvada cuando vio la cara de sorpresa de Morgana. —Deberías saberlo, es algo básico en el aprendizaje de toda bruja.

—¿BRUJA?  

Los ojos de Morgana se abrieron como platos provocando de Dorothy estallara en carcajadas.

—Si. Así es. Al igual que yo, tú eres una bruja —le indicó dándole pequeños golpes en el pecho con el dedo.

Morgana intentó recuperar la compostura. Que Dorothy fuera una bruja no le extrañaba pero ¿ella? ¿Cómo iba a ser una bruja? ¿Por qué le decía eso a ella? ¿Acaso era una trampa?

—MIENTES —le gritó alejándose de ella lo que provocó en Dorothy una gran sonrisa.

—No. No miento. Eres una bruja y con un gran poder pero, para tu desgracia, no sabes cómo utilizarlo lo que me confiere una gran ventaja sobre ti. Y ahora, si me lo permites, leeré tu mente.

Dorothy hizo un gesto con la manos consiguiendo que Morgana se quedara totalmente paralizada. Acto seguido, le tomó la cara con las manos y comenzó a leer su mente. Morgana estaba desesperada. No podía moverse y no le hacía ninguna gracia que esa bruja leyera en ella. Se concentró en pensar en banalidades pero todo era inútil. Dorothy sabía muy bien cómo utilizar sus poderes y no pensaba dejar ni un rincón de su mente sin rastrear.

Una vez terminó su lectura, se separó de ella y con otro gesto de su mano hizo que su cuerpo volviera a reaccionar. Con una sonrisa de triunfo en su boca, la examinó de arriba abajo. Morgana estaba realmente incómoda con esa situación. Lo único que esperaba es que no descubriera su secreto, esa horrible maldición, pero la cara de Dorothy le decía que no iba a tener suerte.

—Así que esa es tu verdad —dijo Dorothy tranquilamente —. Pensaba que ibas a ser una rival pero, después de lo que he visto, está claro que tengo todas las de ganar.

—A qué te refieres? —preguntó Morgana nerviosa por la situación

—A que Drogo será mío tarde o temprano, ya que lo que él necesita tú no se lo puedes dar. Disfruta lo que puedas porque no te va a durar.

Dicho eso abandonó la habitación dejando a Morgana totalmente abatida, sintiendo que su cabeza estaba a punto de estallar.

EL REINO PERDIDO. PARTE I (TERMINADA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora