87. El sabor de la sangre

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Emmet pone el collar en mi cuello y de repente hay un silencio absoluto. El cual no me gusta, así que acto seguido, jalo de la piedrita, pero él termina deteniendo mi acción.

—No te preocupes, a esas cosas no se las elimina con piedritas —me aclara —. Solo las callé un rato, creí que no funcionaría, pero viendo tu expresión cálculo que sí.

—No me gusta —Frunzo el ceño —. No lo quiero, quítalo.

—Tranquilo, tarde o temprano volverán. Es lo mismo que las otras piedras, luego dejan de surgir efecto.

Me inclino en aquella cama para sentarme y lo observo enojado al aclararle.

—Puede que me caigan mal, que no me gusten algunos de sus pensamientos e incluso sean irritables esas actitudes posesivas —Agarro el collar de manera abrupta —pero las necesito, no me importa que opinen los demás —Emmet me detiene por segunda vez —y quién se interponga, me las paga —Mis manos hacen chispas de la energía oscura que emanan.

—No las necesitas.

—¡Cállate! —le grito —¡¿Qué sabés tú?! —Presiono los dientes —Tú no entiendes.

—Claro que sí —Mantiene su mano sobre la mía de la cual salen chispas —no quieres estar solo, pero en este momento no lo estás, no las necesitas —repite y la electricidad disminuye.

Bajo la vista confundido.

—No... yo...

—Estoy aquí ¿sabés? —Agarra mi rostro con ambas manos y termina inclinándome hacia el colchón cuando me besa —No me iré, a menos que tú lo quieras así.

Aquí falta un comentario de las voces quejándose porque él está encima de mí.

No me da tiempo a reaccionar que continúa con otro beso, aunque más largo y tendido. Introduce su lengua en mi boca y tengo calor, mucho. Siento que no puedo respirar. De repente, no sé cómo llegamos a esto, pero sus manos pasan bajo mi remera. Viendo mi actitud, al dejarlo hacer, Emmet toca cada parte de mí.

Se inclina un poco para sacarse la chaqueta junto con su camisa, rápido las tira y yo me quedo estático observando sus acciones. Jadeo inquieto cuando me besa otra vez y le correspondo. Lo único que se escucha en la habitación, es el sonido de nuestras respiraciones.

Lame mi cuello y entonces lo percibo enseguida, termina mordiéndolo.

—Ay —Hago un pequeño chillido y cierro los ojos, los abro cuando siento que succiona mi sangre —no... —niego y me trabo en lo que quiero decir.

—Lo siento —se disculpa mientras se relame los labios y veo la excitación que le genera haber bebido ese líquido carmesí.

¿Tan delicioso es el sabor de la sangre? No lo sé, ni creo nunca saberlo, pero lo más raro es que de repente Emmet desaparece, se oye la puerta moverse, pero me sobresalto cuando regresa, se escucha el movimiento de un cajón y luego se pone nuevamente dentro de las mantas. Los vampiros son demasiado extraños ¿A dónde fue? No creo que tenga que ver con la sangre.

Es Nyx #3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora